lunes, junio 8, 2026
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“Cuatro monedas”

Quién no sea leal al Señor, no será leal con nadie. Quien no es leal consigo mismo, no podrá serlo con nadie más. Yo debo ser leal a mis palabras, principios, creencias y propósitos

“Uno de los doce discípulos, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes y les preguntó: – ¿Cuánto me daréis, si os entrego a Jesús? Ellos señalaron el precio: treinta monedas de plata. A partir de entonces, Judas empezó a buscar una ocasión oportuna para entregarles a Jesús” (Mateo 26:14-16).
Judas de acercó a los jefes de los sacerdotes y les plantea un negocio, le ofrece su lealtad al precio que ellos pudieran pagar: 30 monedas de plata fueron necesarias para que el amor diario, la entrega, el compromiso, la confianza y la intimidad perdieran valor en Judas.
Hoy, el espíritu de Judas sigue tocando corazones e influenciando mentes. ‘Te amo, te quiero, nunca te dejaré’, son sólo pequeñas palabras que no siempre se mantienen en el tiempo, sino que llegan a su fin cuando aparece una mejor “oportunidad” o mejor “pago”.

¿Cuánto cuesta tu lealtad?
La lealtad es un asunto vital para mantener relaciones por largo tiempo. Las personas piensan que la lealtad y el dinero no se llevan muy bien, porque muchos venden sus principios por unas cuántas monedas. Da lo mismo que vendas tus creencias por 4 o 30 monedas de plata. El problema no es el precio, sino que tengan un costo.
Hay dos tipos de personas, las que tienen precio y las que tienen valor.
Algunos pueden mostrarse muy íntegros, porque el precio es alto, pero cuando llegue quien esté dispuesto a pagar ese monto dejará de ser leal, mientras que a otros no le consiguen el precio, porque no lo tienen. Sin personas firmes a sus convicciones, leales a Dios, así mismos y a los demás; no tienen precio, tienen valor.

Yo veo la lealtad en tres niveles como un engranaje perfecto.
Primero, soy leal a Dios; segundo, a mí, en cuanto a mis principios, creencias, decisiones; y tercero, soy leal a los demás.
Quién no sea leal al Señor, no será leal con nadie. Quien no es leal consigo mismo, no podrá serlo con nadie más. Yo debo ser leal a mis palabras, principios, creencias y propósitos.
Si no acepto mi llamado y no soy leal al Señor, nunca alcanzaré mi destino en esta tierra.
Cuando tu lealtad con Dios la define un precio vives como un necio.
Algunos lo único que necesitan para alejarse del Señor son uno o dos ceros más en su cuenta bancaria. 4 monedas les mueven el corazón a quién le pone precio a su lealtad.
Si me pagan más, si gano más; Dios ya no es mi prioridad ni la razón de mi vida, Él debe entender que necesito dinero.
Lo único que necesitabas para desviarte era 4 monedas para olvidarte de la cruz.
Las personas interesadas y manipuladoras las encontramos en todas las esferas de la sociedad. Hombres y mujeres sin el más mínimo sentido de lealtad. Si le ofrecen 4 monedas más dejan lo que se comprometieron a hacer. Si abandonan a Dios por un puñado de monedas ¿cuánto más rápido te abandonarán a tí?

