No tener tiempo para orar se ha convertido en una crisis que explica la razón de la tibieza espiritual y el fracaso de millones de cristianos
“No tengo tiempo para orar” es el título de un maravilloso libro escrito por el pastor Bill Hybels; quien confiesa con humildad que la oración nunca había sido el “fuerte” de su vida, hasta que en una encrucijada de angustia se arrojó suplicante a los brazos del Señor.
No tener tiempo para orar se ha convertido en una crisis que explica la razón de la tibieza espiritual y el fracaso de millones de cristianos. Mientras hablábamos con los participantes de una conferencia de pastores, acerca de la vida de la oración, se nos acercó un joven ministro, líder de una congregación de varios miles de personas. Él estaba muy interesado en la enseñanza, y nos manifestó sin rodeos que no había dedicado mucha atención al asunto de la oración, entre otras razones, porque sus tareas ministeriales se lo impedían. Nuestra respuesta fue: Si no tienes tiempo para orar, tampoco tendrás tiempo para ser cristiano. Pasado un tiempo nos enteramos de que estaba liderizando con éxito un importante movimiento de oración en su concilio.
Una jornada de oración crucial ha caracterizado algunas avalanchas angustiantes de la gente que ora sólo porque se da cuenta de que no hay otro camino. Recordemos a Esdras: “Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente”. Dios no está interesado en que aprendamos con dolor, pero nos ama tanto, que a veces no le queda otro recurso que vernos pasar por un túnel oscuro para que entendamos lo que en circunstancias normales de la vida no haríamos.




