viernes, junio 12, 2026
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Venezuela y su actual necesidad

Venezuela vive un momento en el que todos debemos reflexionar y al propio tiempo idear la forma de salir de esta suerte de torbellino en el que nos encontramos girando frenéticamente

Estamos en un mundo enmarcado en un contexto, según los estudiosos sociales, según algunas tesis sociológicas como postmodermista. Caracterizado por varios elementos que deben ser cuidadosamente revisados en su estudio.
Algunos de estos elementos conceptualizados en la “Era de la información” y “La Relatividad”, donde nada es absoluto e incluso la Palabra de Dios. También está presente “La globalidad” y “El ciberespacio”, entre otros. Y en Venezuela, cada día son más notorias estas terminologías en el ambiente político, económico, jurídico y, por supuesto, militar.
Venezuela vive un momento en el que todos debemos reflexionar y al propio tiempo idear la forma de salir de esta suerte de torbellino en el que nos encontramos girando frenéticamente. Enfrentando una avalancha de informaciones, muchas de ellas nada confiables. Especulaciones, ola de rumores, manipulaciones que muchas veces no son veraces; es decir, nos topamos con especulaciones, manipulación y desinformación, medias verdades y desinformaciones. Un material mediático que está al alcance de todos y sin discriminar edades. Por lo que entonces, el consumo de tanta de esta información ha de ser procesada y digerida con mucha sabiduría. Especialmente para la toma de decisiones.
Es un tiempo difícil para las y los venezolanos que vivimos sorteándonos este diario bombardeo de opiniones y declaraciones en los medios de comunicación y redes sociales.
Intereses particulares pretenden sobreponerse a la razón y la sensatez de lo que el colectivo social necesita y merece. En medio de esta particular situación, los ciudadanos debemos avanzar confiando en los planes de Dios para Venezuela, creyendo que, en su fidelidad, Él está al control de todo asunto.
Siendo así, el hombre en sociedad debe tener en cuenta los principios eternos en relación a la sabiduría. Principios, como la verdad, la honestidad, la decencia, el sentido de cooperación y esfuerzo compartido; el perdón y la reconciliación, sin los cuales no es posible la convivencia productiva y en paz. Recomiendo leer el libro de Proverbios capítulos 23:23/12:17.
Créanme que sin tendencias religiosas separatistas, cada venezolano, dentro y fuera del país abraza con compromiso práctico la Palabra de Dios, seguro verá de cerca la tan deseada unidad nacional.
Vienen a mi mente, fragmentos de algunos escritos que me han servido de mucho. Uno de ellos, “El país de los pinochos” de Devlyn Donaldson. Entre sus relatos está el de un viejo hombre el cual explicaba a su sobrino de qué manera él podía reconocer qué se hallaba detrás de cada máscara usada por algunas personas.
Decía:
_“Todo lo que necesitas saber es que el verdadero carácter de una persona se revela por lo que oculta detrás”._
De manera mis queridos lectores que, si portamos máscaras, ellas mismas delatarán.

Recuerdo también aquella frase de Moisés Moleiro. (Las máscaras de la Democracia. Editorial Centauro 88). Dice allí Moleiro:
_“Una de las maneras de permanecer sin alienaciones en una sociedad que arrastra los mismos problemas, es haber tenido los mismos adversarios desde hace decenios y saber distinguirlos, aun cuando se enmascaren”._
Hoy más que nunca, necesitamos pues librarnos de la máscara de la mentira y el engaño.
Realmente creo muy oportuno y necesario que, líderes, pueblo y toda la sociedad profundicemos en el mensaje del Señor Jesús para deshacernos de la aparente realidad enmascarada y dar paso a la verdad. Y que el mejor carácter de los hombres quede al descubierto.
Dice mi Señor en el evangelio de San Juan 8:32 y 14:6 que nos adentremos en las Escrituras, que él es el camino, la verdad y la vida.
Históricamente Venezuela inició como nación soberana mediante un inevitable proceso político de signos muy violentos. Claro, se trató de un desprendimiento hacia la independencia. Una nación que en la construcción republicana ha sufrido el trauma de golpes de Estado, magnicidios, conspiraciones internas y externas. Y la peor de todas, la corrupción administrativa. Pocos roban lo que es pertenencia de millones de seres humanos. Nuestra tierra necesita ser sanada. Y es sólo Dios quien puede sanar el corazón del hombre.
La Palabra de Dios enseña que la violencia es consecuencia del desorden. (Leer Génesis 6:11-13 y Salmo 11:5). También nos orienta cómo podemos librarnos de la violencia. (Leer 2 Samuel 22:3).

