La Biblia nos revela la personalidad de Cristo. Es hombre y es Dios al mismo tiempo. Eso significa que no utilizó su divinidad para hacer más fácil su ministerio terrenal
El Señor Jesús era un hombre de oración. Esto hay que decirlo con mucha precisión: Jesús era una persona que tenía y cultivaba una Vida de Oración. Puede ser que esta declaración parezca simple por demasiado evidente; pero lo hacemos con toda la intención de causar reacciones porque sabemos que ciertamente la vida de Jesús, como hombre de oración no suele impresionarnos.
Eso se debe básicamente a que los cristianos a veces no manejamos conceptos claros acerca de la divinidad de Jesús, y pensamos que como Él es Dios, no tenía necesidad real de orar. De manera que es preciso que vayamos a las Sagradas Escrituras donde encontramos los detalles de la humanidad y divinidad del Hijo de Dios para que podamos entender por qué razón Él mantenía una vida de oración. “…Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8).
La Biblia es sumamente clara cuando nos revela la personalidad de Cristo. Es hombre y es Dios al mismo tiempo, ¡sin ninguna contradicción! Eso significa que no utilizó su divinidad para hacer más fácil su ministerio terrenal. Cuando tenía que comer, comía, cuando tenía que dormir, dormía y cuando tenía que orar, ¡pues oraba!


