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La bendición detrás de la prueba, Yesica de García

El Señor te está formando para usarte como un canal de bendición a través del cual fluya Su amor y poder, y el día de mañana bendecir a otros que vivirán lo que tú estás viviendo hoy

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“De cierto, de cierto les digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24. RVC).
En nuestro caminar como hijos de Dios y discípulos de Cristo habrá ocasiones en que el Señor mismo permitirá que atravesemos por pruebas y dificultades, situaciones que quizás si nos preguntaran si queremos pasar por eso, nuestra respuesta sería: ¡No! Porque son circunstancias que tal vez sentimos que nos sobrepasan, nos llevan a morir a nuestro yo, y exigen mucho más de nosotros de lo que pensamos tener, pero si entendemos primeramente el gran amor que Dios nos tiene será muchísimo más provechoso cada reto o “dificultad” que Él nos permite vivir, pues sabremos que no lo hace con el propósito de destruirnos, sino todo lo contrario, de sacar de nosotros lo mejor, para que llevemos mucho fruto, para Su gloria y para bendición de nuestro prójimo y del entorno donde Él nos ha colocado.
Hay dos cosas que suceden, o que Dios anhela que sucedan en nosotros cuando atravesamos por pruebas y situaciones difíciles: La primera, es que aprendemos a confiar y depender totalmente de Él, pues reconocemos Su grandeza y la gran necesidad que tenemos de Él, entendemos que requerimos mucho más que nuestra sabiduría o conocimiento humano, necesitamos de Su gracia, esa que nos capacita y equipa para afrontar con valentía y salir victoriosos de cada prueba que atravesamos, entendiendo que a fin de cuentas son parte del entrenamiento que Dios está usando para formar en nosotros el carácter necesario para llevar a cabo ese propósito eterno con el cual Él nos formó desde el vientre de nuestra madre, y que al final podamos decirle como Job: “de oídas te había oído más ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).
Lo segundo, es que nos volvemos más empáticos. “Nuestro Sumo Sacerdote (Cristo) comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó”. (Hebreos 4:15. NTV). Empatía (viene del griego ‘empatheia’, afecto, conmoción) es la penetración en los sentimientos de otra persona; la acción y capacidad de imaginar la emoción sentida por otro. La verdad es que cuando atravesamos por pruebas y dificultades, que en el momento quizá sentimos que nos aplastan o nos sobrepasan, es mucho más fácil entender cuando nuestro prójimo atraviesa por lo mismo o algo similar, nos volvemos más sensibles a la necesidad y el dolor ajenos, y esta es una característica de Cristo, pues todo el sufrimiento que nosotros podamos atravesar Él ya lo atravesó primero, por eso nos entiende. La meta es parecernos cada día más a Él, cómo dice Efesios 4:13: “Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo”. Si lo permitimos, por el poder del Espíritu Santo que actúa en nosotros, fluirá ese amor Ágape del Padre, que nos mueve del sentimiento a la acción en pro del bienestar de nuestro prójimo, más allá de solo sentirnos tristes por su dolor, podremos ser la respuesta a su oración poniendo el amor en acción.
En el proceso que tú estás viviendo hoy quizá te sientes solo, te gustaría tal vez tener más apoyo humanamente hablando o más herramientas para afrontar tu situación porque muchas veces no sabes qué hacer, quizá ves la necesidad que hay en esa área donde Dios está permitiendo que tú seas procesado, no es un castigo divino, Dios no te ha dejado ni tampoco se deleita en verte sufrir, no creas esa mentira de tu adversario, el Señor te está formando para usarte como un canal de bendición a través del cual fluya Su amor y poder, y el día de mañana bendecir a otros que vivirán lo que tú estás viviendo hoy. Así que no te rindas, no desmayes, confía en tu hacedor, Él es tu Padre, tu Señor, te ama con amor eterno. La próxima vez que estés atravesando una prueba no le preguntes: ‘¿Señor por qué a mí?’. Pregúntale mejor: ‘¿Señor, para qué?’. Y Él te hará entender que todo eso que estás viviendo es para que Su poder se manifieste en y a través de ti. “Una vez Jesús estaba caminando y vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus seguidores le preguntaron: —Maestro, este hombre nació ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? Jesús les respondió: —No es que hayan pecado ni él ni sus padres, este hombre nació ciego para que en él se muestren las grandes cosas que Dios puede hacer” (Juan 9:1-3. PDT).

Yesica de García
Diseñadora gráfica

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