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Primera nota: Línea directa

Muchas personalidades e instituciones manejan, o por lo menos lo hicieron en el pasado reciente, una línea directa de comunicación que no requería de mayor esfuerzo (algo así como la línea del Comisionado con Batman); obvio que el uso del celular pasó a suplantar esa ya obsoleta tecnología. No así la línea directa con Dios, esa siempre ha estado desde que el Señor nos creó, solo que antes la disfrutaban unos pocos privilegiados, pero de Jesucristo a la fecha los privilegiados se han convertido en millones.
La oración es la línea directa con Dios, en el nombre de Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo.
Ninguna experiencia espiritual se compara con la oración, pero en el Nuevo Testamento está muy claro de qué manera deben hacerse. Según las Sagradas Escrituras, Dios no oye ni contesta:
«Vanas repeticiones» (rezos)
• Oraciones hechas sin haber recibido a Cristo como nuestro único Señor y Salvador, pues cada una de ellas deben hacerse «en el nombre de Jesucristo»
• Oraciones hechas para satisfacer nuestros deleites
• Oraciones fuera de su voluntad o que contravengan la Palabra de Dios
• Oraciones pidiendo mal para nuestro prójimo; entre otras.
La oración es un diálogo con el Señor, no un monólogo nuestro. Dios oye pero también habla a través de la persona del Espíritu Santo. Si vamos a Él con una gran lista de peticiones y no esperamos en su presencia la respuesta, solo obtendremos un aspecto de Dios, el de la libertad y la llenura espiritual, pero posiblemente no recibiremos las directrices para actuar en lo que pedimos y necesitamos.
La oración bajo el patrón establecido por Cristo y por los apóstoles en la Biblia nos brinda:
† Poder y protección contra nuestro enemigo espiritual, por medio de la oración de guerra
† Libertad y llenura, gracias a la oración de adoración y agradecimiento
† Ponernos en el lugar del prójimo, a través de la oración intercesora
† Cambiar la realidad por la verdad, a través del clamor y la súplica
† Recibir dirección para la acción, por medio de la oración perseverante que no se cansa hasta que recibe respuesta.
Sin embargo, la mejor oración es aquella donde le pedimos al Señor que nos revele su corazón para hacer exactamente lo que desea que hagamos; eso sí, dejemos que nos responda…
En virtud de ello, hemos titulado este Suplemento «El impacto de la oración (accionando el poder de Dios)», donde entrevistamos a distinguidos ministros y ministerios del Señor, nacionales e internacionales, que han escrito, enseñado, vivido y experimentado la oración y la poderosa respuesta de Dios a la misma; son una autoridad en este importante y vital tema para la vida del creyente en Jesucristo.
Dios es tan bueno y amoroso que se acercó a nosotros y nos legó la oración para que dialoguemos con Él cuando queramos, donde queramos y en la circunstancia que estemos. En el Edén Dios bajaba a caminar con Adán y Eva (Génesis 3:8); luego que pecaron siguió buscando a los hombres; luego nos dio intermediarios para seguir comunicándose con nosotros; hasta que la Palabra encarnó «y nos habló por medio de su Hijo» (Hebreos 1:1-2); finalmente, terminó habitando en sus hijos a través de Cristo haciéndonos morada del Espíritu Santo (Juan 14:21,23; 16:13-14), ¡qué gran ventaja!, ¡qué gran privilegio! No olvidemos que muchas veces «no sabemos qué nos conviene pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros…» (Romanos 8:26).
«Oren sin cesar», ese es el mandato apostólico, esa la base de nuestra fe, esa es la manera de recibir bendiciones de parte de nuestro Dios y Padre. ¡Rodillas a la obra…!

Georges Doumat B.

Director-Editor

@GeorgesDoumat

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