Jesús te invita todos los días a que descanses en Él. Pero nos empeñamos en llevar nosotros mismos todas esas cargas
Mateo 11:28 (RVR1960): “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.
Muchos de nosotros no hemos entendido que en Cristo Jesús tenemos el descanso y la paz deseada.
Y andamos por la vida llevando cargas y peso que nos agobian, nos perturban y no nos dejan transitar libres por este mundo.
Jesús te invita todos los días a que descanses en Él. Pero nos empeñamos en llevar nosotros mismos todas esas cargas.
¿No te ha pasado que pese a entregarle tus preocupaciones a Dios te niegas a soltar tu carga?
Suele ocurrirnos esto. Es hora de que sueltes toda esa pesada carga y viajemos ligeros, sin todo ese bagaje y peso que nos impide correr la buena carrera de la fe.
Se cuenta que una vez iba por un camino, bajo un sol abrasador, un pobre hombre que llevaba una carga muy pesada. Justo en ese momento Atinó a pasar por allí un señor en su carreta, y este movido a compasión y misericordia, le ofreció al hombre que iba a pie un lugar en la carreta y llevar el pesado bulto que cargaba.
El hombre aceptó y este emprendió de nuevo su marcha. Al cabo de un rato, el señor que conducía la carreta se volteó y vio al hombre que seguía con la carga a cuestas.
– Pero ¿qué hace amigo? –Preguntó el carretero.
– ¿Por qué no deja la carga en la carreta?
– Me basta poder ir en el carro.
– Contestó el hombre.
– ¿Pero no ve usted que así también continúa llevando la carga? – Respondió él carretero en medio de risas.
– No sea tonto hombre y suéltela que para el caballo es igual y usted descansará.
En muchas ocasiones nosotros nos comportamos de la misma manera. Hacemos exactamente lo mismo, aceptamos que Dios nos ayude, pero no queremos soltar las cargas que llevamos a cuestas.
Tal vez sean errores del pasado, culpas, problemas financieros, familiares, de salud, laborales, económicos o de cualquier índole, pero nos aferremos a esa carga y no permitimos de que Jesús la lleve por nosotros.
Amado, suelta tu carga, no tiene sentido que sigas atormentándote con ese peso que llevas cuando ya hay alguien que te dijo que lo llevaría por ti y te daría descanso.
En lugar de seguir cargando con todo lo que te duele y preocupa sobre tus hombros, descansa en Jesús y disfruta del viaje y del paisaje del camino, confiando en que Él nos llevará a destino seguro; sanos, salvos, y no sólo eso, sino que te bendecirá en gran manera; sólo debes creerle.
¡Suelta tu carga y viaja con el equipaje ligero!
Que tengas un excelente y bendecido.




