Orar devocionalmente debe convertirse en un estado de vigilancia constante que evite que caigamos en el foso de la rutina espiritual
La oración tiene que ir más allá de ser una actividad religiosa que llena la liturgia tradicional de la congregación. No podemos seguir conformándonos con hacer oracioncitas de emergencia como cuando llamamos a los bomberos para que nos saquen de un aprieto. Orar devocionalmente debe convertirse en un estado de vigilancia constante que evite que caigamos en el foso de la rutina espiritual.
La oración ha sido muy poco trabajada en la iglesia. Lo que la gente entiende y practica como oración tiene que ver con una “estructura” o una “actividad” que a veces tenemos el atrevimiento de llamar “devocional”; en la cual “orar” y leer la Biblia son actividades que están incluidas. Nuestra mente se presta para seguir con facilidad “pasos” metodológicos como, por ejemplo: “Los siete pasos para ser exitoso” o “Cómo orar durante una hora” o hacer una exhibición de nuestras “oraciones contestadas”, etc. No es así como funciona la oración.
Tenemos que aprender a experimentar momentos de asombro y adoración ante la presencia del Señor EN oración. ¿Oramos PARA conseguir algo de Dios o lo hacemos para ENTRAR en su presencia? Las dos cosas son ciertas, pero generalmente la primera nos domina. Oigamos al salmista: “…a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmo 5:1-3).




