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Una santa transacción, Eduardo Padrón

Hay que evitar caer en ese enfoque que solo se basa en peticiones con expectativas de bienestar sin el pago de un precio

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“Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?  O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30:7-9).
Una lectura llana de estos versículos nos muestra que el proverbista tenía claros sus temores: no quería vivir en la ilusa vanidad, caer en el engaño de los malhechores ni llegar a los riesgosos extremos de la pobreza y la riqueza. Sin embargo, hay que evitar caer en ese enfoque que solo se basa en peticiones con expectativas de bienestar sin el pago de un precio. Eso nos dejaría con una incondicionalidad viciosa y con una religión de privilegios sin demandas. Hay grupos que crecen por esta razón.
Dios nunca deja de amarnos, pero no es coherente que conceda peticiones cuando se desoyen sus leyes. De hecho, los versículos precedentes hablan de “toda la palabra de Dios”, declaran que son firmes y dignas de confiar y que “Él es escudo a los que en él esperan”. El proverbista no pide algo ignorando las demandas. Es una santa transacción.
Tres cosas resaltan en estos versos. Una, que es un asunto de toda la vida, “no me las niegues mientras viva” traduce la Biblia Textual. Dos, que conocerse a sí mismo (temores y debilidades) evita la inútil ambigüedad al orar. Y finalmente, señala que un sano conocimiento bíblico nos librará del autoengaño.
Por tanto, nuestra gota de sabiduría nos anima a confiar en un Dios amoroso y fiel, pero sin falsas expectativas. Podemos pedir con confianza cuando esta descansa en su Palabra. ¿Qué piensas?

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
edupadron@gmail.com

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