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Anhelos de un hijo, Julio Almedo

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¿Los padres podemos conocer con claridad los anhelos de nuestros hijos? Esto realmente es muy posible, pues como padres algún día también fuimos hijos. Su actitud ante las dificultades, la muestra de valentía ante los retos, el comportamiento ante la responsabilidad, el temperamento ante los fracasos, la aceptación, la motivación, la obediencia, entre otras manifestaciones; ayudarían de manera eficaz a determinar en gran medida sus deseos.
Aprendamos más de Jesús como Hijo del Hombre (Lucas 9:22) en su Palabra sobre este tema. Siempre nos enseñó que Él venía a hacer la voluntad del Padre (Juan 5:30), a obedecer al Padre (Juan 15:10). Todo lo que hacía era lo que el Padre le decía (Juan 5:19). Nunca se negó a nada. En todo le daba gloria al Padre, Juan 8:54 “Jesús les contestó: —Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no vale nada. Pero el que me glorifica es mi Padre, el mismo que ustedes dicen que es su Dios”. Hasta Padeció en la cruz para demostrar cuanto nos ama el Padre (Juan 3:16). ¡Gracias Señor!
Siendo Hijo fiel y obediente recibió la gloria del Padre, Juan 12:28 “Padre, glorifica tu nombre. Entonces se oyó una voz del cielo, que decía: ‘Ya lo he glorificado, y lo voy a glorificar otra vez’”. Lo obedeció en todo. Honrar a nuestros padres, nos trae larga vida como lo enseña Efesios 6:1-3, “Hijos, obedezcan a sus padres como agrada al Señor, porque esto es justo. El primer mandamiento que contiene una promesa es éste: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra’”. Nuestra fidelidad como hijos es recompensada.
De igual manera, si honramos a nuestros padres espirituales. Aquellos que el Señor nos colocó para guiarnos y crecer en Su Palabra. Cuánto más si honramos a nuestro Padre celestial, no solo salvación y vida eterna, también coherederos de su gracia, según nos enseña el apóstol Pablo en Romanos 8:17 RVA, “Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Como sus hijos debemos de resistir; para esto Él nos ayudará, no estamos solos. Así mismo, ser también resucitados (1ª Corintios 15:42).
Caminar de la mano de Jesús, en una relación innegable y de entrega, guiados por el Espíritu Santo, en fe y obediencia al Padre nos llevará a experimentar su poder sobrenatural; podríamos hasta hacer sus obras e incluso otras mayores (Juan 14:12).  De igual manera, a tener moradas celestiales (Juan 14:2). Solo debemos creer, Marcos 9:23 RVR95, “Jesús le dijo: —Si puedes creer, al que cree todo le es posible”.
Busquemos al Hijo con fe, esperanza y amor, para permanecer conforme a su voluntad, hasta llegar a ser uno solo en Él (Juan 17:21). Así como Jesús nos anhela (Santiago 4:5), nosotros también lo anhelemos a Él para estar delante de nuestro Padre Celestial como hijos, algún día. Señor quiero más de ti y poder estar en tu presencia y clamar “Abba, Padre” (Gálatas 4:6).
Mantengamos una actitud de dependencia al Padre y conoceremos su amor (Juan 14:23). Oramos para que el amor del Padre (su Hijo, Jesús) sea revelado en todo aquel que anhela como hijo creer y gozarse en Su Palabra, para vivir sus maravillas como está escrito en el Libro de Salmos 37:4 RVA-2015, “Deléitate en el Señor y él te concederá los anhelos de tu corazón”, en el nombre de Jesús, amén.

Julio Almedo
Informático

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