José volvió a hacer lo correcto y no fue recompensado, pero en Dios nada queda al azar, fue ahí donde el copero dijo al Faraón: YO CONOZCO A UNO
Mucho se ha dicho sobre José el tan conocido soñador del que nos habla la Biblia, y que relata las peripecias de un joven que fue de una cisterna al palacio, mediante una palabra dada por Dios a través de sueños.
Parece irrelevante, pero mi atención se centra, cuando leo la historia, en un aspecto que marca un antes y un después en el proceso de transición de la vida del joven hebreo -pues era un joven cuando le fue revelado su propósito y ya era un adulto cuando lo alcanzó-, y es la escena en la cual está en la cárcel, por no haber querido acostarse con la esposa de su jefe Potifar. Ella al verse rechazada inventó toda una tramoya bufa e hizo que José fuera puesto preso con delincuentes sin él ser uno de ellos.
Por un segundo me puse a pensar ¿qué pasaría por la mente de ese joven a quien por hacer lo correcto, le fue impuesto semejante castigo? Dadas las circunstancias ¿qué era más fácil: acostarse con aquella mujer o recibir el castigo?
Impacta el hecho de que ante aquella propuesta sus palabras fueron:
“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9, RVR1960).
Estando preso -por hacer lo correcto- entra en una etapa que yo denomino: “el tiempo de la resistencia en Dios”, pues es aquí donde el copero del rey y el panadero, tienen un sueño y José lo interpreta y se cumplen textualmente (véase Génesis 40:1-23).
El copero del rey al ser restituido en su cargo le prometió a José ayudarle, pero “el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó” (Génesis 40:23, RVR1960).
José volvió a hacer lo correcto y no fue recompensado, pero en Dios nada queda al azar, Él no se guarda nada y cuando el Faraón tuvo aquel sueño de las vacas gordas y las vacas flacas, fue tal el tormento que llamó a sus magos para que se lo interpretaran y estos fueron incapaces de hacerlo y fue ahí donde el copero dijo al Faraón: YO CONOZCO A UNO.
Ese fue el día de su promoción, su gran oportunidad. José es sacado de prisión, bañado, afeitado y puesto delante del Faraón. Él pudo haber dicho: “yo sé que tengo que hacer, tengo todo para salir airoso, puedo defenderme, hablo bien, esta no es la primera vez que interpreto sueños”; sin embargo, dijo: “(…) No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” (Génesis 41:16, RVR1960).
Sigue haciendo lo correcto delante de Dios, sé íntegro, obediente, no negocies tus principios, sujétate a tus autoridades, no seas de doble ánimo, témele a Dios y te aseguro que alguien previo al día de tu promoción va a decir: YO CONOZCO A UNO y ahí estarás listo para ver el sueño de Dios cumplirse en tu vida.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)



