Saúl, lejos de humillarse y pedir perdón, justificó con el argumento religioso de quienes tratan de explicar su pecado, ignorando que lo único que hay que hacer cuando uno peca, es confesar, no explicar
“Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado…”.
El libro de Jueces registra unos 350 años, desde la muerte de Josué, hasta la conquista de Canaán. Es una época con una sociedad tribal, donde aparecen los jueces, que eran gobernantes locales por la ausencia de un gobierno nacional. La apostasía, el pecado recurrente, la desobediencia y hasta una guerra civil, van a marcar el escenario judío antes de que aparezca la monarquía que va a comenzar, justamente con Saúl, el rey principiante y exitoso, quien se enfrenta a los filisteos y comete su primer error.
Posiblemente se siente victorioso y confía en su capacidad para la guerra. Es muy peligroso que olvidemos que todo lo que logramos es gracias a la mano del Señor a favor de nosotros. Si confiamos en nuestras fuerzas, estamos sacando a Dios de nuestra vida. Samuel tenía que venir a hacer la invocación antes de que el ejército fuera al campo de batalla, pero no llegó a tiempo. En esa condición Saúl decide torpemente cruzar sin temor la raya roja de la opinión de Dios, “y ofreció el holocausto”.
Saúl, lejos de humillarse y pedir perdón, justificó con el argumento religioso de quienes tratan de explicar su pecado, ignorando que lo único que hay que hacer cuando uno peca, es confesar, no explicar. La sanción divina no se hizo esperar: “Mas ahora tu reino no será duradero”. Fue tal la locura de Saúl, que ordenó ajusticiar a ochenta y cinco sacerdotes, que, según él, protegían a David, además de hombres, mujeres y niños de pecho. ¡Cuánto podemos cambiar cuando nos alejamos del Señor!
Logró victorias militares contra moabitas, amonitas, edomitas, amalecitas y Aram-soba; pero terminó su vida miserablemente cuando decide suicidarse en el mismo campo de batalla donde fue vencido por los filisteos, a quienes nunca pudo someter y terminaron invadiendo a Israel. ¿Cómo es posible que una persona que fue exitosa solamente porque Dios le tendió la mano en todo, terminó fuera de control, y por añadidura, rechazado por Dios en un naufragio absoluto?
Somos dichosos por el hecho de que Dios nos escoja para servirle. Hay cinco cosas que jamás debemos olvidar:
1.- Todo se lo debemos a Él.
2.- Nuestra obediencia garantiza su bendición.
3.- Si se nos concede alguna cuota de poder, no olvidar que este es efímero.
4.- Jamás cometer la locura de creernos autosuficientes.
5.- Podemos terminar rechazados por Dios. Matemos al Saúl que hay dentro de nosotros.


