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Espíritu de conquista, Otoniel Font

No debe haber un rincón de tu país y de este planeta, que no sea conquistado para nuestro Señor Jesucristo

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No nos hemos dado cuenta que la verdadera frontera final es que esta tierra sea conquistada para el Dios Todopoderoso, y que lo que tiene que ocurrir es que toda rodilla se doble delante del nombre de Jesús. No nos damos cuenta que lo más grande no es que conquistemos el Universo, sino que el cielo invada la Tierra de una vez y por todas. La escatología derrotista lo que provocó fue que descuidáramos aquellas cosas que teníamos que hacer. Por otro lado, el hecho de que ha habido espíritu de conquista es lo que ha provocado los más grandes avances en la sociedad.
Hay más de cincuenta mil patentes que han surgido del programa espacial, ya que provocó que se repensaran todas las cosas; cómo comer, cómo tomar agua, cómo dormir. Se dice que la idea de los pañales desechables, que todos los usamos cuando nacemos y también cuando seamos viejos, y esto sale del programa espacial, ya que necesitaban buscar la manera de manejar los desperdicios. Eventualmente, una idea lleva a la otra, y de ahí es que salen montones de inventos que hoy tenemos. Así que, el espíritu de conquista ha provocado que disfrutemos de grandes avances en la sociedad. Y por eso, ese espíritu de conquista no se puede perder.
Tenemos que ver lo que son las nuevas fronteras que Dios quiere que conquistemos e inspirar nuestra vida para provocar que lo alcancemos. De otra manera, cometeríamos el error del pueblo de Israel.
Lamentablemente, el pueblo de Israel en un momento dado dejó de conquistar, perdió el espíritu de conquista, y comenzaron a tener un montón de problemas de pecados.  Comenzaron a seguir a otros dioses. Porque en el momento en que tú estás lleno de ocio, el pecado llega a tu vida. Josué conquistó la tierra prometida en siete años. Treinta y cuatro reyes; y tuvieron que vivir el resto de la vida disfrutando de la tierra prometida, pero sin nada qué conquistar, nada que luchar, nada por lo que batallar y creer.
En medio de la crisis, damos gracias a Dios que tenemos que construir en esta temporada porque, si el huracán no se hubiera llevado el edificio, estaríamos en ese mismo lugar, haciendo lo mismo, y buscando a quién invitamos, a quién traemos, qué congreso nuevo hacemos porque, cuando no tienes nada qué conquistar, lo único que te queda es entretenerte. Pero, cuando hay algo que tienes que hacer, te tienes que levantar todos los días, todas las semanas, a salir a trabajar, a luchar; así que, la realidad es que hay que darle gracias a Dios que, en medio de todas las crisis, hoy esta iglesia tiene algo por lo que luchar, algo que buscar, algo que alcanzar, lo que nos hace a nosotros depender del Dios Todopoderoso.
Hay una nueva frontera que tú tienes que alcanzar y luchar, y cada mañana debes levantarte con un sentido de propósito en tu vida que, lo que has vivido, no es el final de lo que tú vas a vivir, sino que hay algo más grande que Dios tiene para ti y para todos los tuyos.
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:12-21).
Pablo está hablando aquí de lo que debe ser la frontera final de todo creyente. Dentro del plan de redención, hay dos fronteras finales: la conquista de cada individuo; la conquista persona, de parte de Dios, de cada uno de nosotros; la conquista de parte del Espíritu Santo, en tus pensamientos, en tu mente, en tu ser. Se supone que el cielo invada toda tu vida, que cada mañana, cada día, tú puedas vencer un poco más la carne, el enemigo, y que no haya ningún pedazo de tu vida que no quede conquistada por el poder del Espíritu Santo. Tiene que haber un momento donde ya tú no pienses por ti mismo, sino que los pensamientos tuyos sean los de Dios, un momento donde el Espíritu Santo conquiste cada área de tu vida, hasta el día en que tú puedas llegar a la redención total de todo tu ser, para presentarte delante de Dios como una persona perfecta y pura. Esa obra es la obra del Espíritu Santo, y Él la está haciendo poco a poco, cada día en nuestros corazones.
