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Un encuentro con Dios, Julio Almedo

Debemos provocar a Dios para que Él tenga un encuentro con nosotros, y esto puede ser a cada instante, teniendo al Hijo en nuestro corazón y con la guía del Espíritu Santo

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Para poder llegar a tener o experimentar un encuentro con Dios debemos primeros conocer quién es Dios por su Palabra. Dios es un ser sobrenatural, un ser trino conformado por el Padre celestial, el Hijo (Jesús) y el Espíritu Santo. Desde el principio Dios creó al hombre para tener relación con él. Adán tenía sus encuentros con Dios, hasta que Adán y Eva pecaron y Dios cortó la relación con ellos. Dios no tiene comunión con el pecado. No la tuvo con Jesús cuando estaba en la cruz, porque Él cargaba nuestros pecados. Y Jesús lo dijo: “Padre porque me has abandonado” (Mateo 27:46).
Adán y Eva, después de pecar, oyeron que Dios venía y se escondieron (Génesis 3:8). A partir de allí, Dios dejó de encontrarse con el hombre. Dios habló con Moisés, pero no registra que veía su rostro. Para esto vino Jesús, para reconciliar a Dios con el hombre y con todo (Colosenses 1:20). Versículos antes la Biblia dice en Colosenses 1:15, NBV: “Cristo es la imagen misma del Dios invisible, y existe desde antes que Dios comenzara la creación”. Cristo es la imagen de Dios, pero Dios es invisible, es espíritu, ¿cómo le podemos ver?
Sólo a través del Hijo podemos llegar al Padre celestial (Efesios 1:7). Podemos conocer al Hijo, por Su Palabra y así llegar a conocer al Padre, pero ¿y el Espíritu Santo? ¿Quiere decir que para tener un encuentro Dios se debe estar en la presencia de los tres al mismo tiempo? Esta pregunta tendría sentido si Dios fuese una persona natural, pero como ya lo escribimos Dios es sobrenatural.
No podemos encajar a Dios en nuestro cerebro finito, Pero Dios nos orienta en Su Palabra qué podemos hacer para tener un encuentro con Él algún día estando en su presencia, y hasta verle la cara algún día.
Dice la Biblia, que para conocer al Hijo no es porque nosotros queramos, sino porque Dios nos ha predestinado desde antes de la fundación del mundo (Romanos 9:11-13, Efesios 1:4). Todos podemos conocer al Hijo, para eso Dios lo envió al mundo (Juan 3:16). Para conocerle debemos primero creer en Él y que Dios le envió, pero es nuestra decisión hacerlo, sólo así, de corazón, es que podemos llegar a tener fe y con ella tener el anhelo de conocerle más y así ser llenos del Espíritu Santo.
Pareciera en la realidad ser un proceso sistemático de un paso a paso natural, pero en la Verdad es muy sobrenatural (así es Dios), lo complicado es si no entregamos nuestra voluntad rendida ante la presencia de Jesús nada sucederá. Jesús es el camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:5-6).
Yo puedo conocer a un país cualquiera, por fotos, internet, comentarios de amistades, pero otra cosa es estar en ese lugar, respirar lo que allí se respira. Nunca será igual conocer o tener a Dios que estar en Él, con Él. Una cosa es conocer a Dios, sabiendo que es principio de la sabiduría es el temor a Dios, pero otra cosa distinta es tener un encuentro con Dios, conocer su propósito en mí y cumplirlo.
Jesús nos promete enviar al Espíritu Santo (Juan 14:15-26) si estamos en Cristo (amar y obedecer a Jesús, Su Palabra, con fe), Cristo estará en nosotros, por medio del Espíritu Santo, aquel que Jesús nos dejó como guía y para darnos consuelo; así como el Padre y el Hijo son uno; al reconocer a Jesús como Hijo de Dios, recibiéndolo como Señor y Salvador de nuestras vidas, entonces Jesús nos entrega al Espíritu Santo y el Padre nos hace hijos de Dios y así podemos llegar a tener un encuentro con Dios, algún día, alabarle y bendecir su nombre, gozándonos de estar en su presencia.
Si fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26), tener un encuentro con Dios no ha de ser tan complicado, el Padre nos da a conocer al Hijo, y el Hijo al Espíritu Santo. El punto no es tener un encuentro con Dios, esto puede que suceda cuando Él quiera, sino provocar a Dios para que Él tenga un encuentro con nosotros, y esto puede ser a cada instante, teniendo al Hijo en nuestro corazón y con la guía del Espíritu Santo.
Con nuestra actitud, palabras, manera de pensar, fe, alabanza, amor al prójimo; podemos provocar la presencia de Dios y llegar a tener un encuentro con Dios. Si Dios es espíritu, podemos tener un encuentro manifestando los frutos del Espíritu, según Gálatas 5:22, obedientemente con fe. El Hijo está a la derecha del Padre intercediendo por nosotros. Si anhelas conocer a Jesús me puedes escribir, contactar a la persona que te compartió este artículo, llamar a esa persona que te habla de Jesús, para orientarte, así como lo hicieron conmigo. También, comparte el artículo con aquella persona que necesite tener un encuentro con Dios, nada es casualidad. ¡Gloria al Señor que vive y reina eternamente! Amén.

Julio Almedo
Informático
lacolumnaveraz@gmail.com

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