En relación a este asunto de la violencia. El insigne escritor venezolano, Dr. Arturo Uslar Pietri manifiesta:
_“Son muchas más las democracias que han perecido por la violencia que las que han sido fundadas por ella. La violencia es, por su propia naturaleza, destructiva y sus resultados son siempre impredecibles y generalmente contrarios a los propósitos que los promotores de ella se han propuesto. La violencia es momentánea y la historia por el contrario es continua observables y hasta previsible.  Una democracia que requiere para su funcionamiento periódicas rupturas, no sería una democracia, que es, por su propia naturaleza, el gobierno del consenso sobre los grandes fines sociales y del acuerdo sobre los modos de alcanzarlos._
_La independencia de Venezuela se proclamó con los más altos ideales políticos, pero lo que vino a surgir después de quince años de guerras destructivas, no sólo fue el aniquilamiento de una sociedad civilizada que empezaba a florecer, sino también las formas más brutales del predominio personal y de la ausencia de derechos. Fue casi un siglo de guerra civil que abarcó todo el territorio y destruyó toda posibilidad efectiva de progreso”._
(Arturo Uslar Pietri: Golpe y Estado en Venezuela (1992 P. 124,125).

No podemos perder de vista este aspecto, la violencia provocada en este tiempo presente, como resultado no sólo del desconocimiento del orden político, sino también por la pobreza económica y a su vez las grandes heridas en lo social. Familias divididas, una alta migración de su población, consecuencia de cada una de estas condiciones que hoy están presente en nuestro país.
Frente a este panorama, Venezuela requiere de una verdadera transformación, que permita retomar su cualidad de país próspero y sobre todo, sanar esas heridas.
Para ello necesitamos revisar nuestro pasado y mirar hacia el futuro. Bajo ninguna condición ignoremos la verdad de Dios, sólo así podremos superar esta situación.

El Dr. Arnoldo Arana expresa:
_“Sin lugar a dudas, la forma más efectiva para tratar con el impacto que producen estos males en nuestra vida, es perdonar. El perdón trae libertad a nuestra vida; nos libra del enojo crónico y el sufrimiento no sólo desde la dimensión personal, en el ámbito espiritual y psicológico, sino que también incluya la dimensión institucional como política pública que nos involucre a todos”._
(El Perdón el camino a la reconciliación. 2014 pág. 193).

Se requiere entonces de un proceso que a fondo permita reescribir la historia, dejando atrás agravios y ofensas, trayendo sanación, restauración y reconciliación. Ya no más dolor y luto. Podemos crear una cultura de perdón que brinde posibilidades para mejores relaciones entre los ciudadanos de este bendecido país.
Venezuela podrá lograr esto sólo cuando ponga en práctica el poder transformador que hay en el santo evangelio del Hijo de Dios.
En la medida que nuestras autoridades civiles, policiales y militares, y todo nuestro pueblo en general tengan conciencia de esta realidad en nuestra genética originaria como creación de Dios. En esa misma singular medida podremos replantearnos el país en el que todos anhelamos vivir en paz.
“El poder del evangelio continúa vigente y está al alcance de todas las familias. Es tan poderoso y eficaz hoy como lo fue ayer en tiempos apostólicos, porque lo representa el Cristo resucitado”.
(Dos Temas Político-Teológicos de Actualidad; Asdrúbal Ríos T. pág. 73).

De tal manera que, es requisito sine qua non, el que juntos podamos trabajar en ese sentido para así lograr por medio de la verdad y el perdón, la anhelada reconciliación.

Neuro Bravo
Pastor y politólogo
Director Nacional de Parlamento y Fe Venezuela

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