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A una oración de distancia, Liliana González de Benítez

¿No te parece maravilloso? Todo lo que deseamos está a una oración de distancia. Y si oras y no ves respuestas inmediatas, no te detengas, sigue orando, hazlo sin cesar

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“Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso; si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti, y hará próspera la morada de tu justicia. Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande” (Job 8:5).
El secreto de una vida próspera y abundante es buscar la presencia del Señor cada madrugada. Salir de nuestras casas sin orar es ir a la batalla desarmado, es despedir a nuestros cónyuges e hijos a su suerte. Cuando empuñamos la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6:17), nos sumergimos en la sangre de Cristo y Él nos reviste de autoridad y poder divino para vencer todos los obstáculos que se interponen diariamente en nuestro camino. Hay una gran diferencia entre las familias que oran y las que se entregan a la eventualidad o al azar. Los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien (Salmo 34:10).
¿Quieres un matrimonio sólido como una roca?, ¡ora! ¿Quieres hijos fuertes, sanos y en victoria?, ¡ora! ¿Quieres prosperidad financiera?, ¡ora! ¿Quieres salud?, ¡ora! ¿Quieres paz espiritual?, ¡ora! Ciertamente Dios se levantará por ti y te bendecirá.
¿No te parece maravilloso? Todo lo que deseamos está a una oración de distancia. Y si oras y no ves respuestas inmediatas, no te detengas, sigue orando, hazlo sin cesar. Daniel oró y ayunó para que Dios liberara a su pueblo del cautiverio. Aunque era un hombre justo y su oración fue escuchada desde el primer momento, la respuesta llegó después de veintiún días, pues fuerzas demoníacas se le oponían (Daniel 10:12-13). Esto significa que la oración tiene poder. Por causa de nuestras oraciones, un ejército de ángeles celestiales lucha con los demonios para hacer cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas.
Orar es amar, servir y adorar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas. Si inicias el hábito de orar con disciplina y perseverancia verás que tu vida será transformada de manera significativa, dejarás de preocuparte de lo intrascendente y comenzarás a ocuparte de lo real y verdadero. Recibirás las promesas del Padre y aquello que parecía imposible vendrá a ti.
Jesús se deleitaba en la presencia del Señor, se apartaba para buscar el rostro de su Padre, el éxito de su ministerio de milagros, señales y prodigios se debe a su tiempo de oración.
Si no sabes orar, comienza pidiéndole a Dios que te enseñe a hacerlo. Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que los enseñara a orar, Él les enseñó el Padre Nuestro.

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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