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La Natividad es para los escogidos

La verdadera Natividad no es para todo el mundo, sino para aquellos que Él elige, se les revela y aceptan vivir en obediencia a la voluntad de Dios

Escena de la película ‘¿Por qué la Natividad?’

Nada más parecido en el mundo actual con aquel célebre día cuando nuestro Rey y Señor vino al mundo, en lo que muchos llaman la primera Navidad o Natividad; realmente solo ha habido una sola, las que se vienen celebrando desde hace más de 14 siglos son una imitación carente de base bíblica y cargada de ingredientes paganos y hasta idolátricos. Pero en la reflexión de hoy vamos a ver la similitud actual con aquella noche apacible, que no fue del 24 al 25 de diciembre, obviamente, debido a factores naturales y bíblicos que no trataremos en esta oportunidad.
Aquel significativo día del nacimiento de nuestro Señor todo permanecía en silencio, no existía el habitual jolgorio que se da por estas fechas, como para mucha gente hoy, el nacimiento de Jesús pasaba desapercibido, lejos del bullicio, en un humilde pesebre rodeado de animales. Igual que hoy, muchos celebran Navidad, pero sin el verdadero valor y significado de esta, que no es otro que el glorioso nacimiento del Hijo de Dios que venía humilde al mundo para traer el mensaje del Reino y morir en la cruz para salvación del hombre, pero solo para aquellos que por su gracia y elección le reconocen y le entregan su vida.
Dice la Biblia en Lucas 2:6-18, acerca de la Natividad de Jesús: «Sucedió que mientras estaban ellos allí [en Belén], se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche. Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: “No teman, porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: hallarán a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”».
De repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace”. Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber”. Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Cuando lo vieron, dieron a saber lo que se les había dicho acerca de este Niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores».
Como antes no hubo lugar para Jesús en ninguna posada, tampoco hay lugar hoy para Él en la mayoría de los hogares y los corazones de quienes celebran en su nombre, pero sin el agasajado, porque han sacado al Señor Jesús de sus celebraciones; es como festejar un cumpleaños sin la presencia del cumpleañero.
En el mensaje del ángel y luego el coro de ángeles a los pastores acerca de Jesucristo, resaltan cuatro puntos importantes:
Los ángeles le dieron a Jesús los tres títulos más gloriosos que existen (vs. 11):

  • Salvador, porque esa era la misión para la cual venía al mundo, pero muchos que dicen creer en Él y celebrarlo, no le han recibido como su único Salvador.
  • Cristo (Mesías o Ungido), habla del respaldo divino con el que venía a la tierra a cumplir con la voluntad soberana del Padre celestial. Solo Él es el ungido de Dios, nadie más; y muchos no creen en su ministerio mesiánico, sino que lo tienen únicamente como símbolo religioso.
  • Señor (YHVY o Dios), nos muestra su condición divina, aunque estuvo en un cuerpo humano, Él afirmó en el evangelio de Juan en varias ocasiones que era el ‘Yo Soy’, el mismo ‘Yo Soy el Que Soy’ que se le reveló a Moisés y del que hablan los profetas y los Salmos. «El Padre y yo uno somos», afirmó Jesús. No entendemos si Él es Dios, cómo muchos lo rebajan poniendo a sus criaturas a su nivel, inclusive llamándoles corredentores (salvadores junto con Jesús).
  • El cuarto punto del mensaje angelical es la respuesta por la cual muchos no son creyentes reales y discípulos de Jesús, sino creyentes religiosos que a pesar de que celebran su nacimiento, en realidad no le tienen como su único Señor y Salvador; y lo hallamos en el versículo 14 del evangelio de Lucas 2 que venimos tratando, que dice: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace». Hay una traducción muy usada en la religión tradicional que dice: «Y en la tierra paz para los hombres de buena voluntad»; dando a entender que la gente por sus obras, por su buena voluntad tendrán la paz de Dios y serán salvas (salvación por obras), cuando la Biblia dice que es «por gracia, por medio de la fe» a quienes Dios se les revela.

Otras versiones dicen de la siguiente manera:
«Y paz en la tierra a los que son de su agrado» (Castilla).
«Y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad» (NVI).
«Y en la tierra paz entre los hombres de su elección» (BTX).
«¡Paz en la tierra a todos los que gozan de su favor!» (RVC).
Eso significa que no es para todo el mundo, sino para aquellos que Él elige, se les revela y aceptan vivir en obediencia a la voluntad de Dios. Entonces, Jesucristo vino al mundo por los suyos, los de su agrado, de su complacencia, de su voluntad, de su elección.
La Biblia enseña que el Padre celestial nos escoge: «He manifestado tu nombre a aquellos que del mundo me diste; tuyos eran, y tú me los diste, y han obedecido tu palabra», dijo Jesús (Juan 17:6).
Recordemos siempre esto: Jesús no vino a salvar a todos, sino a muchos, Mateo 20:28, expresa: «Imiten al Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos».
Cuando celebre la Navidad recuerde que el personaje central de ella es nuestro Rey y Señor Jesucristo; no olvide que su misión es salvar a quienes le aceptan sinceramente como su único Señor y Salvador. Quiera Dios que su corazón, respetado lector, sea el pesebre ideal para que Jesucristo nazca en él hoy mismo.

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