La pureza es y debe ser la consecuencia natural y obligada de nuestra condición de cristianos. En otras palabras; si no somos santos, tampoco somos cristianos
La santidad ciertamente es un tema muy importante, poco estudiado y menos entendido, porque la cultura cristiana le da más importancia a la doctrina que a la conducta. Es más fácil hablar de visión, liderazgo, guerra espiritual, crecimiento, liberación, adoración, finanzas, etc. La santidad, pues, no aparece como prioritaria en la iglesia de hoy. El Padrenuestro incluye la santidad porque la pureza es y debe ser la consecuencia natural y obligada de nuestra condición de cristianos. En otras palabras; si no somos santos, tampoco somos cristianos. Ser santos es consustancial con la condición de ser cristianos, porque la razón fundamental de la vida cristiana es que seamos transformados. Si alguno está en Cristo, nueva criatura es.
Para entender con propiedad qué es ser santo tenemos que definir el término a la luz de la Biblia, la Palabra de Dios. En el hebreo se usa el vocablo kadosh, que significa puro en el orden físico, moral y espiritual, y separado, puesto aparte o consagrado. En el griego koiné neotestamentario el término usado es hagios, con los mismos significados que en el hebreo.
Es entendido que cuando hablamos de la santidad de Dios nos referimos a una dimensión absoluta y, por lo tanto, perfecta; no así cuando tratamos la santidad de los hombres, pues esta nunca podrá ser absoluta, sino relativa. Nuestra santidad, pues está referida a una decisión unilateral y PERSONAL de separar nuestra vida de los valores perversos del mundo, para agradar a Dios.