A través de tu vida como cristiano, tú debes poder testificar que ya tú no eres el mismo de hace un año atrás, de hace dos años; no quiere decir que eres perfecto, no lo has alcanzado, pero una sola cosa haces: sigues hacia adelante, buscando conquistar cada vez más aquello que te conquistó a ti primero. Ahora, como cristiano, no estás buscando una salida de tu cuerpo físico, de tus emociones, de tu pecado; lo que estás creyendo es que el poder de Dios te ayudará a conquistar cada emoción de tu vida, cada pedazo de tu vida, hasta que un día tú puedas someter tu vida por completo para Dios, para que puedas decir como el apóstol Pablo: ya no yo, sino ahora, Cristo vive en mí.  Ahora ya no vives para ti, sino para Él; que cada pensamiento sea uno divino, que cada emoción sea una emoción divina, que cada cosa que hagas, sea dirigida por el poder de Dios.
La frontera del Espíritu Santo es llegar a lo más profundo de tu corazón, y hacerte una criatura totalmente transformada y renovada delante del Dios Todopoderoso, para que te puedas conquistar primero a ti mismo.
La segunda frontera final es la de la Tierra. Esta Tierra tenemos que conquistarla. No importa qué escatología tú creas, qué final de los tiempos, el final de los hijos de Dios no es el cielo, sino aquí en la Tierra. La diferencia en la escatología y en la interpretación de los tiempos finales es si tomas la guagua pública o te vas por el expreso; pero, al fin y al cabo, no importa las vueltas que tú des, todos vamos a terminar en el mismo sitio. Dios va a restaurar nuestra Tierra, este planeta; y para Dios, la frontera final no es el Universo, sino la restauración de esta Tierra al final de todos los tiempos, así que por qué tú no comienzas hoy a trabajar para que ese final realmente se cumpla, a través de la obra de Dios en tu vida.
No debe haber un rincón de tu país y de este planeta, que no sea conquistado para nuestro Señor Jesucristo.  No debe haber un día de tu vida que no pienses en que hay algo que tú tienes que hacer para que el reino de Dios sea establecido aquí en la Tierra.
Da pena con los evangélicos porque somos los únicos que hemos pensado en escapar, como pensó el programa espacial: la mejor vida será, eventualmente, en el más allá. Y tenemos los musulmanes, los judíos, los testigos de Jehová, que siguen construyendo, comprando las mejores localidades, en los mejores sitios, y siguen estableciendo su cultura y sus pensamientos. Y a veces, los cristianos estamos pensando en qué vamos a hacer y que ojalá esto se acabe; hemos perdido el espíritu de conquista y hemos dejado el espacio vacío. Mucho tiempo se predicó que la televisión era la caja del diablo, así que entramos veinte años tarde a la televisión. Por mucho tiempo se dijo que el Internet era la perdición del mundo; y ahora hay dos billones de personas en el Internet, y los cristianos tenemos un poco de porciento de influencia en el mundo entero. Se dijo que la política no se podía mezclar con la iglesia, con la religión, con los pensamientos cristianos, y pensamos que no debíamos tener políticos allí firmes ni enseñarles a nuestros jóvenes que una de las cosas más grandes que tenemos que hacer es meternos en la casa de las leyes. Y dijimos: lo único que necesitamos son pastores, evangelistas; cuando debimos haber levantado abogados, políticos, gente como Daniel, gente que se metiera en estos lugares y que promovieran realmente lo que es la fe en un Dios Todopoderoso. Entonces, lo dejamos y lo dejamos, y ahora estamos reaccionando a aquellos espacios que dejamos vacíos.
No podemos seguir de esa manera. Tenemos que saber que hay dos fronteras finales por las cuales Cristo murió en la Tierra: para redimirte a ti de tus pecados y hacerte nueva criatura; pero también para que conquistes esta Tierra para que el Dios Todopoderoso sea glorificado en cada rincón de ella. Y esa debe ser nuestra meta.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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