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¿Por qué me pasa esto a mi?, Julio Reyes

La Biblia nos muestra que todos sufrimos, aun los justos. Por lo tanto, es importante saber que nada sucede por casualidad. Hay un plan de Dios para todo

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Romanos 8:28-29 (RVR 1960): “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.
Amados mientras estemos en este cuerpo mortal el sufrimiento siempre va a venir a nuestras vidas. De una u otra forma vamos a padecer sufrimiento.
Muchas veces cuando enfrentamos momentos difíciles y complicados es muy común escuchar: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Si soy su hijo, por qué permite que sufra? La mayoría, por no decir todos, queremos una respuesta inmediata y una solución pronta.
El sufrimiento es universal, en algún momento de la vida todos experimentaremos el dolor. Jesús y los discípulos también sufrieron. Y no necesariamente el sufrimiento es por causa de nuestro propio pecado o falta de fe.
Pero, ¿qué dice la Biblia sobre el sufrimiento?
La Biblia nos muestra que todos sufrimos, aun los justos. Por lo tanto, es importante saber que nada sucede por casualidad. Hay un plan de Dios para todo.
Cuando nos ocurre algo malo, hay dos opciones: la primera, puedes quedarte ahí tirado cuestionando a Dios, enojarte con Él y luego alejarte.
La segunda, puedes tomar ese sufrimiento como una escuela para formar tu carácter y acercarte más a Dios.
Amados no hay un evangelio fácil y sin dolor como muchos lo pintan y enseñan, por esa razón Jesús dijo que en el mundo tendremos aflicción, pero también dijo que estemos tranquilos que Él jamás nos abandonará. Siempre estará a nuestro lado.
“…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20. RVR 1960).
Lo importante no es cuestionar a Dios, recuerda que todo nos ayuda a bien y que Dios no nos abandona. Por lo tanto, el sufrimiento no es una oportunidad para quejarse, sino para aprender y crecer.
“De modo que, si sufren de la manera que agrada a Dios, sigan haciendo lo correcto y confíenle su vida a Dios, quien los creó, pues él nunca les fallará” (1ª Pedro 4:19. NTV).
Dependamos de Dios y no de nosotros mismos. Tomemos el sufrimiento como una escuela para aprender y consolar a otros y después de que pasemos el dolor, el Señor nos restaurará, fortalecerá y nos afirmará sobre un fundamento sólido.
Que tengas un excelente y bendecido día.

Julio Reyes
Pastor

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