RELACIONES DE CONVENIENCIA

Parecían buenos amigos, tenían “muy buena” relación contigo, pero no lograste entender que era una relación sustentada en lo que tú pusieras financiarle. Si se acabó el dinero, los privilegios y las atenciones, se acabó todo. Esa persona irá a buscar un mejor postor. Relaciones de Conveniencia más no de amor. Relaciones de pareja que duraron mientras había dinero para financiarlas. Después todo se vino abajo, se terminó. ¿La razón? No era amor, era interés.
Por eso no hay nada mejor para probar una relación, que le toque experimentar los extremos de la pobreza y la abundancia, de la alegría y la frustración, de la escasez y la riqueza; ahí veremos quiénes realmente son leales y, mucho más importante, será expuesto nuestro corazón si realmente somos leales a Dios.
En el ministerio, las traiciones están a la orden del día. El lugar donde deberíamos mostrar mayor lealtad e integridad, en la obra de Dios, se ha convertido en el nido de deslealtades. Ministros seduciendo miembros para que se vayan a sus ministerios, miembros buscando quién les ofrezca mayor renombre o fama y, así poco a poco se va diluyendo lo que debió ser una expresión de la divinidad de Dios en la tierra, lo que tuvo que ser para la gloria de Dios se convirtió en la gloria del ego de los hombres.
Cuando uno se enamora de una persona que tiene precio, más no valor, tiene los días de aparente felicidad contados. De la misma forma que disminuyen tus recursos económicos, disminuye su amor y lealtad hacia ti. Todos los tipos de relaciones existentes pueden estar condicionados a un interés económico, lealtades en ventas al mejor postor. Esa es la razón del fin de muchas relaciones.
Es una estructura mental solida en muchas personas. Razonamientos tales como: “mientras pueda tener lo que quiero o necesito me aguanto a tal persona”, empezamos a tener relaciones basadas en lo que esa persona tiene y me puede dar, sea dinero, un mejor puesto de trabajo, regalos, comida, etc., simplemente, finjo sentirme agradado con esa relación, porque quiero satisfacer mis necesidades personales.
“Te quiero mientras duró tu dinero”, aunque a veces las personas no lo dicen, pero sus palabras sí lo certifican. Empezaron a haber problemas, conflictos, poco interés y la única razón es que disminuyeron los beneficios económicos. Fue más fuerte el amor al dinero que su amor a ti.
“Manténgase libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen” (Hebreos 13:5).
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1ª Timoteo 6:10).
Es triste que busquemos relaciones simplemente para conseguir un beneficio. La vida es muy corta e intensa para vivir de forma interesada y egocéntrica. Quiero que la gente esté conmigo, porque me ama y no porque quiera recibir algo de mí.
Es desagradable y doloroso cuando nos toca reconocer que hemos sido interesados. Que gente buena nos abrió su corazón y amistad y nosotros simplemente lo vimos como una oportunidad de surgir.
Tu valor no lo define tu cuenta bancaria, ropa, joyas, zapatos, ni siquiera tu belleza externa. Tu verdadero valor es tu belleza interna, la pureza de tu mirada y la integridad de tus acciones.
Si alguien te deja porque no tienes lo que él necesita, déjalo ir. No mendigues amor por quien sólo piensa en sí mismo. No eres menos por no tener un carro, una casa o bienes, tienes un valor tan grande que Dios envío a su Hijo unigénito a morir por ti en la cruz del Calvario.
No permitas que nadie le ponga precio a lo que no tienes.
Aprende a disfrutar las etapas de la vida. Cada momento hay que vivirlo en intensidad, de la abundancia a la escasez.
La plenitud está en aceptarme como soy y amarme a pesar de los defectos. Buscar al Señor cada día para que Él termine la obra que empezó en mí.

CIERRA EL AGUA

Fuimos hermanos, compañeros íntimos mientras te convenía. En el momento que se cerró el chorro todo se acabó. A veces las crisis son buenas, porque nos llevan a cerrar fuentes de provisión a nuestro alrededor y, en ese momento brota la realidad que hemos querido ignorar. Personas cuya lealtad tenía precio. Nosotros no lo sabíamos, aunque a veces lo sospechamos, pero era menos doloroso ignorarlo.
Ese día que se cierra el chorro no hay beneficios, dejamos de ser de bendición y ahora nos ven como una carga. Lo mejor que nos pudo pasar fue atravesar por esa crisis matrimonial, laboral, familiar, espiritual, sea cual sea, porque ella fue el instrumento de Dios para depurar tu entorno.
Duele reconocer que hemos sido utilizados, pero avergüenza saber que hemos utilizado a las personas para nuestros beneficios. Se desvanece el verdadero valor de las relaciones.
Se desvirtúa la lealtad y se desvaloriza nuestro sentido de dignidad.
Las verdaderas relaciones se fortalecen en tiempos de crisis y angustia. Es el momento donde se unen más los vínculos.
Cuando hay verdaderos amigos, hijos espirituales o cuando es genuina la relación de pareja, laboral o liderazgo, las crisis no los separan, sino que los unen más.
Las personas no te ven como un momento de vulnerabilidad donde hay que aprovechar para destruirte o abandonar, sino un momento donde deben cuidarte, ayudarte y protegerte mientras vuelvas a resurgir de las cenizas.
“En todo tiempo ama al amigo, y es como un hermano en tiempos de angustia” (Proverbios 17:17).

Hugo Reyes
Apóstol
Tomado de su libro “Más leal que un perro”.

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