El hombre tiene sus planes, pero lo que permanecerá al final es el consejo divino. Tengamos presente que sobre la historia de los hombres está la historia de Dios
“Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá” (Proverbios 19:21).
Sorprende pensar cuánto contrasta lo que deseamos con la voluntad de Dios. Este versículo declara que el hombre tiene sus planes, pero lo que permanecerá al final es el consejo divino. ¿Niega esto las impresionantes realizaciones del hombre? Por supuesto que no. Muchas obras certifican la grandeza que Dios puso en él. Una impronta especial para una creación especial. Pero es el designio divino lo que permanece. Algo muy parecido a “el hombre propone, y Dios dispone”. Tengamos presente que sobre la historia de los hombres está la historia de Dios. La que el ojo humano no ve y de la que se aísla ignorando que es ella la que dará el último tañido.
Estemos de acuerdo en que el único horizonte que avizora el hombre es su total emancipación de Dios. Los designios divinos lucen tan incoherentes e irrelevantes como si sólo reinara su libre arbitrio. ¿Se imagina a cada quien haciendo al final lo que desea? Pero si lo que prevalece es el propósito de Dios, aún ese libre arbitrio termina siendo como dijo Esproceda: “Hojas del árbol caídas, juguete del viento son”. Una ciega ilusión disfrazada de esperanza. La NTV traduce así nuestro proverbio: “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del SEÑOR prevalecerá”. En Babel los hombres en su orgullo intentaron levantar una gran torre; “seamos famosos y no acabemos dispersándonos”, dijeron. Pero quedó demostrado quién tenía el control.
“En el mundo de Dios no hay cabos sueltos” (Kidner). ¿No es esto esperanzador? Sófocles dijo que “los dados del Destino siempre caen bien de la mano de Dios”. Y puesto que es así, “el consejo de Dios prevalecerá”. ¡Confía en Él!




