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De oro, labrado a martillo, Harold Paredes O.

Nadie quiere martillazos (diversas pruebas), ni yo; pero son necesarios para la perfección de todos en el reino, es primordial para estar en una determinante koinonia

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“Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo” (Éxodo 25:21 RVR60).
Bezaleel nunca imaginó que todo lo que viviría desde su nacimiento hasta su asignación era necesario para realizar una obra primorosa. El siervo Bezaleel (su nombre significa: “a la sombra de DIOS”) pertenecía a la tribu de Judá, le correspondía marchar al frente por el desierto y trabajar como sabio artesano; por su parte, a Aholiab (Tabernáculo del PADRE) le tocaba laborar a su lado; este era de la tribu de Dan, la tribu que marchaba detrás. Bezaleel y Aholiab son nombres que refieren estar bajo la protección del Altísimo. Es de suma importancia conocer las palabras dadas a Moisés por YHWH:
“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado” (Éxodo 31:1-5. RVR60).
Por consiguiente, Bezaleel y Aholiab tenían una responsabilidad en conjunto y debían trabajar en fraternidad genuina. Estos ministros no perdieron tiempo en chismes, griterías, maledicencias, peleas por pintar cuatro paredes, quién ministra, tiembla mejor o cuál fue la mejor iglesia en la actividad nacional. Vale destacar que, Bezaleel era hijo de Uri (Luz de Dios) y nieto de Hur (Blancura); es el mismo Hur que sirvió a Moisés cuando ocurría la batalla contra los amalecitas, junto a Aarón sostuvo las manos de Moisés hasta que se ocultó el sol. Es decir, para servir al nivel de estos dos hombres se debe comprender todo el proceso que pasaron en Egipto y en el desierto; las diversas situaciones adversas en la vida son como martillo que perfecciona el carácter del instrumento que estará y servirá en el Altar de DIOS, la fe es más preciosa que el oro; por ello, en todo instrumento debe ser probada. Bezaeel no pudo labrar un candelabro sin antes ser martillado. Bezaleel y Aholiab representan en el Antiguo Testamento la imagen de Nuestro SEÑOR JESUCRISTO; nadie podría servir ante la Gloria o verla sino ha sido triturado. El Salvador está preparando morada porque fue molido y crucificado. ¿Estamos comprendiendo cada martillazo?
Acordémonos de este secreto muy bien revelado a los entendidos, en Juan 14.1-3, dice: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Cada vez que leo estos versos, mi corazón se quebranta, y se llena de esperanza, y al tener dicha esperanza mi ser se va purificando al confiar en su eterna palabra. En la actualidad, sabemos que “la menorá constaba de una base que soportaba una caña principal o eje vertical del cual se desprendían seis brazos, tres de cada lado. El candelabro era una unidad de oro puro, macizo y labrado a martillo” (Wikipedia). Nadie quiere martillazos (diversas pruebas), ni yo; pero son necesarios para la perfección de todos en el reino, es primordial para estar en una determinante koinonia.
Bezaleel y Aholiab tuvieron que martillar en unidad hasta elaborar un candelabro perfecto; sí, perfecto; la Escritura afirma: “Y esta era la hechura del candelero, de oro labrado a martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado a martillo; conforme al modelo que Jehová mostró a Moisés, así hizo el candelero”. Sin fuego no existe oro refinado, sin golpes precisos no existe siervo amado. Según el Diccionario Strong (#5647) la palabra “labrar” en hebreo es “abád” (עָבַד); además, esta denota: adorar, arar, culto, desempeñar, ejercer, honrar, librador, ministrar, prestar, servidumbre, servir, siervo, sujetar, trabajador, trabajar. Por lo tanto, predicar el evangelio del reino es un trabajo para aquellos y aquellas que permitan ser como el oro seleccionado para el primer candelabro labrado por Bezaleel y Aholiab; siervos que adoraban y no lloraban por hacer su trabajo a martillazo limpio para el lugar Santísimo. Perseverar ante situaciones indeseables es manifestar amor; ese mismo que se derramó en el linaje escogido, linaje que fue elegido por el PADRE para anunciar Su verdad; quien nos ha llamado entregó a su Hijo para que fuera martillado en el Calvario hasta que todo quedara consumado.
