Todos estos peligros del liderazgo: el orgullo, la lujuria, la codicia, el poder, la ofensa, el desánimo y la ansiedad deben tomarse en serio si queremos ser líderes-siervos eficaces en nuestras respectivas esferas de ministerio
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Hechos 20:28.
Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren. 1ª Timoteo 4:16.
“Diles a mis pastores que me devuelvan MI IGLESIA. Diles que NO SON SUS ovejas, sino MIS ovejas, diles que, si no las aman, las cuidan y las alimentan YO MISMO las llevo a otro rebaño. Diles que son simplemente los mayordomos que he puesto para cuidar de ellas. Diles a mis pastores que YO les he dado recursos para que edifiquen MI REINO y no el suyo”.
En toda ciudad y nación donde Dios nos ha permitido estar nos estamos hallando con pastores que han caído moralmente, que han sufrido grandes divisiones en sus iglesias, que han pasado por un divorcio, que han caído enfermos de gravedad o en algunos casos que han muerto prematuramente. Las razones de esto son variadas, pero casi sin excepción las causas son consecuencia de lo que yo he observado como los siete peligros del liderazgo Espiritual.
Los promedios de ministerios en crisis son alarmantes, el desánimo, la depresión, los problemas familiares, la infidelidad, el divorcio y aún el abandono al ministerio están creciendo cada día más.
Pastores en homosexualismo, doctrinas falsas (Patriarcado), pastores autosuficientes y muchos otros males son parte de una Iglesia enferma que necesita entrar en arrepentimiento para evitar el ser expuestos y avergonzados.
Aunque en Latinoamérica no se han hecho estudios ni encuestas sobre el tema, creo que las siguientes estadísticas son indicativas de lo que está ocurriendo en nuestros medios y parece que todos queremos ignorarlo o simplemente negar lo que ocurre siempre y cuando no nos afecte personalmente.
Al ministro:
- 75 % de los pastores reportan una crisis estresante al menos una vez al mes.
- 40 % reportan un serio conflicto con uno de sus miembros mensualmente.
- 85 % dicen que su mayor problema es el estar cansados de lidiar con la gente.
- 70 % de los pastores reportan batallar con la depresión.
- 50 % de los pastores están tan desanimados que abandonarían el ministerio si hallaran otra manera de vivir.
A sus familias:
- 80 % de los pastores y 84 % de sus cónyuges viven desanimados y batallan con la depresión.
- 40 % de los pastores y 47 % de sus cónyuges sufren de desgaste físico y emocional por sus agendas y las demandas del ministerio.
- 49 % reportan que sus familias han sufrido significativamente como resultado de las presiones y demandas del ministerio.
- 80 % de los pastores reportan que el ministerio ha afectado negativamente a sus familias.
- La mayoría de los cónyuges dijeron que el evento más destructivo para su familia fue el día que sus esposos entraron al ministerio.
- 50 % de los matrimonios pastorales terminan en divorcio.
- Cerca del 40 % de los pastores confesaron haber tenido una relación sexual extra marital.
- 95 % de los pastores no oran regularmente con sus cónyuges.
- En los EUA más de 15.000 pastores abandonan el ministerio anualmente.
Toda profesión, incluido el ministerio y el liderazgo cristianos, tiene sus peligros, siete de los cuales repasaremos brevemente aquí sin ningún orden en particular. Estos siete peligros potencialmente destructivos del ministerio y el liderazgo cristianos son: el orgullo, la lujuria, la avaricia, el poder, la ofensa, el desánimo y la ansiedad. ¿A cuál de estos eres más vulnerable? Es nuestra responsabilidad conocer nuestras fortalezas (dones) y debilidades (vulnerabilidades) para que podamos ser tanto ofensivos como defensivos en la batalla espiritual de la vida y la obra del reino. ¿Podría sugerirle que lea este artículo en su grupo de apoyo y comparta cómo se clasifican estos peligros en su propia experiencia?
1. Orgullo.
Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamiento de impíos, son pecado. Proverbios 21:4.
El orgullo es lo que hizo que Satanás cayera del cielo. El orgullo es una autoestima desmesurada; una tendencia a ser ostentoso y llamativo. En otras palabras, el orgullo es egoísmo y arrogancia. Muchos no se dan cuenta de que el orgullo es casi siempre el manto de la inseguridad y los celos: el miedo a ser desplazado. Lo opuesto al orgullo es la humildad, que literalmente significa ser de mente baja. Las personas humildes no tienen problemas para reconocer y alabar la gracia de Dios en los demás. Jesús fue el epítome de la humildad.
Las personas humildes son grandes aprendices, mientras que las personas orgullosas lo saben todo. Los humildes siempre están en un viaje de descubrimiento, mientras que los orgullosos ya han llegado a su destino final. Si usted y yo queremos ser líderes que perduren, entonces debemos hacer siempre de la búsqueda de la humildad un viaje de descubrimiento sin fin.
