Las cuatro voces en tu mente son: el mundo, la carne, el diablo y el Espíritu Santo
A la conversación continua con nosotros mismos la llamamos nuestro «diálogo interno». Necesitamos esta conversación para filtrar las experiencias de la vida diaria y formar con ellas una historia congruente. Este «diálogo interno» se nutre de varias voces —la del mundo, la carne y la voz del diablo— además de una voz que, cuando aprendes a escucharla, transforma todo.
La voz del Espíritu Santo es exponencialmente más poderosa que las otras tres juntas. El Espíritu trae calma al caos, consuelo a la tristeza, paz al conflicto, claridad a la confusión y poder a la debilidad. Jesús prometió en Juan 14:26: «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho». La voz del Espíritu te dará el poder para mantener al mundo atado, a la carne bajo arresto domiciliario y al diablo en la lista de terroristas peligrosos.
El Espíritu Santo quiere que escuches lo opuesto de lo que el mundo te quiere comunicar.
Tu responsabilidad es identificar qué voz está hablando y tomar el control de la conversación. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida». Cuando un pasaje bíblico comienza con «sobre toda cosa», es como los jets militares que sobrevuelan al inicio de una carrera. Siéntate y presta atención, porque lo que viene a continuación es el evento principal. La palabra hebrea que se traduce «corazón» es leb e incluye el intelecto, la voluntad y las emociones, es decir, todo aquello que establece la identidad individual. El corazón es el punto de partida de todos tus pensamientos, palabras y acciones.
Guardar el corazón es tan importante porque nuestro corazón —nuestra mente— es sumamente vulnerable a hackeos o robos. Así como protegemos nuestra casa de intrusos, hay pasos intencionales que podemos tomar para guardar nuestro corazón. Dios no nos habría dicho «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón» si no pudiera también darnos el poder para hacerlo.
Si no aprendes a dominar las voces en tu cabeza socavará tu autoestima, envenenará tus relaciones interpersonales, perjudicará tu crecimiento como persona y limitará lo lejos que podrás llegar en la vida. Seguirás experimentando inexplicables cambios de humor. Seguirás poniendo por obra tus peores impulsos y no sabrás por qué. Te acostarás enojado, te despertarás presa del pánico en medio de la noche, te levantarás agotado por la mañana y, luego, repetirás el ciclo ciegamente una y otra vez.
Ahora bien, ¿de qué voces hablamos exactamente? Nuestro «yo» no es la única voz en la conversación. Hay otras voces que se esfuerzan constantemente por modificar lo que pensamos, decimos y hacemos. Las cuatro voces en tu mente son: el mundo, la carne, el diablo y el Espíritu Santo. Tu responsabilidad es identificar qué voz está hablando y tomar el control de la conversación.
La primera de esas voces es la del mundo. Las Escrituras nos dicen que el mundo ya no funciona como cuando Dios lo creó. Podríamos decir que está roto. En términos cristianos, está «caído». Como resultado del pecado, el mundo en el que vivimos es una fuerza implacable que te seduce sin parar a perseguir las riquezas y los placeres de la vida, solo para aplastarte por intentarlo. Colosenses 2:8 nos advierte: «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo». En esencia, la voz del mundo caído quiere que pienses: no importa si soy joven o viejo; la verdad es que no puedo marcar una diferencia.
La segunda voz es la de la carne, o la naturaleza pecaminosa. Todos sabemos que la tenemos, pero ¿por qué? La Biblia nos dice que nuestra atracción a los deseos pecaminosos ha sido un elemento central de la naturaleza humana desde que Adán y Eva creyeron las mentiras del diablo respecto a Dios. ¿Cómo suena esa voz en la práctica? Por causa de la carne y de la naturaleza pecaminosa, a menudo pensamos que, cuando las cosas salen mal, es culpa de otra persona. Esto es pura arrogancia, simple y llanamente.
Y luego está la tercera voz, quizás la más peligrosa: la del diablo. ¿Es real el diablo? Ciertamente, Jesús creía que sí. En Juan 8:44, Él les dijo a algunos incrédulos: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira».
El virus preferido del diablo es la desconfianza, la duda y la desesperanza. Una vez que el diablo hackea tu cerebro e instala este virus en tu disco duro, se extiende con mucha facilidad y se convierte en culpa falsa, vergüenza falsa y autocompasión. El diablo quiere destruir lo que Dios quiere edificar. Él quiere que sigas cargando con el peso de aquello que ya ha sido perdonado.
La batalla comienza en la mente. La buena noticia es que no tienes que pelearla solo. A medida que comiences a tomar el control de tus pensamientos, Dios honrará tu intención. Él te ayudará a agudizar tu habilidad para reconocer qué voz está hablando y, cuando sea necesario, alinear tus respuestas con la voz de su Espíritu.
Patrick Morley
Empresario, conferencista y autor superventas
Extracto y adaptación de su libro “Las cuatro voces”. Editorial Portavoz


