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Evidencia de lo que viene, Otoniel Font

Cuando uno mira las primeras, las primicias, esas primicias son la evidencia de lo que viene. La primicia, para el creyente, es la evidencia de lo que cree que va a pasar

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“Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas” (Números 13:17-20).
Aquellas uvas eran la pieza de conversación. El problema es que, cuando el pueblo comienza a hablar de ellas, ahora la conversación cambia. Ahora hay que hablar de los gigantes.  Lo cual nos lleva a la decisión que tenemos que tomar en el valle de Escol.
El valle de Escol tenemos que verlo en dos dimensiones prácticas, dos conceptos: primicias y evidencia. Números 13 nos dice que esto fue en el tiempo de las primeras uvas.  Dios no les pidió que fueran en otro momento. Entraron a reconocer la tierra en el tiempo de las primeras uvas. Porque, cuando uno mira las primeras, las primicias, esas primicias son la evidencia de lo que viene. La primicia, para el creyente, es la evidencia de lo que cree que va a pasar.
En el aspecto económico, financiero, muchos preguntan cuándo en la iglesia se recogen las primicias, qué son las primicias, y si son lo mismo que el diezmo. El pueblo de Israel celebraba las fiestas de los primeros frutos, de las primicias.  Las primicias son lo primero que se recibe de algo que tu hiciste, de algo que lograste hacer; es algo que le presentas a Dios, consagrando el resto de lo que vas a hacer. Es un acto de fe delante de Dios, de decir que, si esto es tan solo el comienzo, lo que viene es más grande. El diezmo no es la primicia. Aunque es lo primero, el diezmo es el compromiso consistente de lo que hacemos, pero el diezmo de un negocio no es la primicia de ese negocio porque, si lleva diez años, no puede ser la primicia. ¿Cuándo se deben dar las primicias? El concepto de la primicia sería que abras un negocio nuevo, y le des a Dios los primeros frutos de ese negocio. El diezmo es lo primero de lo que has ganado ese mes.
Siembras un árbol de aguacate (palta), y cuando da los primeros frutos, los entregas. Al hacerlo, lo que estás diciendo es: si estos son los primeros, lo que viene es grande. Si el próximo mes tienes diez aguacates, sacarías uno para el diezmo, y el resto tú los administras. Pero de los primeros, ya tú sacaste las primicias. El diezmo es lo primero de lo que queda consistente. Pero la primicia es un acto de fe que dice: si esto es lo primero, lo que viene es más grande, poderoso.  Esa es la fe que tenemos que tener.
Hebreos 11 dice: es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Esa palabra convicción es la palabra evidencia. La fe es la evidencia de lo que no se ve. Una persona que da la primicia lo que está diciendo es: esto es una evidencia de que lo que viene es mucho más grande. Cuando Jesús llamó a Natanael como discípulo, le dijo: te vi debajo de la higuera, ¿por eso creíste? Te aseguro que no has visto absolutamente nada; lo que estás viendo es el comienzo, el principio.
Nuestra fe es que, cuando nosotros vemos la primicia, si esto es la primicia, lo que viene es más grande. ¿Cómo pensar que la tierra es maravillosa y que Dios te la va a dar, por un racimo de uvas? Esa es la fe, que con la poca evidencia que tienes, es suficiente para tú creer que lo que Dios tiene para ti es más grande de lo que jamás tú habías imaginado, y tú te mueves no porque la tierra sea grande, sino porque las uvas son maravillosas y son una pequeña muestra de todo lo que ha de venir. El problema es que los cristianos no lo ven así, no lo entienden así porque la evidencia es lo posible, y posible no es igual a fácil.
Cuando vas al supermercado, hay pequeños puestos donde te proveen muestras de ciertos productos para que los pruebes. Te dan la evidencia para que, cuando compres la bolsa, ya sepas lo que tienes. Hay otros productos que arriesgarte comprar la bolsa sin la prueba. La marca que te da la prueba lo que dice es: mi producto es tan bueno, que si le doy a la gente a probar, puede provocar que compren. Esa es la idea: que tú pruebes y tengas una evidencia y hagas la compra. Ahí es donde falla la iglesia. La iglesia ve la evidencia, pero nunca compra. Van el domingo a la iglesia a comerse las porciones, y repiten lo mismo semana tras semana, sin darse cuenta que todo lo que Dios te da es la muestra para que algún día compres la bolsa completa. Pero les resulta bueno para probar, mas no para comprar. Y así viven.
El valle de Escol es el lugar donde Dios te da siempre una prueba, una muestra. La pregunta es si estás dispuesto a pagar el precio para comprarlo. Las uvas que has visto, ¿son suficientemente buenas para tú pagar el precio y conquistar? Es difícil, pero las uvas te dicen que esta tierra produce, que en esa tierra se puede prosperar, que hay abundancia.
El día que no haya muestras en el supermercado, comoquiera tienes que comprar. Gracias a Dios que, de vez en cuando, hay muestras; pero si no hay, tienes que ir a comprar comoquiera. Lo que tú no has entendido es que todo lo que tú has visto durante todo este tiempo son las uvas que Dios ha pasado delante de ti para dejarte saber que esta es una tierra de posibilidades, de oportunidades, que su mano está sobre tu tierra, sobre tu país. La pregunta es si vas a comprar la bolsa completa, si te vas a atrever a lanzarte, si ahora vas a estar dispuesto a luchar.
Lo que hace falta es que tú te levantes y digas: esta tierra es demasiado buena para yo dejarla perder, ha sido demasiado buena para yo desperdiciarla; tengo que salir a luchar, a trabajar, a batallar porque lo posible no quiere decir que sea fácil.
Nos movemos por fe, y la fe se deja llevar por pequeñas evidencias.
Piensa en el cheque más grande que tú has recibido en tu vida. Ese cheque son las uvas que han puesto delante de ti. El problema es que llegaste a pensar que eso solo pasa una vez en la vida. Pero no. La evidencia te la pasan una vez en la vida; la pregunta es si tú estás dispuesto a luchar para que eso se repita. Ahora, piensa en la ofrenda más grande que tú has dado, y mira también la disparidad entre lo más grande que has recibido y lo más grande que has dado. La diferencia es gigantesca; lo que te demuestra que Dios siempre te da más de lo que tú jamás puedas dar. Te demuestra que hay más posibilidades de lo que Dios te da, que de lo que tú puedas dar. Te muestra que tú has podido dar más de lo que aún hoy tú piensas que puedes dar. Lo que pasa es que no hay una aspiración de esfuerzo, de trabajo, de lucha, porque piensas que orar por milagros es hacerte la vida fácil.
Dios es el Dios de lo imposible, y tú haces lo posible, pero posible no es igual a fácil.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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