Home / Opinion / Que tu alma no retroceda, Otoniel Font

Que tu alma no retroceda, Otoniel Font

Dios te hace llegar este mensaje para mover el agua, para que tú te atrevas a entrar a lo que Dios tiene para ti en este nuevo año y puedas salir de la situación en la que tú estás

“Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender como fugitivos a todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban. Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isaías 43:14-19).
Ningún problema que te sorprende a ti, sorprende a Dios.  La pandemia te sorprendió, pero en la Biblia ya hay pandemias y casos como este. ¿O no hemos leído cuando decía que las serpientes mordían al pueblo de Israel? El pueblo moría al instante. Y Dios siempre tuvo una solución para aquellos momentos críticos. Lamentablemente, durante tiempos como ese, gente falleció, no sobrevivió, pero el plan y el propósito de Dios para la nación de Israel siempre continuó. Y lo que a nosotros nos sorprende, a Dios nunca le sorprende.
Dios siempre ha tenido una solución para cada problema que llega a tu vida. La pregunta es si tú eres capaz de aprender a creer de tal manera que puedas entender que, a pesar de lo que vivas, Dios siempre está haciendo algo nuevo para ti.
Para ti, lo grande es el problema, pero lo nuevo no debe ser el problema, sino conocer lo que Dios va a hacer en medio de este problema que Él ya conoce. Para ti es nueva la pandemia, y probablemente, por generaciones no se volverá a sufrir una como esta, y Dios seguirá siendo el mismo. La pregunta es si podremos conocer lo nuevo que Dios está haciendo. Porque la pandemia no es nueva; ha pasado a través de la historia, y Dios siempre le ha abierto camino a su pueblo en medio de crisis como esta. La pregunta es si tú tienes el discernimiento para ver lo nuevo que Dios está haciendo. Es ahí donde la iglesia falla.
La iglesia falla en amarrarse a las mismas emociones del mundo. Cuestionamos a Dios, preguntamos por qué pasan estas cosas, pensamos que hay cosas que debieron pasar y no han pasado, cosas que debieron funcionar y no funcionaron. Cuestionamos la bondad de Dios, el poder de Dios, y no nos damos cuenta el efecto que tiene esto en la vida de un hombre o una mujer de fe.
Si hay algo que tratamos de provocar en tu vida hoy es que haya una dosis de fe sobrenatural, que te haga internalizar y discernir que, a pesar de todo lo que hemos vivido, Dios tiene que tener algo nuevo para tu vida, y no lo puedes perder de vista.
“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39).
Que tu alma no se pierda. Tienes fe en tu corazón. La pregunta es si tienes fe en tu alma. Tienes convicción de Dios en tu corazón. La pregunta es si tienes fe en tu alma. ¿O lo que ha ocurrido ha achicado tu alma y te ha hecho retroceder?
Este verso puedes tomarlo para hablar de aquellos que se vuelven al mundo, aquellos que regresan al pecado, o puedes verlo en el contexto de que hay gente que, después que comenzaron una carrera de fe, algo ocurrió en el camino que hizo que se achicara su alma y les hiciera perder la fe.
La hermana de Lázaro, cuando Jesús llegó a su casa, lo primero que ella le dijo fue: si hubieras estado aquí, esto no hubiera pasado. Jesús le tuvo que decir: ¿no te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? ¿Por qué ella no podía creer? Jesús le dijo: tu hermano resucitará. Y ella dijo: yo sé que resucitará en el día postrero. El Señor le dijo: yo soy la resurrección y la vida. El problema de esta mujer era que estaba en el pasado y en el futuro, y no en lo que Dios quería hacer en ese momento que ya Jesús había declarado que, aunque Lázaro estaba muerto, sería para la gloria de Dios. Y eso es lo que tu alma tiene que entender, que aún las cosas muertas van a funcionar para la gloria de Dios en tu vida, y no puedes permitir que tu alma se contamine.
Lo peor que puede pasar durante este tiempo es que encuentren una vacuna para el virus, pero no para el alma de la gente. El problema no ha sido la pandemia, sino la mala información con la que estamos bombardeados veinticuatro horas al día, las malas noticias, las cosas negativas que se nos dicen, cómo le echamos la culpa a todo el mundo. Tenemos el alma de la gente infectada de poca fe, de poca resiliencia; le hemos hecho creer a la gente que tenemos que esperar que alguien venga a ayudarnos, a darnos la mano, cuando en realidad tu fe tiene que estar puesta y tu alma tiene que estar segura en que, definitivamente, hay algo nuevo que Dios está haciendo en cada uno de nosotros.
Después de cada mal día, llega una nueva temporada. Lo único que tú tienes que asegurarte es que tu alma no retroceda.
