En el pasado había un único modelo aplicable casi al cien por ciento, hoy tenemos varios modelos de pastores. Entre ellos los hay buenos, aceptables, tolerables y, otros, altamente cuestionables
Los pastores son vistos como gigantes de la fe.
Para la mayoría de los creyentes y personas fuera de la iglesia, un pastor es un modelo de devoción espiritual.
Se les consideran hombres de Dios dotados de virtudes y de una unción poderosa para guiar a las personas a Dios y ayudarles a sostener la fe.
En el pasado había un único modelo aplicable casi al cien por ciento de los predicadores de la Palabra.
Sin embargo, hoy tenemos varios modelos de pastores. Entre ellos los hay buenos, aceptables, tolerables y, otros, altamente cuestionables.
Veamos estos perfiles.
1. Pastores ejecutivos o líderes.
Este es el tipo de ministro que ha pasado a ocupar las máximas posiciones dentro de las organizaciones y entidades de la comunidad de fe.
Aquí entran los superintendentes, supervisores, obispos y presidentes de concilios, movimientos y entidades para eclesiásticas.
Lo común es que lleguen a ocupar estos cargos gracias a la experiencia, capacidad, testimonio y dedicación a la obra de Dios.
Sin embargo, en los últimos años no es fácil llegar a una de estas posiciones por pura gracia y marca del Espíritu.
Por eso ya se hacen comités de campañas, se invierten muchos recursos y hasta se paga por el voto.
Es casi seguro que detrás de cada uno de estos cargos ha habido mucho esfuerzo paramente humano. Aunque siempre hay sus excepciones.
2. Pastores profesionales.
Durante toda la historia del cristianismo y la fe, lo común era que los ministros de Dios recibieran un llamado para trabajar en la obra del Señor. Siempre había alguna evidencia sobre la vocación espiritual.
Primero era el llamado y, luego, venía la preparación en un seminario o centro teológico.
Con el paso del tiempo lo del llamado ya ha sido relegado a un último plano. Basta solamente con prepararse y obtener una credencial para ponerse al frente de una iglesia, un departamento o ejercer cualquier ministerio.
El ministerio ha pasado a ser una especie de carrera como otra cualquiera.
Por eso las iglesias y los cargos se han estado convirtiendo en patrimonios de familias, allegados y relaciones de influencias.
3. Pastores políticos.
Que un pastor incursionara en el mundo de la política era algo prácticamente inconcebible hace algunos años.
En los nuevos tiempos no sólo son miembros de partidos y simpatizantes públicamente de candidatos, sino que, además, ellos mismos están corriendo para posiciones políticas.
Los hay que han corrido para presidentes de la República, senadores, diputados, síndicos, regidores y cargos públicos.
Esta relación se ha producido por la posición de liderazgo que ha alcanzado el ministerial pastoral en las comunidades y el acercamiento de los partidos políticos hacia ellos como puentes entre partido e iglesia.
4. Pastores asalariados.
Al hablar de un pastor asalariado no nos referimos a que reciba dignamente un pago por su labor ministerial. Mas bien, el termino significa que ejerce la obra más por el interés económico que por el de las almas.
El pastor asalariado no siente preocupación por el estado de la obra ni la situación de las ovejas. Él ve al lobo venir, pero deja que destruya a las ovejas, pues carece de amor, cuidado, empeño y deseo de bienestar por el rebaño.
Esto equivale a pastorear una iglesia por el interés más que por el bienestar del pueblo.
5. Pastores carnales.
Al pensar en un pastor honesto inmediatamente nos hacemos la idea de alguien que mantiene una vida de comunión permanente con Dios. Alguien que ora, ayuna, escudriña la Palabra y teme a Dios.
Pero hay pastores que no hacen ninguna de estas cosas. Algunos alegan no tener tiempo y que la misma obra los deja sin espacio para nada.
Estos ministros ejercen sus tareas al igual que un jefe de compañía. Lo hacen por puro instinto, capacidad intelectual y humana, pero sin que medie lo espiritual.
Hay pastores que se pasan tiempos sin leer la Biblia, sin orar, sin meditar y todo lo que hacen es de forma mecánica.
Sus predicas son puramente técnicas, sin revelación divina, sin inspiración, sin profundidad y completamente en la carne.
6. Pastores espirituales.
Estos son lo opuesto a lo descrito anteriormente.
Este tipo de pastor vive una vida devocional aceptable, ora, estudia la Palabra, medita y busca la dirección de Dios en todo.
7. Pastores manipuladores.
Los pastores carnales, ambiciosos y asalariados utilizan mucho la manipulación para lograr sus propósitos.
Las actividades que programan en la iglesia están más enfocadas a lo material que a lo espiritual.