Proverbios llega al punto de afirmar que la sabiduría de Dios es la compañera de la humildad. Cuando vives en la presencia constante del Señor es difícil estar orgulloso. Después de todo, comparado con Jesús, ninguno de nosotros tiene nada de qué jactarse. Puesto que yo sólo soy su mayordomo-siervo, soy propiedad de otro y no puedo atribuirme ningún mérito por lo que me ha sido dado. De hecho, lo único de lo que la Escritura nos permite jactarnos (o literalmente, “estar orgullosos”) es del Señor mismo, específicamente de que somos receptores de sus atributos y acciones de bondad, justicia y rectitud.
La Iglesia hoy día padece de APOSTOLITIS, una grave enfermedad cuyos síntomas son el querer vivir la Gloria sin pagar el precio de la Cruz. La Biblia dice que algunos se desvían a VANA PALABRERÍA, queriendo ser doctores de la ley sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. Aquí la palabra habla de muchos quienes suponen ser maestros, les gusta oírse a si mismo hablar, pero no tienen nada sustancioso que decir (1ª Timoteo 1:6-7).
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Mateo 11:29.
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Filipenses 2:3-4.
2. Lujuria o Codicia
Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 1ª Corintios 10:6.
¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! Habacuc 2:9.
Son deseos fuera de control. Pablo advierte que, si no nos esforzamos por disciplinar nuestras pasiones corporales, podemos acabar siendo descalificados para el ministerio, independientemente de lo bien que prediquemos. El perdón del pecado es una cosa, pero la liberación del mal es otra. La lujuria es tan insidiosa y omnipresente. De hecho, el mundo entero ha sido corrompido por la lujuria que se desató en el Edén con la caída de nuestros antepasados originales, Adán y Eva. La única solución para escapar de esta lujuria es renovar nuestra mente, buscar la voluntad de Dios de todo corazón y caminar en el poder del Espíritu Santo. Dado que la lujuria a menudo se asocia con los ojos (y, por extensión, con lo que visualizamos en el “ojo de nuestra mente”), es necesario aplicar una disciplina a lo que nos permitimos mirar.
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 1ª Juan 2:9.
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Santiago1:12-15.
El 53 % de los hombres que asistieron a Hombres de Promesa confiesan haber visto Pornografía la semana anterior.
El 51 % de los pastores admiten que el mirar la pornografía en el internet es su mayor tentación.
3. Avaricia o Codicia
Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Lucas 12:15.
La vida cristiana no consiste en los bienes que posees sino en los ideales que persigues.
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre. Hebreos 13:5-6.
Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 2ª Pedro 2:1-3.
La avaricia es verdaderamente una forma de lujuria que está dirigida a la adquisición de dinero y riquezas especialmente dinero más del que no es necesario para nuestras necesidades. Tal vez el mejor antídoto para esta enfermedad espiritual es buscar el contentamiento, es decir aprender a limitar nuestros deseos por las cosas esenciales y no por las que deseamos materiales. Dios prometió suplir nuestra necesidad no nuestra avaricia.
disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1ª Timoteo 6:5-10.
4. Poder y Control
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45.
El Poder es la habilidad de controlar tomar autoridad o influenciar a otros. El Poder está directamente relacionado con el tener control y adueñarse sobre otros. El peligro grande del Poder es el olvidarnos de nuestra condición de server y ser siervos. Hemos oído el adagio “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Cualquiera sea el poder, control o autoridad que Dios nos ha permitido ejercer, debe ser solamente para empoderar y promover a aquellas personas y causas que le den la Gloria a Él solamente. Dios te da autoridad para empadrar, liderar y proveer cobertura a tus hijos espirituales. Para que seas cobertura y no tapa.
5. Ofensa
Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. Hechos 24:16.
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. Santiago 1:19.
La ofensa es un hecho de la vida. Cuando nos ofendemos, tropezamos, generalmente por ira ante alguna injusticia cometida. Nuestro sentido de justicia se ve violado y fácilmente emitimos veredictos sobre los demás, que generalmente requieren algún tipo de venganza, pena o castigo. Desafortunadamente, este espíritu de ofensa puede hacer que nos volvamos críticos, acusadores y calumniadores de los demás con demasiada facilidad. Si no aprendemos a desviar la ofensa, siempre seremos parte del problema y no de la solución.
Los líderes que aprenden a lidiar redentoramente con la ofensa se vuelven expertos en la pacificación en lugar de apresurarse a declarar la guerra. Hay un tiempo para la guerra, pero con demasiada frecuencia la guerra entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, miembros de la iglesia y naciones es el resultado de la ira del hombre (o la mujer) en lugar de la justicia de Dios. Como líderes, estamos llamados a ser expertos en desviar la ofensa para capacitar a nuestra gente en la negociación de la paz en lugar de librar guerras incesantes. “Tened sal en vosotros y estad en paz unos con otros” es el mandato bíblico. Porque si no podemos estar en paz unos con otros en la familia de Dios, ¿cómo seremos llamados a llevar su paz a las naciones del mundo?
