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Dios está al control

(Liliana Daymar González – Periodista).-

El dolor era tan insoportable que la llevamos a la sala de emergencias. De ipso facto fue trasladada al quirófano. Un médico nos explicó que mi madre debía ser operada inmediatamente, su vesícula estaba a punto de estallar. Cuando quedé sola con mi hija en brazos, fui a la habitación que nos asignaron, cerré la puerta, uní mis manos con las suyas y le dije: «Vamos a orar para que tu abuelita recobre la salud». Aunque la niña todavía no hablaba, entendía lo que estábamos haciendo. Guardó silencio y escuchó con atención: «Señor, tu eres nuestro sanador (Éxodo 15:26). Tu Palabra es vida y medicina a nuestro cuerpo (Proverbios 4:22). Hoy mi madre obtiene sanidad conforme a tu Palabra; porque tú llevaste nuestras enfermedades, sufriste nuestros dolores… y por tu llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5). Por el poder del acuerdo y en unidad con mi pequeña te pido tomes el control de la operación, obra un milagro».
Después de decretar: ¡Amén!, y dar las gracias a Dios por haberme oído, sonó el teléfono de la habitación, era el doctor; mencionó que había llegado a la emergencia un joven con una herida de bala en el cráneo y de no ser intervenido, moriría. El único quirófano disponible era donde iban a operar a mi mamá. Yo debía decidir por la vida de mi madre o la del joven que ni siquiera conocía. Me turbé por segundos, pero acababa de orar y por fe sabía que Dios tiene todo bajo control. Entonces le dije al doctor: «operen al joven».
Al día siguiente, muy temprano, trasladaron a mi madre de nuevo al quirófano, volví a orar para que Dios hiciera un milagro. Inmediatamente después de decir: ¡Amén!, sonó el teléfono; (parecía como si el día anterior se estuviera repitiendo) esta vez era el anestesiólogo, dijo textualmente: «No puedo entubar a tu mamá, si estás de acuerdo le haré una traqueostomía (abertura en la tráquea para insertar un tubo y facilitar el paso del aire a los pulmones)». Pensé: «¡Qué raro es todo esto!, en dos oportunidades se presentan obstáculos que retrasan la intervención». Parecía como si Dios me estuviera advirtiendo algo. Sin saber qué iba a suceder, pero confiada en el todopoderoso le dije al doctor que no operara a mi mamá. En medio de aquella crisis, con mi madre a punto de morir, Dios envió ayuda. Pudimos trasladarla a un centro de salud en otra ciudad donde un experto cirujano la operó sin contratiempo y le salvó la vida.
«El justo por la fe vivirá» (Romanos 1:17). Cuando oramos creyendo en la Palabra del Señor, convencidos de que nos escucha, obtenemos lo que le hemos pedido y vemos su mano cerrando puertas que no convienen y abriendo otras donde hallamos su gloria. Dios es grande, Dios es bueno, Dios es justo, Dios está al control. ¡Créelo!
Esto es un hecho real, me sucedió a mí y de él podemos aprender grandiosas verdades espirituales. En primer lugar, cuando oramos bajo el poder del acuerdo, en el nombre de Jesús, Dios se complace, su Palabra dice: «Donde dos o más están reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20). Aquella situación me sorprendió con mi niña de ocho meses en brazos, pero creí lo que Dios dice: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos» (Mateo 19:14), entonces, cerré la puerta y oré con ella por un milagro de sanidad en el cuerpo de mi madre.
En segundo lugar, podemos notar que Dios prueba nuestros corazones. Yo pude haberme negado a que sacaran a mi mamá del quirófano, pues ya ella estaba lista para ser intervenida; sin embargo, a pesar su gravedad, accedí a que operaran primero al joven herido de bala. Cuando ponemos en primer lugar las causas ajenas, Dios toma el control.

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