Estos han sustituido las jornadas de oración y búsqueda de Dios por congresos pagados, cultos de primicias, conciertos con boletas…
8. Pastores sanos.
Este es el pastor perfecto hablando en el mejor de los términos.
Este ha recibido un llamado de Dios y ha emprendido la tarea con sinceridad, responsabilidad, devoción y gran amor a las almas y a la membresía.
Asumen la tarea como una comisión directa de Dios y viven en intima comunión permanente con el Señor deseoso de contar siempre con la unción y la presencia del Espíritu en sus vidas.
Permanentemente oran, meditan y escudriñan la Palabra.
Hablan con sabiduría divina, son un gran ejemplo y aconsejan con sapiencia de Dios.
9. Pastores diligentes.
Este tipo de pastor no descuida la iglesia. Siempre está buscando la dirección de Dios para que lo ayude a desarrollar la obra, edificar a los creyentes y alcanzar las almas para Cristo.
Permanece atento a las necesidades de los creyentes visitándolos en sus hogares, en los hospitales y en sus problemas. Siempre anda lleno de la Palabra y de unción para ministrar. Donde llega se siente la presencia divina.
Conocí en Puerto Rico a un pastor que al aproximarse a la casa donde había un endemoniado los espíritus empezaron a gritar y a salir del cuerpo.
No solamente ve los números, sino que cada miembro en particular cuenta mucho para él.
10. Pastores negligentes.
Este tipo de pastor actúa simplemente como un administrador.
No le preocupa los problemas de los creyentes ni las necesidades de la iglesia.
Vive un día a día esperando sólo recibir su salario.
Carece totalmente de entusiasmo.
No planifica nada y convierte la iglesia en una rutina permanente.
11. Pastores heridos.
Estos son los pastores que han tenido buenas intenciones y que viven una vida espiritual sana, pero los problemas en el ministerio los han afligido.
Unas veces puede ser las duras tareas de la iglesia, los ataques, la poca apreciación y, otras, los problemas dentro de la misma institución a las que pertenecen.
Un pastor herido no fluye con libertad en Dios.
Puede que viva deprimido, afligido, amargado y sin deseos de seguir adelante.
En una encuesta realizada en el Concilio Lagoinha Global del Brasil, el 37 % de los pastores consideraban abandonar el ministerio, el 44 % declaró haber sufrido problemas emocionales (incluyendo depresión, agotamiento e ideación suicida) y el 84 % dijo que nunca había recibido apoyo emocional de la denominación.
12. Pastores débiles con el sexo opuesto.
Church Vitality Network describe bien a este tipo de pastor al decir que, en los últimos años y días, la comunidad cristiana ha sido sacudida por una serie de escándalos que involucran a pastores que han cometido pecados graves, especialmente transgresiones sexuales, dentro de sus congregaciones.
“Desde líderes de megaiglesias hasta ministros de pequeños pueblos, estas revelaciones han sacudido la fe de muchos y han planteado preguntas críticas sobre la rendición de cuentas, la transparencia y la responsabilidad de las iglesias en la protección de sus miembros”, dice.
En el artículo explora el fenómeno de la mala conducta pastoral, sus consecuencias y la perspectiva bíblica sobre el liderazgo y el pecado.
13. Pastores deshonestos y ambiciosos.
En marzo de este año, la policía brasileña arrestó a Vorcaro y al pastor Zettel por su papel en lo que el ministro de finanza calificó como lo que podría ser el mayor fraude bancario en toda la historia del Brasil, ascendente a 9.7 mil millones de dólares.
El pastor es tenido como el principal operador del fraude debido a que posee varias compañías que hacen negocios con el banco.
Entre octubre del 2024 y enero del 2026 hizo transferencia desde la Iglesia Lagoinha Belvedere por unos $8.35 millones.
14. Pastores en crisis espiritual.
Este tipo de pastor ha entrado en un agotamiento total.
No siente deseo de orar, leer la Biblia y mucho menos atender a su propia misión en la iglesia.
Hace unos cuantos años un ministro me confesó que ya no quería seguir predicando.
“Ya no sé de qué más hablar”, me dijo.
No es lo mismo ir a la Biblia a leer por devoción que batallar con ella buscando un mensaje.
Y no es lo mismo ir a la iglesia a cantar y escuchar un mensaje que tener la responsabilidad de que todo marche bien y dar una palabra que motive a los demás.
Church Leader dice que una crisis espiritual en la vida pastoral suele surgir cuando las exigencias del ministerio —como las largas jornadas, el trabajo emocional y las altas expectativas— conducen al agotamiento, la pérdida de fe y una sensación de sequedad espiritual.
Esto puede manifestarse como la ‘noche oscura del alma’, donde la oración se siente lejana, los sermones se sienten vacíos y el propio sentido de vocación del pastor se cuestiona ante los líderes de la iglesia.
Samuel Santana
Colaboración independiente