No reaccionéis siempre en la carne cuando os ofendáis. Aprended a responder en el espíritu adoptando el proverbio: “En lugar de ofenderme, prefiero ser instruido”. Y si sois rápidos para aprender, seréis aptos para enseñar, lo cual es un requisito primordial para aquellos llamados a dirigir al pueblo de Dios.
6. Desánimo o Desmayo
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Hebreos 12:3.
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:9.
DESÁNIMO significa privar de valor o confianza o descorazonar. En hebreo, desanimar significa literalmente “dejar las manos colgando”. En otras palabras, cuando uno está desanimado no tiene fuerzas para levantar las manos y trabajar por temor a que el peligro, la oposición o las dificultades hagan que nuestros esfuerzos sean en vano. Entonces, ¿para qué esforzarse? No nos equivoquemos, Dios quiere que todos sus siervos vivamos en este mundo con un espíritu de valor para enfrentar cada día.
El objetivo clave del enemigo es sembrar el desánimo en nuestros corazones para que no podamos persistir en la obra del Señor, especialmente cuando las dificultades se acercan o continúan arremolinándose a nuestro alrededor. Incluso si usted o yo necesitamos hacer alguna corrección importante en el rumbo de la vida o en el ministerio, debemos hacerlo con un espíritu de ánimo de que Dios nos está guiando en otra dirección. Siempre debemos resistir la tentación del desánimo porque incluso cuando Dios nos está disciplinando, lo hace solo para nuestro beneficio final. Puede que no nos sintamos felices por ello todo el tiempo, pero incluso cuando nos sentimos infelices por las circunstancias, tenemos todo el derecho a sentir el gozo del Señor como nuestra fortaleza.
¿Es usted propenso al desánimo? Esta tentación es un grave peligro que nos acosará en el liderazgo hasta que aprendamos a perseverar en las pruebas y a confiar inquebrantablemente en el Señor con todo nuestro corazón, incluso en tiempos de oscuridad.
Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. 1ª Corintios 15:58.
Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. 2ª Tesalonicenses 3:11.
7. Ansiedad y Afán
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Mateo 6:34.
La ansiedad es una sensación anormal y abrumadora de aprensión (o miedo), a menudo marcada por la duda sobre la propia capacidad para hacer frente a un desafío inminente de algún tipo. La ansiedad aguda puede incluso llegar a ser prácticamente paralizante y requerir medicación y terapia intensa para hacer frente al mero funcionamiento del día a día.
Como líderes estamos llamados a superar personalmente nuestros miedos y aprensiones para ser un ejemplo de cómo otros pueden experimentar la paz y la fortaleza de Dios a medida que aprendemos a vivir por gracia a través de la fe. Una vez más, aunque todos luchamos con la ansiedad a veces, varios líderes son más susceptibles que otros. Algunos profesionales de la salud rastrean la ansiedad como sintomática de aquellos que han sido dejados demasiado solos en su infancia o juventud. La ansiedad casi siempre se relaciona con un miedo al futuro. Como resultado, la ansiedad puede aliviarse en gran medida cuando aprendemos a vivir en el aquí y ahora.
Jesús dijo que no nos preocupáramos por el mañana porque el mañana se preocupará por sí mismo. La implicación es que en lugar de preocuparnos por el pasado u obsesionarnos por el futuro, debemos centrar nuestra atención en el ahora de nuestra existencia. Esto no quiere decir que esté mal resolver el pasado o planificar con esperanza el futuro. Más bien, no debemos permitir que la preocupación por el pasado o el futuro usurpe la principal realidad de nuestro ser: el aquí y ahora. Después de todo, el pasado está en el pasado y el futuro esperará hasta que lleguemos allí. Pero como Jesús prometió que nunca nos abandonaría, tenemos una razón para nuestra confianza para afrontar cada día.
Todos estos peligros del liderazgo: el orgullo, la lujuria, la codicia, el poder, la ofensa, el desánimo y la ansiedad deben tomarse en serio si queremos ser líderes-siervos eficaces en nuestras respectivas esferas de ministerio. Amigo mío, ¿cómo te va con estos peligros? ¿Estás luchando con uno o dos en particular? Si es así, por favor comparte esto con tu cónyuge y/o grupo de apoyo para oración, consejo y rendición de cuentas. Tú y yo estábamos destinados a ganar. Ningún plan del enemigo puede prevalecer contra nosotros si con humildad, verdad y gracia enfrentamos nuestros temores y tentaciones. Junto con nuestros colaboradores en Cristo, enfrentemos con valentía los peligros de nuestro llamado con confianza en un Dios que prometió terminar la obra que también comenzó en nosotros.
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Filipenses 1:6.
Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 6Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. 7Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno. 2ª Corintios 13:5-7.
Hector Torres
Apóstol, conferencista y autor
Hispanic International Ministries