Durante esta peste de Covid-19 todos hemos sufrido pérdidas de seres muy amados; y la realidad es que veremos más plagas en las próximas horas. En otras palabras, los sucesos naturales pasados y venideros, lo que pronto mostrarán los medios de comunicación (vienen noticias impactantes e insólitas) comprados por el viejo orden mundial, que de nuevo no tiene nada, como nada de progresista tienen los movimientos pro aborto, LGTBI y toda la agenda prevista para consumarse en el 2050 (antes agenda hasta el 2021, luego hasta 2030) la iglesia también recibió y recibirá sus martillazos llenos de amor para que dejemos de proyectarnos como pavos reales, y entender, aún más que, no somos la piedrita preciosa del evangelio; sino parte del oro labrado que se necesita para salvar a todos en la tierra.
Al templo no van súbditas hormigas, sirven hijos e hijas de DIOS, no van esclavos que deben reverenciar a un líder; salga de ese templo si usted está siendo abusado y no afirmado como discípulo de CRISTO, tranquilos, no llegará ninguna maldición porque según se fue ‘sin cobertura’. La Palabra dice: “Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece”; no se sorprenda si se consigue al mundo cerca de usted simulando que adora, llora, tiembla o habla en lenguas y después diga: “yo tengo más unción que tú o cuando yo llego si se mueve DIOS”. ¡Cuidado!
Si en usted mora el ESPIRITU SANTO es porque ha creído en el HIJO DE DIOS. Así pues, que, mucho mejor es atender a cada una de sus palabras; cuando permitimos ser labrados, es cuando podemos servir con agrado, con gozo inefable. Meditemos en la siguiente verdad, 1ª Juan 4:15-17 (RVR60):
“Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo”.
El REY de reyes como ser humano vivió sin pecado; y sin merecerlo, sufrió y murió por amor a una humanidad que al día de hoy le sigue dando la espalda: el PADRE permitió que fuera clavado en un madero, y un martillo estuvo en el proceso. Quien está en la verdad no se ofende por lo que estoy describiendo; al contrario, se sentiría feliz, y reflexionaría como en ese vaso entendido en los tiempos que conscientemente sabe cuántos martillazos necesitó o necesita para servir como ABBA PADRE lo quiere en el lugar preciso. ¿Cómo nos necesita? Con temor y amor ante Él, con amor para con su prójimo y concienciado que todo proceso es necesario. Él dijo: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. ¿Cuántos golpes perfectos recibió Job, Daniel, Oseas, Juan (el Bautista) y Juan (el amado)? ¿Cuántos toquecitos del martillo celestial recibiremos sin resentimientos? Hoy lo sabemos; somos de oro, labrado a martillo para ser perfecto en intimidad y ante los ojos de los demás, es posible el oro lleno de humildad como amigo de CRISTO. Se confirma que fuimos llamados, elegidos y estamos siendo perfeccionados por el ESPIRITU SANTO en sabiduría e inteligencia, en ciencia y en todo lo necesario para realizar diseños extraordinarios.  Por favor, lee con suma atención, todavía faltan tus diseños en el mundo, tus inventos, tus empresas, el próximo premio nobel, el mejor escritor de best seller, actor o actriz, presidente, etc.
En conclusión, debemos atesorar que, como vasos de barro transformados, y con una fe más valiosa que el oro; el martillo es necesario para labrarnos (santificación), solo así, viviremos la prosperidad real. Las aflicciones son caricias que solo comprenden los valientes, caricias diáfanas para hijos e hijas inmortales que alaban a DIOS, y no se quejan entre dientes. Escrito está en 1ª Pedro 1:6-9: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas”.
Pronto escucharemos: “Hijo e hija prudente, perseveraste y permitiste ser transfigurado de barro a oro finísimo, entra a mi regazo”. Los sabios siempre serán labrados a martillo en la tierra; porque no existen atajos para estar ante el Cordero de DIOS en el cielo. Los necios hallan atajos; por ello, están sufriendo en el lago de fuego. El mundo detesta esta verdad, considera que es una fábula. Fábula es la liebre y la tortuga, y la moraleja está muy clara; aunque nos vean con La Biblia y como en una burbuja (un caparazón obsoleto para el mundo), la verdad es una sola… ¿Quién cruzará la meta en primer lugar? ¿Quién no llegará a tiempo? Deja atrás el error de las religiones y de líderes, esos errores no son de JESUCRISTO. Él fue clavado en un madero con un martillo que llevaba nuestros nombres, Él no enseñó a matar, odiar, calumniar, vejar o engañar; sino a salvar, sanar, liberar, servir y amar.

Harold Paredes O.
Pastor, comunicador y autor

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