El problema es que cuando Ananías y su mujer venden la propiedad, deciden traer una parte para donaciones, pero le hacen creer al liderazgo que están trayéndolo todo
“Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:1-4).
Es importante, pues que entendamos qué fue lo que pasó. Lo de vender una propiedad y donar el dinero a la iglesia no era una imposición de nadie. Las personas no estaban obligadas a hacer eso. Por otra parte, no hay nada en el pasaje que indique cuánto iban a donar. Voluntariamente decidían darlo todo, dar una parte, o sencillamente, no donar. Decir que cierto hombre llamado Ananías, con Safira, su mujer, vendió una heredad y trajo el dinero a la iglesia no tendría ninguna dificultad si no se agregara una frase terrible: “y sustrajo del precio”. El verbo sustraer en ese contexto, aparece en la Biblia cuando se trata de robar, de apoderarse de lo ajeno, como lo hizo Acán en Jericó y trajo maldición a toda la nación.
El problema es que cuando Ananías y su mujer venden la propiedad, deciden traer una parte para donaciones, pero le hacen creer al liderazgo que están trayéndolo todo. ¿Cómo sabemos eso?, pues por la reacción de Pedro, el cual, lleno del Espíritu Santo enfrenta con absoluta seguridad a Ananías: ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
El primer pecado mencionado por Pedro, bajo la unción del Espíritu Santo, fue la mentira. No era un pecado de esos que los cristianos modernos, llamamos “escandalosos”. El ámbito de santidad de la iglesia que Pedro liderizaba exhibía tal ambiente de santidad, que cualquier impureza contrastaba con la luz de la verdad. Dos creyentes vinieron a la iglesia y mintieron porque querían obtener una honra de manera impura, querían ganar un estatus espiritual; decidieron que su mentira fuese aceptada como una verdad. La intención de su donativo era espuria porque descansaba en una motivación fraudulenta.
Fueron ajusticiados divinamente por engañar y mentir. Es absolutamente necesario que entendamos que lo ocurrido en Jerusalén fue un juicio a partir del cual el Señor nos recuerda lo serio que es eso que llamamos santidad. En ese sentido, es pertinente hacernos algunas preguntas que nos hagan identificar la bisagra moral que nos permite pasar de lo bueno a lo malo y viceversa, a veces, sin darnos cuenta, porque ya estamos acostumbrados, y, además, porque “no pasa nada”. La mentira tiene muchas facetas, se mueve desde la flagrancia hasta lo que parece imperceptible.
- ¿Hay diferencia entre nuestra conducta pública y la privada? • ¿Es consistente nuestra actuación con nuestra palabra? • ¿Cuánta distancia hay entre nuestras afirmaciones y la verdad? • ¿Somos realmente transparentes en todas nuestras ejecutorias? • ¿Mentimos ante las instituciones cuando nos piden información? • ¿Decimos verdades a medias? • ¿Qué es verdaderamente lo que nos mueve a hacer lo que hacemos?


