Tener seguidores es brutal, pero discípulos es de alto impacto. Ahora bien, ser seguidor es bueno ya que no tienes compromisos, pero ser discípulo es ser responsable de multiplicar las enseñanzas
El mundo en el que vivimos está lleno de vaciedad relacional de magnitudes poco medibles. Todos quieren tener seguidores en redes sociales que le den like a una publicación o en su defecto, que tu contenido se haga “viral” por el número de reproducciones que consigas.
Los seguidores son buenos hasta un punto, sin embargo, la gente se cansa de seguirte cuando lo que haces no lo divierte, lo entretiene o peor aún, si no lo sorprende.
Jesús tenía mientras estuvo en la tierra miles de personas que le daban like a sus sermones, se maravillaban con los milagros, sus emociones eran conmovidas cuando se enfrentaba a la estructura política o religiosa, pero ¿qué pasó después de su último milagro (resurrección de Lázaro)? Al cesar las maravillas lo dejaron paulatinamente de seguir y luego lo crucificaron.
Sólo un grupo sobrevivió a las emocionantes maravillas del Hijo de Dios. Esos que, dejaron su vida para seguir a quien durante siglos habían esperado como pueblo. A ese que los libraría del yugo de este mundo, aquel del cual los profetas por boca de Dios dijeron: “de la descendencia de David viene un Rey cuyo trono es eterno”.
Esos pocos no le daban like a los milagros, aprendían de cada episodio. No se emocionaban con los discursos, tomaban nota de las enseñanzas. No hacían de algo extraordinario una historia que contar, sólo entendían que era normal que el Hijo de Dios lo hiciera. No miraban las multitudes como algo de que enorgullecerse, las veían con compasión porque estaban perdidas y sin pastor. No buscaban su propio beneficio, más bien servían en una causa que tenía implicaciones eternas.
Si te pregunto ahora ¿qué diferencia a ambos grupos? La respuesta es una sola palabra: Discípulos. Ellos tuvieron el privilegio de tener cara a cara al Rabino más grande y en quien todo lo que se había enseñado se cumplía.
¿Qué pasó con los seguidores? Se fueron, buscaron otro circo, otro que les enseñara fábulas o hiciera milagros falsos a capricho. Es más, me atrevería a decir que ni de la resurrección se enteraron, porque en el libro de los Hechos quienes lo vieron luego de la resurrección fueron sus discípulos.
Líder: tener seguidores es brutal, pero discípulos es de alto impacto. Ahora bien, ser seguidor es bueno ya que no tienes compromisos, pero ser discípulo es ser responsable de multiplicar las enseñanzas.
¿Quién es tu maestro? ¿Te pareces a él o a otro más?
Nota: Este artículo se escribió sin inteligencia artificial.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn




