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Traed todos los diezmos al alfolí, Fernando Regnault

Cuando damos el diezmo, estamos dando fe por hechos, de que todo pertenece al Señor nuestro Dios, y estamos reconociendo que lo que recibimos viene de la mano de Dios

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“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Los diezmos no son algo que damos a Dios, no es como una ofrenda, no es un acto de generosidad, sino es una especie de sello, que el Señor ha puesto sobre sus siervos. Es como aquel árbol del bien y del mal en el Paraíso, es una señal de estar bajo el señorío de Cristo. Cuando damos el diezmo, estamos dando fe por hechos, de que todo pertenece al Señor nuestro Dios, y estamos reconociendo que lo que recibimos viene de la mano de Dios. Tanto esto es así, que quién no da los diezmos, es llamado ladrón por el mismo Dios, dice así: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas” (Malaquías 3:8).
Todo pertenece a Dios y nosotros sólo somos mayordomos de todo lo que Él pone en nuestras manos, y el diezmo es la señal del señorío de Dios, y de nuestra sumisión al señorío de Cristo. También el diezmo es la manera de recibir la provisión de Dios, porque Dios no bendice a los ladrones, sino que habrá escasez y necesidades, en esas casas constantemente. En otras palabras, habrá maldición de escasez y ruina, no lo digo yo, ni es una interpretación mía, la Palabra dice: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquías 3:9).
Cuando los siervos de Dios no diezman, el dinero no les alcanza, surgen enfermedades que les hacen gastar más de lo que retuvieron de diezmo, hay imprevistos y el dinero no alcanza. Está prohibido probar a Dios, es pecado hacerlo, pero Dios es su misericordia, nos permite probarlo con relación al diezmo.

PROBADME AHORA EN ESTO

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Uno de los mandamientos de Dios es: “No tentareis al Señor tú Dios”, lo cual es un grave pecado, y es una de las tentaciones que el diablo usó contra Jesús en el desierto. Pero el Señor nos concede que le probemos o le tentemos, solamente en cuanto a los diezmos, porque el Señor está interesado en bendecir a sus hijos. Pero eso solo ocurrirá a través de la obediencia a la Palabra, primeramente no somos nosotros quienes deben administrar los diezmos y decidir cómo utilizarlos.
Los diezmos deben ser llevados al alfolí, y son para el sustento de la casa de Dios, tienen que ser administrados por la dirección de la iglesia. Quienes reparten sus diezmos a líderes de internet y a diferentes obras, aunque sean de bien, estarán en desobediencia, no habrá bendición. Si alguien quiere dar a otros ministerios, lo puede hacer de su dinero, como ofrenda, pero el diezmo no le pertenece como para disponer de él. Los que obedezcan fielmente verán la prosperidad de Dios, lo digo con toda propiedad, porque yo soy testigo de la fidelidad de Dios, con los que son fieles con sus diezmos. El Señor promete a los fieles: “Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:11).

REPRENDERÉ POR VOSOTROS AL DEVORADOR

De una manera indirecta, el Señor nos revela que hay huestes de maldad que mantienen a las personas en ruina. Son demonios especializados en causar ruina y pobreza, pero a los que deciden obedecer y honrar a Dios, esas tinieblas serán reprendidas por Dios. Creo que con toda propiedad podemos incluir aquí la siguiente promesa del Señor: “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros” (Joel 2:25).
Aunque no es la prosperidad el mensaje del evangelio, Jesús dijo que el Padre sabe que tenemos necesidad de todas esas cosas. Además, es su promesa bendecirnos “hasta que sobreabunde”, cuando Dios da no es escaso, sino muy generoso y abundante. Dice así: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).
Ahora bien, el diezmar es un proceso de siembra, y Dios actúa de manera individual con cada uno de sus hijos, unos diezman y ven resultados pronto, otros lo verán con más tiempo. Hay que tomar en cuenta que, hasta el momento de comenzar a diezmar, hemos estado sembrando otras cosas, por eso el apóstol nos dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9).
Con respecto a si debemos esperar o no la bendición financiera de Dios, la Palabra que estamos estudiando dice: “probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Esto es, Dios nos está animando a que le probemos para que veamos que Él nos prosperará hasta que sobreabunde, esto significa estar en la expectativa, a la espera de recibir la promesa de su bendición.
¡Dios te bendiga!!!

Fernando Regnault
Maestro de la Palabra
www.abcdelabiblia.com

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