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Un Mundial para Messi, que agradece a Dios sus logros

Leo Messi declaró tras la victoria que “Dios me dio ese don, obviamente no tengo duda de eso, Él me eligió a mí”

Leo Messi toca la copa del Mundial tras el triunfo sobre Francia / EFE

(Evangélico Digital).-

DOHA.- En la oscura noche de Qatar, a orillas del Golfo Pérsico, la historia acogió a Argentina y a Messi, escribiendo un capítulo que permite al jugador argentino superarse a sí mismo y completar su leyenda.
Fue una final para el recuerdo, un partido que pasa a la historia por su desenlace y su nudo, por haber permitido presenciar una batalla entre dos gigantes. Uno de los partidos de los Mundiales decidido en los penales con un gran Dibu Martínez y tras una prórroga agónica.
El 10 argentino recibió la distinción de ser elegido el mejor jugador del Mundial (MVP).
Messi declaró tras la victoria en la final del Mundial de Fútbol de Qatar que todo lo logrado se lo debe a Dios, “Dios es quien me dio el talento”. Algo que reconoce a menudo tras cada gol o victoria en el campo, cuando levanta sus manos señalando al cielo, reconociendo y agradeciendo a Dios este regalo recibido.
Leo Messi dijo en concreto que “Dios me dio ese don, obviamente no tengo duda de eso, Él me eligió a mí y obviamente yo después hice todo lo posible para intentar superarme y lograr poder triunfar”.
También reconoció que la victoria era un regalo de la mano de Dios. “Es impresionante que pueda terminar de esta manera. Sabía que en algún momento Dios me lo iba a regalar y no sé por qué presentía y sentía que iba a ser esta. Una vez más me hizo dar una felicidad enorme”, dijo el ‘10’ en declaraciones a la ‘Televisión Pública’ de su país.

UN PARTIDO INOLVIDABLE

La final tuvo de todo. La entendió mejor Scaloni de entrada y Deschamps, luego. La aparición de Di María por la izquierda reventó el arranque. No solo fue novedad en el once, sino que además cambió de banda respecto a lo habitual y arrolló a los franceses.
Enzo Fernández, descomunal, y Messi combinaban con una tendencia natural para conducir las jugadas a la misma banda, la izquierda. En esas, en una de las pocas veces en las que Dembélé bajó en auxilio de Koundé, Di María le encaró, pisó el área y cayó al suelo ante la torpeza del extremo culé por detrás.
El árbitro señaló penalti. Messi, con su forma de lanzarlos tan pausada de este Mundial, adelantó a Argentina.
Francia, irreconocible, no encontraba remedio a sus males. El dominio argentino siguió y vino acompañado de un segundo tanto sensacional. Un laberinto cerca de la banda lo convirtió Argentina en un clínic al contragolpe para dibujar un gol de bandera. Mac Allister combinó con Messi, que pasó al primer toque a Julián que devolvió al centrocampista y este puso en balón en bandeja a Di María, que vino a la carrera para remachar el tanto. Todo a una velocidad de vértigo.
Deschamps retiró a Dembélé y a Giroud, para dar entrada a Thuram y Kolo Muani. Mbappé pasó al centro. Entró también Camavinga de lateral izquierdo y se fue Griezmann, inédito, en un equipo sin más ideas que Mbappé como opción de remontada.
Los cambios de Deschamps y el bajón físico argentino coincidieron con un error de Otamendi, confiado, que perdió el balón ante Kolo Muani. El central acabó derribando al espigado delantero y el penalti lo anotó Mbappé.
El éxtasis francés se redobló cuando de nuevo Mbappé, empalmó a gol en el área un balón descubierto entre la defensa argentina. Quedaban diez minutos y en apenas uno Francia había hecho saltar el sueño de los argentinos, el de una hinchada a la que le costó asimilar lo que estaba viendo.
Con Mbappé desatado, los nervios aparecieron y también el poderío francés, incontrolable según fue avanzando el encuentro. Aún así, Messi pudo decidir antes de pasar a la prórroga, pero Lloris salvó con maestría.
El tiempo extra fue de una tensión permanente, un momento para recordar por siempre en los Mundiales. Scaloni metió piernas nuevas en Paredes y Lautaro. Argentina volvió a respirar, a tomar el control, y fue acumulando opciones del propio Lautaro que se fueron al limbo.
Messi, tras la angustia del VAR, hizo el tanto que parecía cerrar el partido, pero Mbappé logró de nuevo de penalti por mano de Montiel el tanto que llevaba el duelo a los penales como única manera de desnivelarlo, pues Kolo Muani y Lautaro pudieron marcar en ocasiones claras antes en la agonía de un final tremendo.
En la tanda apareció el Dibu para detener el tiro de Coman y forzar el error de Tchouameni, refrendando así el título que convierte a Argentina en campeona mundial por tercera vez y a Messi en leyenda con permiso del resto, de Di Stéfano, de Cruyff, de Pelé, y por supuesto, de Maradona.◄

Messi declaró tras la victoria en la final del Mundial de Fútbol de Qatar que todo lo logrado se lo debe a Dios / EFE

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