Solo Dios puede cumplir los pactos, Otoniel Font

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Dios es el único que dio su vida por nosotros. Dios es el único que estaba dispuesto por muerte a hacer un pacto por nosotros.

No es correcto hacer juramentos y promesas en vano, porque no sabemos si podrán ser cumplidas. El único que tiene el poder de hacer cumplir realmente todos los pactos es Dios.
Un pacto con Dios es que voy a dar una ofrenda a tal día, o pacto con Dios que voy a ayunar, que voy a orar tales días. Pero la palabra pacto no es la palabra más correcta. Dios es el único que puede cumplir con los pactos. Dios es el único que dio su vida por nosotros. Dios es el único que estaba dispuesto por muerte a hacer un pacto por nosotros.
Por esto, no puedes estar jurando todo el tiempo por cualquier cosa.
Vamos a la división del libro de Mateo, capítulo 5, el verso 33 al 37, habla específicamente de los juramentos:
“Además, habéis oído que fue dicho a los antiguos. No perjurarás sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo digo, no juréis en ninguna manera, ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey, ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello, pero sea vuestro hablar sí, sí, no, no, porque lo que es más de esto del mal, procede”.
Las palabras de nuestro Señor Jesús Cristo, interpretando lo que la ley decía en la antigüedad acerca de hacer promesas y hacer juramentos. Hay varias cosas que quiero llamar tu atención antes de ir a la parte práctica de este mensaje para que lo apliquemos a nuestra vida en el día de hoy.
Primero, hagamos una diferencia, entre lo que es un juramento, un voto, y puedo añadir una palabra más, que es la palabra pacto. Cuando hablamos en términos bíblicos, muchas veces en la iglesia usamos, hagamos un pacto con Dios, voy a hacerle un pacto a Dios, porque decimos en nuestra mente la palabra pacto es para hablar de un compromiso. En otras palabras, pacto con Dios que voy a dar una ofrenda a tal día, o pacto con Dios que voy a ayunar, que voy a orar tales días. Pero la palabra pacto no es la palabra más correcta, hablando bíblicamente, porque el conocimiento o el contexto o la importancia de un pacto hablando en términos bíblicos, nosotros como seres humanos, no lo podemos cumplir. El pacto conllevaba muerte. Cuando una persona rompía un pacto conllevaba simplemente que tú ibas a morir, era una entrega total.
Por eso, la palabra pacto en realidad se hace o se deja únicamente para Dios. Dios es el único que puede cumplir con los pactos. Dios es el único que dio su vida por nosotros. Dios es el único que estaba dispuesto por muerte a hacer un pacto.
Nosotros realmente no podemos hacer un pacto con Dios, ni con nadie. Ese no es el término correcto. La realidad es que lo que nos queda a nosotros para ese tipo de experiencia o de relación son dos niveles y es el voto y el juramento. Y la diferencia básica entre un voto y un juramento es que un voto se lo hacemos a Dios, es un compromiso que yo hago dirigido a Dios y es hacia Dios.
En otras palabras, yo puedo decir, Señor, yo hago un voto contigo de que voy a orar tales días de la semana y voy a creer por esto en específico. Yo hago este voto, me comprometo que voy a hacer este voto y lo haces con Dios y hacia Dios. Cuando hablamos de un juramento, lo hacemos entonces con otras personas, sabiendo que lo estamos haciendo delante de Dios.
Un juramento es lo que yo le digo y el acuerdo que llego con otros, sabiendo que cuando hago un juramento, hago ese compromiso formal, lo estoy haciendo delante de Dios y Dios ratifica esa palabra que yo estoy dando. Dios mismo es quien espera que yo cumpla la palabra que se dio.
Así que esos términos son importantes entenderlo para ver la dimensión espiritual de lo que debe ser la integridad de cada uno como creyentes y el cuidado que tenemos que tener con nuestras palabras día a día.
En Mateo capítulo cinco al verso 33 al 37, realmente no están prohibiendo de forma total el hacer un juramento a una persona. Cuando nosotros miramos la Palabra del Señor, esa no es el espíritu o la esencia de lo que el Señor está diciendo. No está diciendo que tú no puedes hacer un juramento con alguien, que tú no puedes llegar a ese punto de hacer ese compromiso espiritual y de conexión con una persona, básicamente lo que el Señor está explicando, que no puedes tomar eso en vano, que no puedes estar jurando todo el tiempo jurando por cualquier cosa o por cualquier razón en la vida.
Esto lo vemos claramente en la Biblia, en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, donde hubo hombres que hicieron pactos e hicieron declaraciones de tal magnitud con otros hombres y que son ratificados en la Palabra de Dios. Por darte algunos ejemplos, Génesis, capítulo 24, donde la Biblia nos habla cómo Abraham hizo que su siervo Eliezer hiciera un juramento con él y se comprometa de que le buscaría la esposa correcta, la esposa para su hijo asignada por Dios. Y hace un pacto, no debo decir un pacto, un juramento con Eliezer y hacen toda una ceremonia dentro de ese proceso para establecer esa palabra y ese vínculo.
También vemos a un Jacob pidiéndole a José que le jure que va a cuidar de sus hermanos luego de que él muriera y vemos a José también jurando a sus hermanos que iba a cumplir esa palabra. Cuando nosotros vamos un poquito hacia el Nuevo Testamento, nos damos cuenta en el libro de Segunda de Corintios, capítulo 1, el verso 23 al 24, que el apóstol Pablo también usó palabras de juramento delante de Dios cuando dijo, Más yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto.
No que nos enseñáramos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo, porque por la fe estáis firmes. Pablo dice, ¿sabes qué? Delante de Dios te estoy diciendo estas cosas. Te estoy delante de Dios diciendo que mi palabra de la palabra, la he dado, la he cumplido de esta manera. Aún más, en el libro de Hebreos, capítulo 6, el verso 16 al verso 20, observamos cómo aún el mismo Dios hace juramento con el hombre, diciendo así. “Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación”. Esa es una parte de una enseñanza importante, el juramento es el fin de toda controversia. Cuando alguien llega a jurar, se supone que ahí, tú no dudes, se supone que ahí se acaba toda controversia.
Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa, la inmutabilidad de su consejo interpuso juramento para que por dos cosas inmutables, en las cuales imposible que Dios mienta, tenga un fortísimo consuelo lo que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como segura y firme ancla y penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote, para siempre según el orden de Melquisedec.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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