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Cuenta como Dios cuenta, Otoniel Font

Hay un momento en tu vida que tú tienes que aprender a contar como Dios cuenta, no como el mundo cuenta.  Hay un momento donde Dios va a comenzar a eliminar ciertas cosas y tú tienes que tener la fe de que lo hace

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Jesús está aclarando: Yo soy la vid verdadera, todo lo demás es imitación; lo que van a producir los demás es simplemente imitaciones.
En Juan 15 podemos observar varias cosas más que es importante que comprendas.
El Padre está obsesionado con que tú des fruto. Dios quiere que tú des fruto, que tú produzcas no tan solo espiritualmente hablando o emocionalmente, sino que en tu vida debe haber fruto, resultados.
Dios no se conforma con que tú des cualquier fruto. No es lo que tú deseas, lo que tú quieras, sino el fruto que Él quiere que tú des.
“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” (Isaías 5:1-4).
Había un hombre que tenía una tierra fértil y pensó que era bueno plantar allí una viña, y así lo hizo; preparó todo con la expectativa de que tendría fruto y sacaría buen vino.  Pero lo que produjo fueron uvas silvestres, que producían un vino agrio, un vino que no servía. Y a veces, en tu vida, se producen uvas silvestres. Hay gente que son uvas silvestres, gente que tú has visto como tierra fértil, y no sirven. Luego de un tiempo, cuando ves el fruto, es agrio, no sirve. Hay negocios que tú has hecho, que son uvas silvestres; después que los ves fértiles, los cortas, los arreglas, preparas todo, de repente cuando ves las uvas, dices: ¡esto no sirve! Tienes que tener el coraje, la valentía de decir: tengo que hacer algo con estas uvas silvestres. Y es que tienes que eliminarlas.
¿Cuántas uvas silvestres tú estás orando para que se conviertan en buenas uvas? Hay cosas en tu vida que son silvestres, que tienes que sacarlas, olvidarte de ellas porque están dañando la tierra fértil de tu vida. Hay gente al lado tuyo que no va a producir nada. Lo que producen es amargura en tu vida, son agrios. Quieres permanecer en relaciones y tener cosas, simplemente porque piensas que está mal de tu parte pensar que son silvestres, pero no.
“Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor” (Isaías 5:5-7).
A veces, los cristianos queremos cambiar cosas que no van a producir. Pensamos que podemos orar por alguien para que produzca, pero hay gente que por más que tú ores y por más que tú quieras, nunca los vas a poder subir porque no quieren subir a un nuevo nivel, hay gente que no quiere cambiar. Hay cosas que no van a cambiar, cosas que están enfermas que hay que cortarlas, quitarlas, se acabó, tienes que seguir adelante. Quítales el vallado que tienen y deja que pase lo que pase porque vas a perder el tiempo. Dios siempre ha estado obsesionado con que se produzca fruto, y que se produzca buen fruto. Desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, Dios dice: lo que no produce, hay que cortarlo, hay que quitarlo porque daña la tierra y yo no puedo permitirlo y gastar tiempo en cosas que no van a producir y que lo que producen en tu vida es agrio. Hay relaciones que lo que te dan es un sabor amargo. Quítales el vallado, la protección, y deja que la naturaleza haga lo que tiene que hacer.
Jesús demostró esto en el Nuevo Testamento. Un día pasó por una higuera y vio hojas, parecía que tenía fruto y se acercó. Cuando vio que no tenía fruto, la maldijo. Dios pudo haberla hecho producir. ¿Por qué no le ordenó que diera fruto? Dijo: te maldigo desde la raíz. Porque el problema no son las hojas; hay árboles ornamentales, pero si tú no fuiste hecho para embellecer y fuiste hecho para dar fruto, estás dañando la tierra. Tú no te puedes comer una rosa, fueron hechas para que las veas, pero tienes que producir rosas, si lo que produces es espinas, hay que cortarte; pero si produces rosas, excelente porque estás aprovechando el nutriente de la tierra para producir lo que tienes que producir. Pero si fuiste llamado a producir fruto, tienes que producir fruto, no produzcas hojas porque Dios no quiere algo ornamental de un árbol que se supone que dé frutos. Ese hay que maldecirlo desde la raíz para que no saque más los nutrientes de la tierra que debe ser usada para otra cosa. Suena cruel, pero eso fue lo que hizo Jesús.
Más adelante, también vemos una parábola donde Jesús dice claramente que hay una higuera en un lugar, una vid en una higuera, y dice el señor: córtala porque no está produciendo. Y un siervo le dice: señor, dale un año más; yo voy a cavar, voy a quitarle las piedras, le voy a echar agua, y si produce de aquí a un año, la dejamos. No sabemos cuál fue el final de esa vid, lo que sí sabemos es la actitud del siervo. Hay cosas en tu vida que puedes darles un año más a ver si producen, y si no, hay que cortarlas. Haz lo que tienes que hacer, cava, pero si no producen y no hay resultados, hay que cortarlas.
¿Cuánto más tiempo tú vas a esperar para hacer los cortes que tienes que hacer, para sacar lo que tienes que sacar de tu vida? ¿Por cuánto más tiempo vas a retrasar las decisiones que tienes que tomar, que son las que te van a llevar a tener buenos frutos? Lo que tienes que perderle miedo es al recorte, y creer en lo nuevo que Dios te va a dar, y creer que cuando recortes, más fruto vas a tener y vas a producir. Recortas no por miedo ni por fracaso, sino con expectativa de que algo más grande Dios tiene para tu vida. No sufres lo que se fue, los que no están, disfrutas a los que tienes y lo que has logrado, lo que tienes que quitar, lo quitas, pero algo pasa con expectativa de que habrá fruto en tu vida.
Dios quiere que tú des fruto. Juan 15 te lo dice. Y es un honor el ser podado por Dios. Algunos están pensando que ha sido el diablo que les ha quitado tal o cual cosa, y no se han dado cuenta que es Dios diciendo: te estoy podando, a otros los he cortado y los saqué del reino, pero a ti te estoy podando porque veo potencial de que vas a llevar más fruto. Es un honor cuando Dios recorta, cuando Dios quita. Esas cosas que has perdido, que se han ido, es Dios que te está diciendo: te estoy poniendo livianito, te estoy podando porque tú has permanecido. Y ahí está la clave. ¿Cómo tú sabes si vas a dar fruto? Porque permaneces en Dios, en su palabra; porque a pesar que hay cosas que se fueron, tú permaneces. Otros se han quitado, han renunciado a Dios, pero tú has dicho: cuando algo se va, es Dios que me está podando; Él me está dando el honor de decirme que yo soy de los que va a dar fruto, y voy a dar más fruto y le voy a traer gloria. El nuevo fruto que vas a dar lo que va a hacer es glorificar al Padre. Cuando la gente vea, va a tener que decir: existe un Dios verdadero que puede hacer de algo seco, algo que produce y que produce gran fruto.
Es un honor cuando Dios te poda, lo que no puedes es tener temor cuando eso ocurre. En la Biblia hay ejemplos que podemos mirar, como el de Gedeón. Gedeón comienza con 32.000 personas, y comienza a decir: puedo tener esta gran victoria. Y Dios le dice: no, tienes muchos; corta, diles que los que quieran regresar a su casa, que se vayan. Y se fueron 22.000. Quedaron 10.000. Pero Dios dijo que todavía eran demasiados, y le instruyó que los llevara al estanque y viera cómo tomaban agua. Y había dos tipos de personas; los que se tiraron como locos, como animales a tomar agua, y los verdaderos soldados, que se arrodillaron, pendientes, y se llevaban el agua a la boca. Qué difícil es contar en la vida con los que no puedes contar. Y qué difícil es cuando tienes que contar para eliminar y no para añadir. Ahí es que hace falta fe. Dios le dijo: todos los que están tomando como animales, córtalos. Y contó 9.700 personas que no podían ir con él. Eso es fe. Le quedaron 300 a un hombre que, cuando Dios lo llamó, dijo que él era cobarde. Un cobarde con 300. ¡Qué motivación! Pero con esos 300, le dieron las más grandes victorias a Israel durante aquel tiempo.
Hay un momento en tu vida que tú tienes que aprender a contar como Dios cuenta, no como el mundo cuenta.  Hay un momento donde Dios va a comenzar a eliminar ciertas cosas y tú tienes que tener la fe de que lo hace, dándote el honor de decirte: yo voy contigo, te voy a dar la victoria, la gente no lo va a poder creer, te voy a respaldar, te voy a bendecir, voy a hacer que tu vida sea diferente, vas a tener fruto y vas a dar más fruto.
Tú has estado en una temporada de recorte y todavía no has visto el fruto, y piensas que es el diablo quitándote, pero ha sido Dios, diciéndote: cree que te voy a dar más fruto, cambia de actitud, mira la vida con fe. Deja de estar peleando con el diablo, y comienza a decirle a Dios: Señor, llegó mi temporada; todos los recortes, todo lo que se ha ido es porque tú tienes algo nuevo para mi vida, y hoy lo voy a creer.
Esta analogía en Juan 15 es bien clara, no hay espacio para interpretación. El Padre es el labrador, Jesús es la vid verdadera y tú eres rama. Es bien claro lo que Dios espera de ti. Hay dos tipos de rama: la que produce y la que no produce. Hay dos resultados; el que no produce es cortado y quemado, el que produce es podado para que dé más fruto. La pregunta para ti hoy es: ¿cuál de las dos ramas tú eres? Tu actitud lo deja saber, tu dependencia de Dios lo deja saber, tu relación con Él, tu consistencia o inconsistencia lo dejan saber, tu ánimo, tu fe, tu expectativa.
Tú decides hoy cuál de esas dos ramas tú eres, y tú decides cuál será tu futuro. Produces y das fruto, o te cortarán y serás quemado. Te mantienes en Dios a pesar de lo que veas y permaneces en Él, conectado con Él, o te quitas por lo que pasa.
La vida de un cristiano es una a largo plazo, un maratón, no una carrera corta. La única manera de ver frutos es siendo consistente. Cuando tú permaneces, pase lo que pase, los frutos vienen porque, cuando Dios quiere llevarte a una nueva temporada, corta, quita, para darte cosas nuevas. Lo que pareció que Dios cortó, lo que hizo fue podarlo.  Vienen cosas nuevas y tú las vas a disfrutar y vas a dar gloria a Dios y celebrar sus grandezas.
Ten expectativa, fe de lo nuevo, lo grande que viene para tu vida. Cada vez que algo se corta, da pena, tristeza; cada vez que sale de tu vida alguien que amas, da tristeza, dolor; pero sécate las lágrimas y créele a Dios por lo nuevo.
Hay dos clases de líderes: los que están contentos con los que tienen y los que están tristes por los que se fueron.  Sé de los que están contentos con los que tienen. Deja de pensar en el que se fue, el que no está, el que no vino, el que no llegó, el que decidió retroceder. Deja de pensar en renunciar; si otros se quitan, más trabajo tienes tú. Permanece. Permanece en Dios, en su palabra, sigue hacia adelante. Se va a ver seco por un momento, pero es solo una temporada. Vendrá el dolor de Dios cortarte, pero es para prepararte para la nueva temporada, y pronto la gente le va dar gloria a Dios porque lo que tú vas a producir es Champagne. Tú no eres vino espumoso. Viene fruto nuevo para tu vida.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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