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Agentes de cambio

Podemos descansar confiados en que Dios cumplirá sus promesas si le obedecemos y dejamos que el Espíritu Santo nos cambie, lo cual nos convertirá automáticamente en agentes de cambio

Dios escoge a personas comunes, las transforma y luego las usa como agentes de cambio / Freepik

Si algo necesita Venezuela y el mundo es que los cristianos nos transformemos en agentes de cambio. Cristo produjo un gran cambio en nosotros, nos dio nueva vida y un reino por establecer, ahora nosotros debemos dejar que el Espíritu Santo nos cambie para poder impactar y cambiar a nuestra sociedad, como lo hemos dicho anteriormente desde nuestra área de influencia directa.
La Palabra de Dios en Jeremías 29:11-13, dice: «Porque yo sé los planes [pensamientos, dice otra versión] que tengo acerca de ustedes, dice el SEÑOR, planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza. Entonces me invocarán. Vendrán y orarán a mí, y yo los escucharé. Me buscarán y me hallarán, porque me buscarán con todo su corazón». Cuando dice: «yo sé muy bien los planes que tengo (literalmente se entiende: ‘que estoy trazando’) para ustedes —declara el Señor—».
Aquí encontramos una enseñanza certera acerca de nuestro llamado, que bien vale la pena desentrañar. Veamos:
Los planes de Dios… son los que Él tiene para nosotros, los cuales está trazando, como bien lo declara el apóstol Pablo en su carta a los Efesios 2:10: «Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas».
Es bueno aclarar que los planes o pensamientos en este pasaje de Jeremías significa:  Intención, designio, determinación, diseño, plan (cuando es malo: ‘complot’; mientras que cuando es bueno: ‘consejo’).
Entonces, los pensamientos de Dios son planes ya hechos, pero aún por salir a la luz. Sus planes son buenos y nos incluyen a nosotros, ¿no le parece maravilloso que el Señor se haya fijado en nosotros entre 8.000 millones de personas en el mundo? Él quiere darnos el fin que esperamos, ¿y cuál es este?: «Un futuro lleno de esperanza». Dios jamás planea nada malo para nosotros, todo lo contrario, el porvenir en Él es uno lleno de paz, esperanza y bienestar, no sólo terrenal, sino eterno.
Esta iniciativa de Dios requiere de nosotros un cambio de actitud, pues luego de conocer sus planes debemos activarnos sobre la marcha, no seguir perdiendo el tiempo en distracciones, ni con actitudes de temor y duda, las cuales contrarían a la fe y la esperanza. A través del pasaje en Jeremías Dios afirma que le «invocaremos» (significa que demandaremos su ayuda mediante una súplica vehemente, sometiéndonos a su Palabra que nos muestra su perfecta voluntad).
Una vez le invoquemos Él prometió oírnos y venir a nuestro encuentro, pero aclara que sólo lo encontraremos buscándole de todo corazón. Entendiendo que nuestro corazón guarda una relación directa con nuestra voluntad. Cuando en el Antiguo Testamento se habla de corazón, en realidad está hablando del alma; recordemos que el alma está compuesta de nuestra razón/pensamientos, sentimientos/emociones y voluntad/yo; estos tres componentes del alma se resumen en «la voluntad».
Jesucristo siempre aseguró: Que «no venía a hacer su voluntad, sino la voluntad del Padre», por eso en su clamor en el huerto de Getsemaní antes de ser crucificado pidió tres veces al Padre si podía pasar esa copa, respondiéndose: «pero hágase tu voluntad». El apóstol Juan en su primera carta (5:14), expresa: «Y esta es la confianza que tenemos en él: si pedimos algo según su voluntad, él nos oye». Tal y como se afirma a través del profeta Jeremías, en el pasaje que venimos desarrollando.
Cambiemos nosotros, hagamos la voluntad de Dios, para poder así cambiar nuestro entorno. Jesús lo hizo todo por nosotros en la cruz y nos llamó a establecer junto con Él su Reino en la tierra, en Venezuela o donde usted esté viviendo. Eso amerita que yo le rinda mi voluntad al Espíritu Santo para que me cambie y me moldee a la imagen de Jesucristo.
El Espíritu Santo me ayudará y me alineará a la voluntad de Dios: SI YO QUIERO Y LO PERMITO, porque el Señor no obliga a nadie, Él siempre espera que lo hagamos voluntariamente. Los cambios vendrán mayormente originados por crisis, y las crisis nos llevan a evaluarnos y reconocer que sin Él nada podemos, pues Él nos ha dado muchísimas promesas que durante los procesos que vivamos siempre estará con nosotros, porque Él nos lleva de la mano derecha; así como nos lo dice Isaías 59:19, «del oriente al occidente temerán el nombre del Señor y reconocerán su poder. Ciertamente el enemigo vendrá como un río caudaloso, pero el Espíritu del Señor desplegará su bandera contra él». ¡Tremenda promesa!
Y la Biblia está llena de miles de promesas de Dios para aquellos que confían y tienen su fe puesta en Él, sabiendo que sus planes o pensamientos para con nosotros siempre serán de bien, para darnos aquello por lo cual oramos y esperamos de Él. Dios nunca falla, Él es fiel y verdadero y cumple sus promesas. «Porque todas las promesas de Dios son en él [en Cristo] “sí” y, por tanto, también por medio de él decimos “amén” a Dios, para su gloria por medio nuestro. Y Dios es el que nos confirma con ustedes en Cristo y el que nos ungió; es también quien nos ha sellado y ha puesto como garantía al Espíritu en nuestros corazones» (2ª Corintios 1:20-22).
Podemos descansar confiados en que Dios cumplirá sus promesas si le obedecemos y dejamos que el Espíritu Santo nos cambie, lo cual nos convertirá automáticamente en agentes de cambio en nuestro entorno y la unión de todos los agentes de cambio generarán cambios positivos en nuestra ciudad, región y nación; esa ha sido siempre la manera de Dios obrar. Él escoge a personas comunes, las transforma y luego las usa como agentes de cambio, si lo hizo con millones antes de nosotros, también lo hará con nosotros, sólo debemos obedecerle y dejarlo hacer en nuestra alma (corazón, mente y voluntad).
Pero si usted no le ha entregado su corazón a Jesucristo, significa que no ha nacido de nuevo espiritualmente y, por lo tanto, no ha cambiado su naturaleza espiritual; Dios le está llamando a entregar hoy mismo su corazón dejando que Jesús sea el Señor y Salvador de su vida, desde ahora y por toda la eternidad.

Georges Doumat B.

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