“La Ley de la oración, es la más alta ley del universo”.- B.J. Willhite

Muchísimos creyentes deambulan por los predios de la iglesia sin conocer verdaderamente a Dios. Su relación con Él se limita a una práctica superficial en la cual sobresalen las peticiones utilitarias. Dios nos está esperando en su presencia para producir en nosotros cambios profundos. Nuestro culto a Dios debe ser mucho más que expresiones efectistas. El salmista David lo comprendió cuando oraba arrepentido después de haber ofendido a Dios con su pecado: “…Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.
Él había comprendido que la religión tiene formas de expresarse que pueden convertirse en prácticas superficiales y rutinarias, pero estaba seguro de que Dios nunca despreciará un corazón humillado. A Dios no le molesta nuestra simpleza. Jamás olvidemos que tenemos que ser como los niños, quienes, por su pureza, son los dueños del Reino. “La Ley de la oración, -dice B.J. Willhite- es la más alta ley del universo”.
Néstor A. Blanco S.
Pastor y escritor



