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Tenemos la autoridad de abrir las puertas del Reino, Otoniel Font

El mejor momento en que hay que predicar es precisamente cuando tú estás pasando el peor infierno porque, de ahí saldrás, y detrás de ti saldrán otros que oirán ese mensaje en ese preciso momento

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Cristo le dijo a Pedro que le daría las llaves del reino, y añadió: y las puertas del infierno no prevalecerán. Es bien interesante la correlación de las dos cosas porque ¿qué se usa para abrir y cerrar una puerta? Una llave. Y las llaves que él le dio fue para cerrar las puertas del infierno, y para abrir las puertas del reino. La autoridad que Dios nos ha dado es para meternos en los peores lugares, y cerrar la puerta a la influencia del enemigo, y entonces abrir la puerta del reino. Eso es lo que la iglesia, todavía hoy, no ha comprendido; no han entendido la profundidad de lo que Jesús estaba diciendo.
Es bien importante que entendamos cada una de estas palabras. El Hades era un lugar físico, un lugar que ellos conocían, un lugar de cavernas donde se tiraban a los muertos, se tiraba la basura; se quemaba todo el día en ese lugar. El hedor era terrible. Alrededor de las puertas de ese lugar, había ídolos, dioses que ponían allí. Y Dios les está diciendo a sus discípulos: ustedes van a ir a los peores lugares, al peor sitio, y ustedes van a cerrar esa puerta.
Él no les pidió que hicieran algo que él no hubiera hecho.  Cuando Jesús murió, fue al Seol Hades. La gente no entiende para qué fue allí; por tres días caminó por el Seol Hades, y estuvo predicando allí por tres días: pronto nos vamos, pronto salimos de aquí. Buscó en todos los rincones hasta lo más profundo, para asegurarse que el enemigo no tuviera atado a nadie en aquel lugar, que no tuviera que estar allí. Y comenzó a caminar en medio del peor momento, a predicar libertad y a pregonar; tiene que haber parecido ridículo porque ¿cómo uno que está allá adentro predica libertad?
Una de las peores circunstancias en las que un pastor se puede encontrar en un momento dado mental y emocionalmente, es cuando va a hablar algo que, por alguna razón u otra, no lo está viviendo. No se hace fácil predicar sanidad divina, cuando tú estás enfermo. Porque la gente te va a decir: médico, sánate a ti mismo. Se hace difícil predicar libertad de las deudas, libertad financiera, cuando tú estás esclavizado. Se hace difícil predicar de que Dios puede salvar y transformar a los hijos, cuando los tuyos están perdidos. Es más, se condena a una persona que trate de predicar algo que no está viviendo. Pero ahí es que viene la verdadera libertad, cuando en medio de tu Seol Hades, te atreves a predicar porque sabes que pronto abrirás la puerta y cerrarás la puerta con la autoridad que Dios te ha dado para seguir hacia adelante. Es en ese momento que más tienes que predicar, que demostrar tu fe, declarar que Jesús sana, que Dios salva a los hijos; y cuando te cuestionen por los tuyos, responde: no te preocupes por los míos, que Dios lo va a hacer. En medio de tu infierno, sigue predicando; en medio de tu dificultad, sigue predicando; en medio de ese Seol Hades, sigue predicando.
Que en medio de tu dificultad, nadie te calle.
Jesús pasó tres días pregonando y predicando: vamos a salir de aquí. Él decía en el infierno: toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Esto lo vivió también en la cruz del Calvario. El que estaba al lado de él, el preso, le decía: si tú eres el Hijo de Dios, bájate de aquí, y bájame a mí también; pero en cambio, el otro le dijo: acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Ese se dio cuenta que iban a pasar por ese problema, por esa dificultad, pero saldrían; y en ningún momento Jesús negó quién era ni negó el mensaje, sino que siguió predicando día tras día lo que tenía que predicar, a pesar de las circunstancias.
El poder de la revelación que tú has recibido, tú lo demuestras cuando, en medio de tu peor crisis, te atreves a predicar diciendo: la puerta del infierno se va a cerrar, y esto no va a prevalecer; yo no me quedo encerrado en este problema por el resto de mi vida; pronto voy a salir.
Pronto tú vas a salir de esa crisis económica, de esa crisis familiar, de esa crisis en tu cuerpo. Vas a salir, pero este es el momento en que tú debes predicar. Es complicado. Imagina cómo se siente predicar que Dios te quiere próspero, y aplicar para una bancarrota y que esta sea pública. Se levantan las críticas. Cuando se destruyó el templo por el paso del huracán María, algunos dijeron que fue juicio de Dios. Pero si así fue, montones de iglesias y casas también pasaron ese juicio. Pero enseguida la gente empieza a mirar tu contexto y tu problema y comienzan a decir que no sirve lo que predicas porque no te ha funcionado; pero no se dan cuenta que el mejor momento en que hay que predicar es precisamente cuando tú estás pasando el peor infierno porque, de ahí saldrás, y detrás de ti saldrán otros que oirán ese mensaje en ese preciso momento.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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