Nuestras incongruencias suelen ser muy cotidianas y ocultas en el hábito o en posturas religiosas. Una mala decisión puede ser incongruente con la fe
“Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en la siega, así no conviene al necio la honra” (Proverbios 26:1).
Acostumbraba con mi esposa a hacer las compras en cierto supermercado y, cuando quisimos evitar un problema que ya se nos había presentado con la tarjeta, solicitamos pagar todo en una sola caja. Una de las supervisoras fue llamada y para nuestra sorpresa nos dijo algo así como, “¿no le parece ilógico que tenga que salir para atender algo que no tiene sentido?”. Después de aquello pensé que lo que realmente no tenía sentido era su trato para con un cliente. Eso me pareció incongruente con su cargo. ¿Abundan las incongruencias en la vida? ¡Claro que sí! Y nuestro proverbio trata una de ellas.
El diccionario enseña que una incongruencia es una “falta de acuerdo, relación o correspondencia de una cosa con otra”. También es incongruente un “hecho o dicho ilógico”. Así, pues, es incongruente quien predica una cosa y vive otra o cuando se habla por hablar. Sin embargo, nuestro proverbio alude a un tipo de incongruencia que es una perla: la incongruencia moral, la peor de todas: cuando se elige a alguien o algo que no conviene. Por ejemplo, fue una incongruencia moral elegir a Abimelec en lugar de Jerobaal (Jueces 9:16-17); también cuando Asuero engrandeció al vil Amán (Ester 3). La narración bíblica nos muestra cuán inconvenientes fueron. De igual manera es una incongruencia moral, que se da mucho, cuando se promueve a los menos capaces.
Pero el asunto no se detiene en el terreno político o económico, también puede ser incongruente el yerro de la iglesia en el cumplimiento de su papel en el mundo. La historia muestra que la cristiandad ―no el cristianismo― ha incurrido en muchas incongruencias. ¿Qué debemos hacer hoy? Debemos velar tanto en lo particular como en lo eclesial. Nuestras incongruencias suelen ser muy cotidianas y ocultas en el hábito o en posturas religiosas. Una mala decisión puede ser incongruente con la fe. Nuestro deber es evitarlas o corregirlas. ¿Ha descubierto alguna en su vida?




