La paz es lo ideal, pero sin condiciones la balanza se volvería loca, faltaría ese elemento vital e infaltable para equilibrarla. La condición es que la conducta sea aprobada por Dios
“Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7).
En la película “Enemigo mío” un hombre queda atrapado en un planeta con uno de sus enemigos extraterrestres. Las limitaciones, peligros y circunstancias que experimentaron suscitaron un contacto que terminó en una profunda amistad. Ellos vieron lo que tenían en común y entonces se abrió el diálogo, se apoyaron el uno al otro y se acabó la enemistad.
Muchas veces la ficción no dibuja la realidad, sino la idealiza. Sí, la paz es lo ideal, pero sin condiciones la balanza se volvería loca, faltaría ese elemento vital e infaltable para equilibrarla. En nuestro proverbio la condición es que la conducta sea aprobada por Dios. Algunas versiones traducen que habrá una reconciliación o se harán las paces; pero nuestro proverbio no impone una norma, ni estatuto ni ley que comprometa a Dios para acabar con la enemistad. Es más bien un estímulo hacia una manera de vivir que Él apruebe. ¿Qué pasará entonces con los enemigos? Dios producirá en ellos las respuestas que deban dar.
Los enemigos siempre existirán. Jesús dijo que, si el mundo nos aborrece, a Él lo aborrecieron primero. Y como no somos del mundo (“no somos como ellos”), entonces el mundo nos odia. A la iglesia perseguida le aclaró: “A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan” (1ª Pedro 4:4), pero Dios “dispone todas las cosas” para el bien de quienes le aman (Romanos 8:28). “¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?” (1ª Pedro 3:13).
Por tanto, dispongámonos a agradar a Dios, y que Él se encargue de nuestros enemigos. ¿Qué le parece?




