Nuestro proverbio señala que la pomposidad en un necio es tan molesta como un gobernante mentiroso. Una es tan engañosa como la otra. Y es que pareciera imposible gobernar sin mentirle al pueblo
“No conviene al necio la altilocuencia; ¡Cuánto menos al príncipe el labio mentiroso!” (Proverbios 17:7).
Este proverbio me hizo recordar una cita del libro de Jean Francois Revel, El conocimiento inútil: “Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira”. Son varios los pensamientos en esta obra que hacen reflexionar sobre el papel de la mentira. Hoy recibimos más información de la que podríamos haber tenido nunca, pero no sabemos cuánta es verdad, un privilegio que parece ser el monopolio de pocos. El trigo nos llega con mucha paja.
Nuestro proverbio señala que la pomposidad en un necio es tan molesta como un gobernante mentiroso. Una es tan engañosa como la otra. Y es que pareciera imposible gobernar sin mentirle al pueblo. Señala César Vidal en su libro Un mundo que cambia, citando a Aristófanes: “Oh, pueblo, qué bello es tu gobierno. Todos te temen como un tirano. Sin embargo, no resulta difícil llevarte a donde quieren. Te gusta que te adulen y te regañen. Siempre estás escuchando a los charlatanes que están con la boca abierta y tu espíritu viaja lejos aún sin salir de casa”. No hay duda, la mentira tiene un alto valor pragmático por ser ingrediente infaltable de una receta que nunca les falla a los políticos y menos a los que están en ejercicio.
Es verdad que la advertencia del proverbio está en la inconveniencia de tener líderes mentirosos, pero la mentira alcanza su objetivo si hay quien la cree. Como nación y, especialmente como pueblo de Dios, tenemos que ser perspicaces ante esta realidad. Por tanto, esto tiene que ser lección y advertencia para nosotros. ¿Qué piensas?




