La idolatría y toda práctica de culto a dioses paganos es abominación a Dios. Nos preocupa cómo en habitantes de nuestro bello país proliferan estas prácticas de ocultismo
Jeremías 19:3-4 dice: “Dirás, pues: Oíd palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y moradores de Jerusalén. Así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos. Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes”.
La idolatría y toda práctica de culto a dioses paganos es abominación a Dios.
Por tal razón nos preocupa cómo en habitantes y ciudadanos de este bello país proliferan estas prácticas de ocultismo.
Jesús usó esta palabra: «gehena» como una forma griega del nombre hebreo para señalar el «valle de Hinom». Dando a entender que era como una imagen del infierno (Mateo 23:33).
Este valle de Hinom, es el mismo lugar donde el profeta Jeremías le dijo al pueblo de Judá que Dios traería muerte sobre ellos por sacrificar a sus hijos (Jeremías 19:4-6).
Este lugar había sido el sitio de una maldad tan grande que Jesús usó esta palabra «gehena».
Pero la Palabra de DIOS nos enseña que donde abundó la maldad, sobreabundó la misericordia y la gracia de Él.
En ese lugar en una cueva, el arqueólogo Gabriel Barkay; En 1979 desenterró dos pequeños rollos de plata, donde se encontraron grabadas en hebreo las bendiciones de Números 6:24-26: «El Señor te bendiga, y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz».
Normalmente ese pasaje se lo cantamos nosotros a los cumpleañeros de nuestras congregaciones. Pero hoy se lo dedico a mi país Venezuela.
En aquel lugar «gehena», cerca de la época en la cual Jeremías anunciaba el juicio de Dios sobre la nación, alguien grababa la futura bendición divina en rollos de plata.
Un día, Dios volverá su rostro hacia nuestro país y nos dará paz.
La lección para nosotros es clara. Aun si merecemos lo que nos acontece, podemos aferrarnos a la promesa de Dios.
Su corazón siempre anhela a su pueblo.
Busquémoslo día a día.
Que tengas un hermoso y bendecido día.




