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La esperanza de los justos, Eduardo Padrón

Nuestra vida es distinta pues sí tenemos una esperanza cierta. Pablo dijo: “es Cristo en vosotros la esperanza de gloria”

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“La esperanza de los justos es alegría; mas la esperanza de los impíos perecerá” (Proverbios 10:28).
En La vida es sueño de Calderón de la Barca, Segismundo dice:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
Una sombra, una ficción,
Y el mayor bien es pequeño;
Que toda la vida es sueño,
Y los sueños, sueños son.

Estos versos reflejan la inconsistencia de quienes no tienen esperanza en la vida. Afirman que «el hombre que vive, sueña lo que es hasta despertar». Triste, ¿verdad? Hay quienes ni sueños tienen.
Nuestro proverbio sigue la línea simple, binaria, de dos elementos que contrasta a justos e impíos y por consiguiente sus respectivas expectativas y destinos. Se dice que la esperanza es lo último que se pierde. Nadie puede vivir ni avanzar en la vida sin soñar, sin cultivar una expectativa, sin una esperanza. Nadie lucha hasta el final si no vislumbra algo de luz.
Pero qué vana es la vida de aquel que nunca ve cumplido lo que ha esperado. Aquí es donde las palabras de Segismundo tienen algo de cierto. La certeza del impío es como la neblina mañanera: se desvanece con el día.
Pero «la esperanza de los justos es alegría», certeza y buena nueva cada mañana. Es fe viva que lo mantiene perseverante en el camino. No hay esperanza si no se tiene fe, pues la fe «es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Es por esto que el creyente no sigue el mismo «camino de locura» de quienes aceptan la muerte como único destino (Eclesiastés 9:3).
Nuestra vida es distinta pues sí tenemos una esperanza cierta. Pablo dijo: «es Cristo en vosotros la esperanza de gloria».

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
[email protected]

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