Un llamado a la acción en la economía (2), Vladimir Martínez

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Debemos llamar a nuestra sociedad al arrepentimiento por los actos destructivos que realiza contra la vida, la libertad, la propiedad, la familia, la comunidad

METAS
Para estos fines, nos comprometemos con las siguientes metas:
1. Recuperar las perspectivas Bíblicas sobre los valores que subyacen al correcto entendimiento de las relaciones económicas entre los hombres;
2. Entender la justicia, los derechos y las responsabilidades; el amor, la compasión y la caridad; la producción, distribución y consumo; el trabajo, el capital y el valor – todos tal y como Dios los decreta y define y cómo Él revela la verdad acerca de ellos en Su Palabra;
3. Llamar a nuestra sociedad al arrepentimiento por los actos destructivos que realiza contra la vida, la libertad, la propiedad, la familia, la comunidad y la posteridad al colocar todas sus expectativas de protección en el gobierno civil;
4. Proclamar al mundo y trabajar para establecer, un orden económico que concuerde con las enseñanzas de la Escritura;
5. Hacer un llamado a producir, y trabajar para establecer, un orden que reconozca las conexiones integrales entre el trabajo y la recompensa, entre la propiedad y la libertad, entre la justicia y la desigualdad, entre el amor y el dar caritativo, y entre la pecaminosidad del hombre y la importancia de la libertad individual en una sociedad con un gobierno civil estrictamente limitado;
6. Ayudar a las iglesias a identificar organizaciones caritativas que funcionen sobre la base de la economía bíblica y aquellas que no lo hagan, para que puedan incrementar su respaldo a las primeras y descontinuar su respaldo a las últimas;
7. Trabajar para restaurarles a las personas apropiadas la responsabilidad de las necesidades físicas de todos los miembros de la sociedad, de acuerdo a los tres niveles de tal responsabilidad revelados en la Escritura: el individuo, la familia, la Iglesia y otras asociaciones voluntarias. Aquel que no quiera trabajar que tampoco coma (1ª Tesalonicenses 3:10). El que rehúse cuidar de su propia familia ha negado la fe y es peor que un incrédulo (1ª Timoteo 5:8). Y que la Iglesia que no cuide del pobre, particularmente a aquellos entre su propia gente, desobedece el mandamiento explícito de Dios (Gálatas 6:10).
8. Recordarles a los individuos y a la sociedad por igual del principio incorporado de la responsabilidad mutua que gobierna el mundo moral y físico: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:7-10).

Vladimir Martínez
Pastor, ingeniero estructural y politólogo

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