No es para el que sabe más, sino para el que discierne mejor, para quien formula las preguntas claves para descubrir el tesoro. Usa el entendimiento de Dios para buscar, hallar y practicar el buen consejo
“Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre; mas el hombre entendido lo alcanzará” (Proverbios 20:5).
Es difícil aceptar que en el hombre existan consejos ocultos un “reservorio de sabiduría” (Kidner) que deba descubrirse. No es lo que el mismo libro de Proverbios enseña. El hombre lleva en sí el desatino que le causa el pecado y está hartamente probada su capacidad para errar el camino del bien confundiéndolo con el inadecuado. Así que, parece que lo que debe descubrirse es la intención. Aún un buen consejo puede llevar una carga de motivos malsanos.
¿Dónde se ocultan las intenciones? En lo profundo del corazón (1ª Corintios 4:5). Nuestro proverbio es traducido así en otras versiones. La NVI señala: “Los pensamientos humanos son aguas profundas”. La DHH dice: “Las intenciones secretas son como aguas profundas”; y la TLA lo vierte de esta manera: “Los planes de la mente humana son profundos como el mar”. Por tanto, el punto no es el consejo mismo, sino las intenciones; y, por supuesto, no las nuestras (que conocemos bien), sino las del otro; esas pueden mantenerse ocultas al entendimiento de quien escucha el consejo.
Sin embargo, el consejo funciona cuando se cuenta con la sabiduría para discernir lo que beneficia. El proverbio dice: “mas el hombre entendido lo alcanzará”. La NTV lo traduce así: “Aunque el buen consejo esté en lo profundo del corazón, la persona con entendimiento lo extraerá”. No es para el que sabe más, sino para el que discierne mejor, para quien formula las preguntas claves para descubrir el tesoro. Su necesidad de corrección es su motivación. Usa el entendimiento de Dios para buscar, hallar y practicar el buen consejo.
Cuando la intención del hombre oculta el consejo, el creyente entendido lo encuentra. ¿Cómo lo aplicarías a tu vida?




