Procure poner lo primero de primero. Y lo primero es Dios. Hacerlo es reordenar todo en tu vida, pues, vivir la vida al revés no sólo es trágico, también es peligroso
Se cuenta que en el año 1961 se presentó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York una retrospectiva de la obra del pintor francés Henri Matisse. Entre los cuadros expuestos se hallaba uno titulado “El Barco”. Cuarenta y seis días después y cuando ya habían pasado ante él 116 mil personas, un visitante se quejó diciendo: “Este cuadro está al revés”. Y lo estaba.
Amigo mío, ver las cosas sin conocimiento, sin orientación o usando el punto de vista de todos, suele ser nuestro más grave error. Es la corriente que nos arrastra. Muchos miran la vida como los observadores del cuadro de Matisse: al revés. Ponen el vagón delante de la locomotora; los sentimientos delante de la razón; la acción antes de la reflexión; las obras antes de la fe; la violencia, primero que la paciencia; la decisión antes que el análisis; lo pagano antes que lo sagrado; al pecado antes que a Dios. Vivir este tipo de vida sin duda trae sus consecuencias: el infierno estará primero que el cielo. Sólo que, en esto último, no habrá cielo.
Amigo mío, procure poner lo primero de primero. Y lo primero es Dios. Hacerlo es reordenar todo en tu vida, pues, vivir la vida al revés no sólo es trágico, también es peligroso.




