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Primeros principios de la economía bíblica (13 y 14), Vladimir Martínez

La pobreza a menudo resulta de la irresponsabilidad financiera manifestada al contraer deudas innecesarias

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13. Afirmamos que la gente debiese vivir dentro de sus medios y no contraer deudas, lo que les agobia con los deseos del mundo y su amor por las posesiones materiales multiplicadas y el dinero; que la pobreza a menudo resulta de la irresponsabilidad financiera manifestada al contraer deudas innecesarias; que el interés sobre los préstamos para sostener al pobre está prohibido por la Escritura; que el interés en todos los otros préstamos debiesen reflejar el valor del dinero en el mercado crediticio tal y como está determinado por la oferta y la demanda; y que la Biblia advierte muy fuertemente en contra del incurrir en deudas como para llamarle a quien toma prestado un esclavo del prestamista (Proverbios 22:7; Romanos 13:8).
Negamos que toda deuda esté prohibida por la Escritura; que la deuda sea un medio sabio y prudente para cumplir los deseos; y que las elevadas tasas de interés, cuando reflejan la oferta y la demanda de dinero en el mercado, el riesgo de quien da en préstamo, o la inflación, sean usura.

14. Afirmamos que el nacimiento de nuevas personas debiese ser algo que se reciba con gozo y acción de gracias dado que portan la imagen de Dios y tienen la capacidad de enriquecer a otros tanto espiritual como materialmente; que no existe una relación causal consistente entre la densidad de la población o la tasa de crecimiento con el bienestar económico; y que la idea de una “sobrepoblación” planetaria es un mito, aunque la sobrepoblación local fuerza los límites de algunas economías locales (Salmo 127:3-5; Juan 16:21; Génesis 1:26ff).
Negamos que las elevadas tasas de natalidad debiliten necesariamente las economías; que la cantidad de riqueza material en el mundo sea estática; que la elevada población necesite divisiones más pequeñas de la riqueza del mundo; que la tasa de población deba ser disminuida o detenida; que la inmigración, en tanto que el mercado de bienes y servicios permanezca libre, sea perjudicial para una economía o para los ciudadanos de la comunidad huésped; y que la capacidad de Dios para proveerle recursos a la población pueda ser colmada o sobrepasada.

Vladimir Martínez
Pastor, ingeniero estructural y politólogo

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