Hay quien dice tener fe, pero ahora dicen haberse dado cuenta de las cosas que son prioridad. Y suena lindo que ahora quieras dedicarle más tiempo a tu familia, pero es una demostración de poca fe si, entonces, la ambición o el deseo de alcanzar cosas nuevas, tú piensas que es una o la otra, y tú dices que entonces la pandemia te enseñó lo que es prioridad. No; la pandemia te enseñó que siempre debiste hacerle caso a eso, sin dejar lo otro; siempre debiste tener el deseo de conquistar, de avanzar, de progresar, sin dejar de cuidar a los tuyos, sin hacer el esfuerzo que tienes que hacer. Nuestra oración es que tu alma sea cuidada al punto tal que puedas alcanzar todo lo que Dios te prometió.
En Juan 5, vemos al paralítico de Betesda. Tan pronto Jesús llega ante él, lo primero que él dice es: no tengo quién me ayude. Y es que nadie te tiene que ayudar. Aprende eso.  Por treinta y ocho años, nadie le ayudaba y cada día que pasaba donde la oportunidad de ser sano se iba, el alma de ese hombre iba retrocediendo, nunca avanzando.  En vez de ponerse él más cerca al estanque, se iba alejando cada vez más porque no se trata de alejarte o acercarte físicamente, sino mental y espiritualmente. Pero llegó Jesús allí ese día, y no movió el agua, pero movió el alma de ese hombre, el espíritu de ese hombre. Y hoy, donde tú estás, está la presencia de Dios, no para mover el estanque porque Dios no tiene que cambiar la economía de tu país para cambiar la tuya. Él lo que necesita es mover tu interior para que tu alma no permanezca tranquila.
El problema de muchos es que el alma está muy quieta, pero Dios te hace llegar este mensaje para mover el agua, para que tú te atrevas a entrar a lo que Dios tiene para ti en este nuevo año y puedas salir de la situación en la que tú estás.
Cuando Jesús caminó en esta tierra, nunca le dijo a una mujer que no tenía fe. Sí se los dijo a hombres. A muchos hombres, les dijo: hombres de poca fe.  Pero, por alguna razón, a ninguna mujer se lo dijo. Todo lo contrario, a la mayoría de las mujeres que se encontró, les dijo: grande es tu fe, nunca he hallado tanta fe. ¿Por qué es esto importante? Porque no es por ser mujer que tú tienes que ser celebrada, sino por la fe que tú tienes, siendo mujer. Aún la iglesia ha cometido el error de meterle en la cabeza a la gente que hay que celebrar los géneros; al hombre porque es hombre y a la mujer porque es mujer. Pero no; hay que celebrar la fe, que no importa el sexo que tú tengas, es la fe lo que hay que celebrar, la disposición, la perseverancia.
Jesús celebró la fe de la mujer. Aunque la mujer a veces parece ser un poco más emocional, eso mismo que parece para algunos una debilidad, es lo mismo que hace que la mujer muchas veces tenga una pasión que a veces los hombres no tienen. Tenemos una hermana de Lázaro que estaba emocional y confundida en ese momento, pero tenemos que celebrar a una mujer como la del flujo de sangre, que dice la Biblia que gastó todo lo que tenía pidiendo ayuda. El paralítico de Betesda pedía que alguien le ayudara; esta pagó para que alguien le ayudará, gastó todo en médicos y nadie le ayudó, sino que le iba peor; y comoquiera no se desanimó.
Aún pagando, muchas veces, tú no recibes la ayuda que tú necesitas. Porque hay cosas que nunca vas a recibir por ayuda de un hombre, siempre tendrán que venir de la fe y de la determinación, y de tu conexión con el Dios Todopoderoso.
Hay gente detenida porque nadie les ayuda, otros, porque han pagado para que les ayuden y nada ha pasado. Se han olvidado del elemento que es necesario y que es lo que te debe llevar a ti a seguir hacia adelante, a pesar de que nadie te ayude, y a pesar de que te vaya peor, aunque tú estés buscando pagar por la ayuda: la determinación de que no te vas a quedar con el problema que has vivido toda la vida.
Aquella mujer dijo: ahí está el Señor Jesús, me voy a arrastrar, voy a hacer lo que tenga que hacer, pero voy a tocar el borde del manto del Maestro. Y esa mujer se empujó en medio de toda la multitud, tocó el borde del manto del Maestro y ese día quedó completamente sana. Esa mujer demostró que ante todo su esfuerzo y los pocos resultados de su esfuerzo, todavía su alma iba hacia adelante. Ella iba a hacer lo que tuviera que hacer; si se tenía que arrastrar, se iba a levantar, pero saldría de esta; lo intentaría una vez más.
Tu alma no puede retroceder.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

About Verdad y Vida

Check Also

El resentimiento te duele más que a nadie, Rick Warren

Cuando cedes al resentimiento, terminas actuando de manera autodestructiva. Te lastimas mucho más que a …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *