La depresión es una pandemia mundial que lleva millones a la muerte cada año, esta no es una enfermedad del cuerpo, sino del alma
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2ª Corintios 7:10).
La depresión es una pandemia mundial que lleva millones a la muerte cada año, la ciencia sólo lo trata con drogas, que añaden más problemas y nada solucionan. Porque la depresión no es una enfermedad del cuerpo, sino del alma, no es otra cosa que la falta de esperanza. Me siento con autoridad para dar mi punto de vista, porque he sido atacado muchas veces por espíritus de depresión, pero no han encontrado manera de afectarme, porque Cristo ha sido mi refugio.
Cuando en el año 2008 hubo la crisis mundial por la llamada “burbuja inmobiliaria”, yo estaba invirtiendo en Europa y perdí más de 600 mil dólares. El fruto del trabajo de toda mi vida, y en el momento que estaba haciendo la inversión más segura, todo fracasó, y no por error mío. Fueron momentos difíciles, de incertidumbre, sentí que me quitaron el piso debajo de mis pies. Todos los pensamientos negativos vinieron a mi mente, la tristeza me rodeaba, pero me fortalecí en el Señor Jesús, recordando que nunca me había dejado.
Durante toda mi vida, muchas pruebas pasé, muchas veces estuve al borde del abismo, sin salida a la vista, pero de cada tormenta el Señor me sacó en victoria. Tomé las armas de la fe y reprendí cada pensamiento negativo y de tristeza, dije como Job: “Dios dio y Dios quitó, bendito el Nombre de mi Cristo”. No caí ni en la depresión, ni en la autocompasión, sino que me aferré a las promesas de Dios, y batallé en oración, no ha sido fácil, pero no le he dado cabida al demonio de la depresión. Porque nunca le he echado la culpa a Dios, o que Él tenga algún despropósito conmigo, lo que Él tiene conmigo es un propósito.
Aún no he visto mis mejores días, el Señor me dijo una vez, “que la gloria postrera será mayor que la primera”. Dios me probó a ver qué amaba más, si a las bendiciones o a Él, todo, todo, todo lo perdí, pero maravillosamente nada me ha faltado. “al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” (Judas 1:25).
¡Dios te bendiga!!!




