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Encamina tu pasión, Otoniel Font

Los hombres y mujeres de éxito tienen pasión porque tú no puedes conquistar si no hay ganas para conquistar, si no hay fuerzas para hacerlo

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“Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres” (Jueces 16:17).
Qué triste cuando Dios no es el dueño de tu corazón.  El mismo Cristo resumió la ley en dos cosas: amarás a Jehová, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu alma, y a tu prójimo como a ti mismo. Pero no puedes amar a tu prójimo, sin amar a Dios primero.
Este mensaje te enfrenta a la realidad de quiénes somos en Cristo Jesús. Te enfrenta a la realidad de que, en el valle de Sorec, todo lo oculto que tú has hecho, un día, va a salir a la luz. Y el problema del pecado es que un día juegas tanto con él, que un día entregas el corazón; y el día que entregas el corazón al pecado, entonces, Dios ya no tiene espacio en ese corazón. Y ahora Dios tiene que cambiar el corazón por completo. Por eso Dios siempre ha querido cambiar el corazón de piedra y convertirlo en uno de carne, uno sensible.
La diferencia entre Saúl y David es que Saúl pecaba, pero el corazón era de piedra, era orgulloso; él pensaba que estaba bien. David pecaba, fallaba, y se tiraba a los pies de Cristo, sabía que había hecho mal. David lo que deseaba era estar en la casa de Dios. Su familia no lo amaba, su mujer tampoco ni su jefe ni sus hijos, que lo traicionaron. El único que amó a David toda la vida fue el Dios Todopoderoso. Por eso, aunque le fallaba, él sabía servirle porque sabía quién debía ser el dueño de su corazón.
Pero el problema que hay en la iglesia es que cedemos a todas las otras presiones y entregamos nuestro corazón, y entonces, sacamos a Dios del asunto. Cuando la gente te mira, ¿puede saber el voto que tú tienes con Dios? Como tú hablas, ¿representa el voto que tú tienes con Dios? Tu casa, cuando la gente entra, ¿pueden ver el voto que tú tienes con Dios? ¿O visiblemente ya tu corazón pertenece a otra cosa?
Lo más importante no es el dinero, pero tampoco es la familia. Tu felicidad no es lo más importante ni tus hijos ni tu salud. Todas esas cosas son secundarias. Lo más importante en tu vida es el Dios Todopoderoso. Tu corazón tiene que estar con Dios para que tu familia pueda tener un hombre recto; tu corazón tiene que estar con Dios para que tus hijos puedan tener un padre correcto; tu corazón tiene que estar con Dios para que tu vida se ponga en línea con la palabra de Dios. Primero tiene que ser Dios, segundo tiene que ser Dios; lo más importante en tu vida siempre tiene que ser Dios. El problema es que la gente llega al valle de Sorec, y el hombre más fuerte termina siendo zángano porque entrega el corazón a la persona incorrecta; a una traidora que no te viene a dar nada, sino que viene a quitarte. Piensas que te están dando lo que en tu casa no te daban, pero terminan quitándote la casa, la familia y hasta la dignidad; porque la lujuria no deja nada y quita todo.
El detalle del pecado es que llega al corazón por tres cosas:
La disponibilidad. Si algo nos hace complicada hoy la vida es la disponibilidad de pecar.  Antes, para ver pornografía tenías que tener la cara de lechuga para ir a comprar una revista. Hoy, la pornografía está disponible a escondidas en cuestión de segundos. Y lo que antes era pornografía, hoy es arte. Las fotos de modelos en ropa interior, antes se consideraban pornografía. Hoy, es un anuncio para vender una ropa interior. Los tiempos han cambiado. La disponibilidad de la droga; la disponibilidad que tienen tus hijos hoy a la maldad, es bien fácil.  Hoy no tan solo hay pornografía visual, sino también auditiva; ¿o crees que la música que incita al sexo y a menospreciar a la mujer no es pornografía? La Biblia dice que la fe viene por el oír, y el oír de la palabra de Dios. Si algo tú puedes estar seguro que adoctrina el corazón de una persona es lo que oye.
La insistencia.
La consistencia.
El pecado tiene estas tres características. Está disponible, es insistente y es consistente. Hoy, tú tienes que autorregularte, tienes que hacer poco disponible a ti la información que el mundo te quiere dar. Si tú no tienes fuerza para no ver una película en Netflix, entonces, no tengas Netflix. Porque para tú tener Netflix, Amazon Prime, cualquiera de esos, tienes que tener la fortaleza de espíritu para escoger la película que vas a escoger, para ver lo que vas a ver; y si no tienes la fuerza, pues no vas a poder tenerlo.
El gobierno estuvo entregando computadoras a los estudiantes para que pudieran continuar sus estudios de manera virtual durante la pandemia; y eso está bien. Pero que las entreguen con controles. Porque no se les dio para que vean Netflix, sino para que estudien, y estudien ciertas cosas en específico. No podemos seguir haciendo el pecado disponible.
Si algo hace el pecado es insistir y ser consistente. Y la iglesia ha cedido a estas cosas. Pero nosotros no. A nuestra iglesia la vamos a hacer disponible, y hacerla disponible nos cuesta. Nos cuesta edificios, nos cuesta instalaciones con los acomodos para Drive-In para el que no pueda entrar, nos cuesta tener el Zoom, las cámaras, la radio, la televisión. Pero la iglesia la vamos a hacer disponible para que la gente tenga disponibilidad para escuchar la palabra de Dios. Y no tan solo la vamos a hacer disponible, sino que vamos a ser insistentes y consistentes. Nos van a llamar retrógradas, homofóbicos; pero alguien tiene que contrarrestar lo que el mundo está haciendo.
