martes, junio 9, 2026
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Carta a un director de alabanza, Juan Landaeta

Creo que no exagero al decir que cuando el pastor pasa a predicar el mensaje, ya tú lo habías comenzado con tu testimonio, con tus hechos y tu persona a través de la alabanza

Amado(a) hermano(a):
Me siento feliz al saber que tienes el grandioso privilegio y responsabilidad de ser director de alabanza y adoración en tu congregación, y siendo esa una de las experiencias más maravillosas por mis vivencias, es que quiero compartir contigo lo que el Señor a través de ella me ha dado durante este trayecto ministerial tomado de su mano.
Un día del mes de marzo del año 1978, siendo aproximadamente la 1:00 am de la madrugada, mientras estaba a solas en la presencia de Dios, solía subir al techo de mi casa a adorarle, mientras mis padres y hermanos ya dormían por la noche y allí en el techo de mi casa solía tener encuentros poderosos con el Espíritu Santo y en uno de esos encuentros, el Espíritu Santo  ministró a mi vida hablando con voz suave a mi mente y estas palabras vinieron con dulzura envolvente que, teniendo mis ojos abiertos, contemplando el cielo a esa hora de adoración, me dijo: “Juan, mi siervo, te he llamado para que conduzcas al pueblo de Dios en adoración genuina y auténtica. Nunca dejes de adorar porque para eso fuiste llamado. Te capacitaré y te usaré. No te contamines, apártate de todo aquello que detenga mi obrar en ti y nunca prostituyas el don que se te ha dado por gracia”.
Así fue mi llamado a esta loable, admirable labor ministerial en cuanto a ministrar y presidir delante de la iglesia santa del Señor; porque cuando estoy delante de la iglesia del Señor conduciéndola reverentemente en la adoración, veo el rostro de Dios en cada rostro de los salvados y limpios por la Sangre Inmaculada Redentora de nuestro Salvador Jesucristo, y al ver el gozo en cada uno de ellos y sus lágrimas, mi corazón toma una dirección poderosa que viene de lo alto y es cuando desaparezco y dejo ya, entonces que sea el Espíritu Santo hablando a los corazones sedientos de una palabra fresca del cielo de Dios y así preparar los corazones para que esa palabra expuesta halle cabida en las mentes de los presentes. ¡Gloria a Dios!
Durante el tiempo que me ha tocado conducir al pueblo en el culto al Señor, he aprendido que la dirección de los cánticos no puede ser una mera cuestión de entusiasmo, como tampoco un juego de azar. Sé que tu deseo más ferviente es servirle al Señor en lo que consideras tu ministerio, y como servirle es lo más extraordinario que puede hacerse sobre la tierra, lo has tomado muy en serio… ¡Gracias a Dios!, y me parece muy bueno que lo consideres un ministerio a la par del que tiene el pastor, porque a fin de cuentas, los cantos que vas a dirigir, habrás de elegirlos en estrecha relación con él y con Dios, porque estás muy consciente de que ellos van a preparar tu corazón, el del pastor, y el de cada persona que esté allí para la recepción del mensaje de la Palabra de Dios.
Al escoger cada canto debes pensar en la manera en que Dios puede usarte para ministrar a tus hermanos, acuérdate de aquel que ha perdido recientemente a un ser querido, como también del angustiado por tantas dificultades, y que no se te escape el caso de las visitas que están a punto de aceptar a Jesucristo como su Salvador, y al hermano caído presente en el servicio; ah, y los ancianos que no se pueden congregar por enfermedades que los aquejan. No te preocupes por tu poca capacidad para dar un consejo, recuerda que Dios nos ha dado en Su Palabra fundamentos sólidos para el culto que le ofrecemos, más haremos bien en conocerlos y reunir las condiciones necesarias en ellos requeridas, y Él, por Su Espíritu Santo hablará a cada vida; además, espero que te hayas dado cuenta de que hay himnos, cánticos y coros para cualquier necesidad.
Tengo que felicitarte por la buena costumbre de llevar un registro de los himnos, cánticos y coros que interpretas durante el año, he sabido que en ocasiones has revisado concienzudamente, himno por himno, hasta encontrar aquel que creías necesario. No es tiempo perdido, el Espíritu Santo estaba detrás de todo eso y te guio según su promesa, y tú has compartido con tus hermanos y amigos lo que Dios te dio. ¿No es esto maravilloso?
Esta breve historia de vida, llamó mucho mi atención: Me comentaba tu pastor que desde la niñez que estás ocupando este gran compromiso en la iglesia, has comprendido que el estar a cargo del culto no consiste en animar, anunciar, cantar, orar, leer la Biblia, etc., sino en “dirigir”, y que por ello tuviste que aprender un poco de música, robándole horas al sueño, pero has sido de bendición. Más recuerda que la transformación no viene por esfuerzos humanos, sino por la gracia de Dios que opera en nosotros cuando podemos congregarnos para mirar a “cara descubierta” la gloria del Señor al conducir a su pueblo en esta bella y loable manifestación gloriosa.
También me confesaba emocionado su agradecimiento a Dios porque pones mucho empeño para que todo salga bien, ordenando cada detalle, dando sentido a la música y a las palabras y creo que no exageró al decirme que bajo tu dirección (bueno, la del Señor), se han sentido marchando a la batalla, arrodillados en oración, tomando el arado, humillados ante el Señor, sentados en lugares celestiales…
¿Te has dado cuenta de lo que haces por tu iglesia cuando vas a ministrar? Oras a Dios, no a los hombres, pones a tus hermanos en Sus Manos a fin de que Él los santifique, bendiga y use, has pedido la dirección del Espíritu Santo sobre cada detalle grande o pequeño (Dios tiene el derecho de improvisar y cambiar patrones cuando quiera porque es Soberano, pero Él, no nosotros). También has usado el poder del nombre de Cristo y tus oraciones han sido llenas de unción, y es que detrás de cada oración en público, ha habido mucha oración en privado.
Debes tener presente que estas cosas no pueden ser algo desacostumbrado, sino común, que deben ser momentos de oración sacados de una vida de oración, y que al decir “amén” lo haces convencido de que este amén tuvo eco en el cielo, que nos dice que tus oraciones han sido escuchadas.
En fin, conozco cuanta lucha y trabajo representa para ti esto, pero… “cuánta victoria has obtenido”. Creo que no exagero al decir que cuando el pastor pasa a predicar el mensaje, ya tú lo habías comenzado con tu testimonio, con tus hechos y tu persona a través de la alabanza.
Me despido exhortándote en 1ª Corintios 15:58:
“Así que, hermanos míos amados,
estad firmes y constantes,
creciendo en la obra del Señor siempre,
sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Tu hermano en Cristo…

Juan Landaeta
Ministro de adoración y alabanza
“Más que artista… un servidor”.

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