En cierto modo, somos responsables de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, somos los mayordomos de Dios en este mundo, para cuidar de todo y de todos
“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).
Desde que el hombre tomó del fruto prohibido, es responsable de todas sus decisiones, cada día enfrentamos innumerables decisiones. Muchas de nuestras decisiones ya son costumbres, y las tomamos en “automático”, casi sin darnos cuenta, prácticamente en todo hay una decisión. Incluso cuando no tomamos una decisión, estamos tomando la decisión de no intervenir, y de alguna manera tendrá consecuencias, nuestra “no decisión”.
Hay decisión que no parece decisiones, como por ejemplo, ser tolerante con aquello que Dios no es tolerante, llamando amor a lo que Dios no llama amor. Permitiendo que se reúnan en la iglesia, a quienes Dios no quiere allí; la Palabra dice: “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1ª Corintios 5:11).
Cuando seguimos las instrucciones de Dios, y los pecadores se encuentran excluidos de la iglesia, es el momento en que el Espíritu Santo actúa para restauración. Cuando sabemos hacer lo bueno y no lo hacemos, estamos tomando la decisión, que nos condena, como dice la Palabra: “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).
Así que, en cierto modo, somos responsables de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, somos los mayordomos de Dios en este mundo, para cuidar de todo y de todos. Cuando no podamos intervenir físicamente, podemos usar el poder de la oración, para intervenir conforme a la Voluntad de Dios. Hay pecado por hacer lo malo, y por no hacer lo bueno que se espera de nosotros, que es llamado “por omisión”.
¡Dios te bendiga!!!