Tú no puedes bajar la guardia. Si algo quiere el pecado es que tú bajes la guardia. Tú no puedes bajar la guardia. No puedes estar tan ocupado en tu casa, en tu carro, en tu negocio, y bajar la guardia con tus hijos, con tu familia, con tu cónyuge. Hay que estar disponible, ser insistente y consistente, para mantenernos firmes y podernos proteger de que nunca entremos en el valle de Sorec y entreguemos nuestro corazón.
Nunca bajes la guardia delante de la tentación que el mundo querrá poner en tu vida. Tú fuiste llamado con un propósito. Desde el vientre de tu madre, Dios te escogió para algo grande, te separó.
A los jóvenes; te molestas porque tus padres te han dicho que tú no vas a hacer las cosas que hacen los demás, pero ¿por qué tú quieres ser igual que los demás, si ser diferente es lo más grande? ¿Por qué quieres ser como el resto del mundo? ¿Por qué quieres ceder a la presión de los demás? Te quejas porque en tu casa no se puede hacer tal o cual cosa, pero es que de eso se trata porque, en tu casa, vieron en ti algo especial, algo grande. En tu casa, han pagado un precio que no se paga en todo lugar. Allá afuera hay gente que no le importa, pero en tu casa no es así. Tú debes sentirte privilegiado porque tus padres te han dicho que tú eres especial para Dios, para ellos, y no van a hacerte disponible el pecado, y van a ser insistentes y consistentes, hasta que llegues a ser todo lo que Dios quiere que tú seas.
El valle de Sorec es el valle donde entregas el corazón y sacas a Dios del corazón. Dios trabaja con el pecado.  No creas que Dios no perdona el pecado. Por algo mandó a su Hijo a morir por ti en la cruz del Calvario. Lo que a Dios le duele, es que tú no lo ames tanto como Él te amó a ti.  Lo que a Dios le molesta es que tú, tocando cosas muertas, Él te sigue bendiciendo, y todavía tú no entiendes que es Él quien te llamó. Y entonces, sigues en el juego, y terminas entregando el corazón.
¿Por qué se hace tan difícil esto? No es fácil. Es imposible tener un hombre como Sansón, con grandes fuerzas, mandado a conquistar, y que no tenga pasión. Los hombres y mujeres de éxito tienen pasión porque tú no puedes conquistar si no hay ganas para conquistar, si no hay fuerzas para hacerlo. Por eso es que la iglesia tradicional te dice que no prosperes, que te estés tranquilo. Te dicen que todo se va a fastidiar, que esperemos que nos rescaten; matando la pasión del hombre por conquistar. Porque la iglesia sabe que un hombre con pasión puede caer en tentación, pero es que el reino de Dios no puede avanzar, si no hay hombres con pasión que conquisten. Lo importante no es quitarles la pasión, sino encaminarla.
Quizás en algún momento hayas prosperado, y pudiste ver lo que hace el pecado después que prosperas; perdiste muchas cosas. Y llegas a la iglesia y ahora dices que no quieres prosperar. Pero lo que no quieres es volver a caer en los problemas que caíste antes. Pero tú no caíste en los problemas que caíste antes por el dinero; caíste por el corazón. Pero si pones a Dios primero, esa pasión Dios la va a encaminar.
Tú no puedes quedarte atrás. Tú tienes que saber que la iglesia tiene que ir de frente, tiene que conquistar; tenemos que poner por estrado de los pies de Cristo, todos los enemigos. Mujer, tienes que luchar, seguir hacia adelante; luchar por tus hijos, por tu familia, prosperar, progresar.  Tú no necesitas de ningún hombre para prosperar y progresar. Dios te ha dado a ti las fuerzas. Que nadie te quite la pasión, que nadie te quite el deseo. Lo que pasa es que cuando tienes una pasión grande, esa pasión se puede descontrolar. Pero nadie te la puede quitar porque, si te la quitan, entonces, no alcanzas nada.
Hay quien tiene muerto el corazón. No pecan, pero viven aburridos, sin nada que hacer; no salen a conquistar porque algo les mató la pasión. Eres como el elefante, que cuando pequeño lo amarran a una estaca en el cemento, y él hala y hala y no logra nada. Ya cuando grande, le ponen la estaca sin el cemento, pero ya no hala porque aunque es grande y tiene toda la fuerza del mundo, le rompieron el corazón. Y tú no puedes permitir que las experiencias de tu pasado te quiten la pasión, el deseo de progresar, de prosperar, de seguir hacia adelante. Eso puede parecerte mucho problema, pero es que si no prosperas también tienes problemas. Y el problema es que, si tú no prosperas, más le queda al enemigo. Lo que tú tienes que hacer es saber que, cuando las cosas te van bien, Dios sigue siendo Dios; y cuando te van mal, Dios sigue siendo Dios.
Si tienes carro, Dios es el dueño de tu corazón. Y si no lo tienes, también lo es. Y si por una metida de pata pierdes tu casa, no le echas la culpa a Dios cuestionándole por qué te hizo perder eso; Dios sigue siendo Dios. Y vuelves y te levantas. Eso es lo grande del Dios Todopoderoso. Si lo hace con alguien que está en pecado, cuánto más lo hará con un corazón arrepentido que le quiere servir a Él de todo corazón.
Se hace difícil porque los cristianos tenemos que cambiar nuestra emoción por la fe, y la fe no se siente igual que la emoción. La fe no siente nada. Y en el mundo que vivimos, la gente quiere sentir. Quieren sentirse vivos. Pero los cristianos no estamos vivos por lo que sentimos, sino por lo que creemos, por nuestras convicciones, por nuestra fe, porque en nuestro interior sabemos en quién hemos creído.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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