Muchos cristianos han decidido cumplir los mandamientos de Dios para no correr el riesgo de ir al infierno, aunque en el fondo quisieran hacer las cosas que Dios prohíbe
“El amor y el interés fueron al campo un día. Y más pudo el interés que el amor que le tenía”. Un antiquísimo refrán expresado en forma de copla que deja claro que siempre el interés prevalece sobre el amor. Sin embargo, en asuntos espirituales la ecuación opera al contrario.
Muchos cristianos han decidido cumplir los mandamientos de Dios para no correr el riesgo de ir al infierno, aunque en el fondo quisieran hacer las cosas que Dios prohíbe. Dios se refirió a quienes así actúan diciendo: “Este pueblo de labios me honra; pero su corazón está lejos de mi”.
Por su parte el rey David descubrió una forma muy hermosa que hace que cumplir los mandamientos se convierta en un deleite y no en un sacrificio. “En mi corazón he guardado tus mandamientos para no pecar contra ti”, escribió el rey de Israel. Quien se enamora de alguien o de algo lo guarda en su corazón. Al enamorarse de Dios, sus mandamientos forman parte de sus sentimientos y su obediencia deja de ser una obligación difícil de cumplir y se convierte en un deleite.
¿Cuál es tu caso?
Dios te bendiga.


