Nuestro Padre le dijo a Jeremías que existen higos buenos, hombres y mujeres que fueron llevados cautivos. También existen higos malos que no son vistos con agrado porque están podridos, tienen gusanos
Durante el verano de 2022, Dios nos permitió ir a un pueblito llamado Benifallim, todas las mañanas recogíamos brevas e higos gotas de la miel. Fue una de esas experiencias inolvidables, estar debajo del árbol de brevas, el olor, pisar con las deportivas el suelo pleno de higos; además de comerlos allí como si fueras benifallimeros, no nos sentimos advenedizos, tenemos lugar y destino. Emilio y Mari nos decían: “Vayan a los bancales, tomen cuanto queráis, nosotros no comemos higos. También pueden recoger almendras; pero del granado que está a la izquierda no arranquen ni una”. Amados, las granadas eran gigantes, con un color apetecible, se veían jugosas, nos gritaban: “¡Llévenme!”, eran tantas; sin embargo, para nosotros todas estaban numeradas, ni pensamos tomar alguna, sólo fotografías iban y venían bajo la belleza de aquel granado que parecía el árbol prohibido para Adán y Eva en el Paraíso. En la Biblia leemos:
“Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer… Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien” (Jeremías 24, RVR60).
Nuestro Padre le dijo a Jeremías que existen higos buenos, hombres y mujeres que fueron llevados cautivos. Hoy, la historia de los desplazamientos se repite, ciudadanos que han salido por diversos motivos, creemos que saldrán más. Todos migrantes por diversos temas y uno en particular, la maldad de unos pocos, que devoran al pueblo inocente, y se gozan viéndolos salir de sus casas, se su terruño y patria. “Inmigrante es como se denomina a la persona que llega a un lugar tras una migración. Emigrante es como se denomina a esa misma persona en el lugar del que se ha ido” (Vía internet). En sí, todos somos migrantes al desplazarnos de un lugar a otro. También existen higos malos que…
“Y como los higos malos, que de malos no se pueden comer, así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto” (Jeremías 24, RVR60).
También existen higos malos que no son vistos con agrado porque están podridos, tienen gusanos. Eso lo vimos en aquellos árboles de Benifallim. Dios no bendice a quien se desvía. Lamentablemente, hay migrantes con un corazón negro, tan negro que no desean cambiar, y eso no tiene nada que ver con la nacionalidad; tiene que ver con la mala semilla que llevan dentro del corazón. Por lo tanto, los malos hijos podrían ser vistos con buenos ojos, si se determinan a ser buenos, si deciden de una vez por todas a sacar de sí mismos los gusanos del infierno; ciertamente, se hace imprescindible imitar al famoso Nicodemo ante el Maestro, Jesús de Nazareth. En resumen, los hijos con el corazón perverso tienen que nacer de nuevo, creer para salvación, regeneración en el Hijo de DIOS.
El tema de los desplazamientos es muy antiguo; tanto así que, Jesús de Nazareth migró a Egipto con María y José. El tema central aquí es que debemos ser disciplinados en el país que nos abrazó; y, además, adaptarnos sin contratiempos, debemos esforzarnos a hacer las cosas bien… Somos higos buenos, hijos que serán alcanzados más temprano que tarde por las bendiciones del DIOS de Israel. Venezuela es tierra de higueras gota de miel, una tierra de gracia que sólo exporta hijos buenos.




